17.3.13

La quita a los depositantes y el corralito parcial suponen adentrarse en aguas desconocidas en la eurozona

"El bloqueo de todos los depósitos en los bancos de esta isla mediterránea de solo un millón de habitantes ha sido la principal concesión que Europa y el FMI han arrancado a Nicosia a cambio de un préstamo de 10.000 millones de euros imprescindible para no declararse en bancarrota. 

Una vez más, la UE sale al rescate de la banca: la paradoja es que esa ayuda se destinará en gran parte a sanear los mismos bancos que en los próximos días ejecutarán la expropiación del dinero de los ciudadanos con cuentas en Chipre, ya sean nacionales o extranjeros. Quienes tengan más de 100.000 euros pagarán un gravamen equivalente al 9,99% de sus ahorros; quienes no lleguen a esa cantidad abonarán el 6,75%. (...)

La UE ha evitado hablar de una quita a los depositantes; legalmente, se trata de un impuesto. Pero en el fondo es un recorte puro y duro a los depósitos, que solían ser el producto financiero más seguro: el acuerdo del Eurogrupo no respeta el límite de los 100.000 euros que en teoría cualquier ahorrador europeo tiene asegurado por el Estado. 

Con esa medida, Nicosia recaudará 5.800 millones; una parte del rescate correrá así por cuenta de los ahorradores chipriotas (y rusos, que concentran un 30% de los depósitos), y se aligera la carga de los contribuyentes europeos. (...)

Así ha sido al final, aunque en el fondo de la decisión de hacer pagar a los ahorradores hay que buscar, sobre todo, la sombra de las elecciones alemanas: la canciller Angela Merkel consigue así impedir que nadie en Alemania acuda a la imagen de que el rescate lo paga el carnicero de Stuttgart, en lugar del oligarca ruso que lava su dinero en Chipre.

 Asumida la necesidad de reducir la cuantía de la ayuda, quedaban pocas a posibilidades. Los líderes se negaban a una reestructuración de la deuda y que Grecia pagase parte del desaguisado, a la vista de que la quita decretada en su día para sus bonos abocó a Chipre a la ruina.

 La solución final trata de encontrar un precario equilibrio: mantener a bordo al FMI, conseguir que Rusia se rasque el bolsillo (a través de los depósitos, pero también con la petición de mejorar los plazos de devolución y los intereses asociados a un rescate de 2.500 millones concedido en 2011) y meterle un buen meneo a la economía chipriota y a sus bancos. (...)

Más allá del corralito y del gravamen para los depósitos, el rescate obliga a Nicosia a apretarse el cinturón a lo grande, con el paquete completo: un ajuste draconiano, del 4,5% del PIB, que incluirá recortes del gasto, privatizaciones y alzas de impuestos, además de una quita para la deuda privada de peor calidad. 

Habrá también reformas para impedir que el país siga siendo uno de los lavaderos de dinero negro de Rusia. A Chipre le esperaba ya una larga recesión, que será más profunda.

En Bruselas preocupan otros efectos secundarios del rescate: la quita a los depositantes y el corralito parcial suponen adentrarse en aguas desconocidas en la eurozona. Los mercados decidirán a partir de mañana si se creen esa promesa de estabilidad"       (El País, 17/03/2013)

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