"Se trata de
un fenómeno que aparece recurrentemente en las crisis y de uno de los
peligros más temidos en los momentos de recesión. Implica, a grandes
rasgos, caída de precios y de la demanda. Y algunos de sus ingredientes
se han dado en los últimos meses…
El consumo y
la inversión están bajo mínimos y la inflación de lo que va de año
transita por niveles negativos. En abril, aunque el índice de precios de
consumo interanual era positivo, registró su menor cota desde marzo de
2010.
De hecho, que el índice de precios de consumo descontando los últimos
incrementos de la presión fiscal cayó en mayo un 0,3% en tasa interanual
y retrocedió un 0,6% si se excluyen las subvenciones.
Este indicador
tiene la mayoría de sus componentes en negativo y es el segundo mes
consecutivo con caídas.
La devaluación interna también afecta a los salarios. De esta forma, el
coste laboral de las empresas lleva un año con retrocesos y menguó un
1,4% en el primer trimestre de 2013, según publicó recientemente el
Instituto Nacional de Estadística.
¿Por qué baja la inflación?(
...)
El Banco de España asegura que la previsible moderación
de los precios en 2013 descansa sobre dos tipos de factores: por un
lado, la desaparición del impacto inflacionista transitorio vinculado al
ajuste fiscal y, por otro, la persistencia de un entorno macroeconómico
propicio para la moderación de la inflación.
“Estamos en
un contexto de bajos tipos de interés en el que, sin embargo, la demanda
interna no acaba de tomar impulso en las economías periféricas
europeas. En el caso español es particularmente patente y existe un
esfuerzo por tratar de atraer esa demanda con precios más reducidos”,
indica Santiago Carbó, catedrático de Economía y Finanzas de la Bangor
Business School (Reino Unido).
Así, parece
evidente que la caída de la demanda afecta a los precios. “Si
descontamos de la tasa de inflación la parte de la misma que se debe a
factores exógenos (subidas impositivas, medicamentos y otras medidas
regulatorias) su nivel es muy bajo en comparación con el que había antes
de la crisis”, explica María Jesús Fernández, analista de Coyuntura de
la Fundación de Cajas de Ahorros (Funcas).
Entonces, ¿deflación?
Lo cierto es que la caída continuada de precios tendría una
consecuencias devastadoras para la economía española. Para Jorge
Malfeito, profesor de Economía Aplicada, de la Universidad Rey Juan
Carlos, de Madrid, "un problema de deflación vendría a empeorar las
malas expectativas que ya sufren la economía española y europea,
dificultando la creación de empleo y retrasando de manera alarmante la
salida de la crisis".
Además, haría aumentar el valor real de la deuda,
la tasa de interés real y se entraría en un círculo difícil de salir.
Sin embargo,
esta desaceleración de los precios no es suficiente para sumir a España
en una espiral deflacionista. “No creemos que exista este peligro, ya
que los precios en España son muy rígidos a la baja, lo que puede
deberse en parte a unas insuficientes condiciones competitivas,
especialmente en el sector servicios que no está sometido a competencia
exterior”, dice María Jesús Fernández.
De hecho, la economista indica que “llama la atención que con la caída
de la demanda que se está produciendo, la tasa de inflación no sea más
baja, incluso aunque descontemos el efecto de la subida del IVA y de
otras medidas que se tomaron el año pasado”. (Expansión, 18/06/2013)
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