"¿Cómo han podido comparar científicamente países tan dispares y con condiciones económicas y sociales tan distintas?
Bueno,
en realidad muchas de las evaluaciones comparan naciones muy similares,
como el análisis de la gran crisis asiática que se produjo al reventar
la burbuja puntocom de los años 90. El Fondo Monetario
Internacional impuso durísimos recortes del gasto público a los países
afectados como requisito para darles créditos.
Entre los muchos que
accedieron a reducir drásticamente los programas de protección social,
Tailandia rebajó el gasto de Sanidad en un 15% , recortando el de
prevención del sida a sólo la cuarta parte; eso disparó la propagación
del virus VIH y más que duplicó las tasas de mortalidad por enfermedades
infecciosas , que habían estado reduciéndose hasta entonces. Además,
los índices de pobreza se multiplicaron y el número de suicidios en el
país aumentó un 60%.
En cambio, la vecina Malasia fue la única que
rechazó la asistencia del FMI condicionada al famoso principio de
"canjear dolor a corto plazo por beneficios a largo plazo", y emprendió
programas de estímulo y de ayudas públicas a los más necesitados.
Y no
sólo logró mejorar la salud pública nacional, sino que, de los cuatro
países que hemos examinado, fue el único que en la práctica consiguió
cumplir los objetivos económicos primordiales marcados por el propio
FMI.
En definitiva, las recetas de austeridad sólo convierten las
recesiones en auténticas pandemias de mortandad masiva . Lo que hemos
aprendido es que el verdadero peligro para la salud pública no es la
recesión en sí misma, sino la austeridad.
¿También en Europa?
Grecia, obligada a aplicar los implacables recortes exigidos por la
Troika [FMI, Comisión Europea y Banco Central Europeo], está hundida en
un desastre de salud pública. Fue forzada a reducir su presupuesto
sanitario en un 40% y recortó drásticamente los programas de prevención
del sida.
Con el desempleo desbocado y un aumento del 25% del número de
personas sin hogar, con la población desesperada y cayendo en la
drogadicción, esos recortes han incrementado el número de seropositivos
en más del 200%, convirtiendo a Grecia en un epicentro de la extensión
del sida por Europa .
Otro ejemplo griego: estalló una epidemia
de malaria a causa de la interrupción de los programas de fumigación
contra las plagas de mosquitos y combatirla fue muchísimo más costoso
que lo que se había ahorrado con los modestos recortes en pesticidas.
Otro más: ante los recortes, la farmacéutica Novo Nordisk se retiró del
país y no sólo se perdieron puestos de trabajo, sino que 50.000
diabéticos griegos se quedaron sin insulina .
El acceso de la
población a la sanidad pública se ha reducido considerablemente en
Grecia, y la mayor parte de los que se han quedado sin atención
sanitaria son pensionistas que han contribuido al sistema de seguridad
social durante toda su vida laboral .
El Gobierno griego, al plegarse a
las imposiciones de austeridad de la Troika, ha convertido una crisis
económica en una catástrofe de salud pública. Y de seguridad: entre 2010
y 2011, el número de homicidios se duplicó. Todo ello previsible en un
país donde está en paro el 62% de los jóvenes menores de 25 años.
Estos
son sólo algunos de los efectos de la austeridad comprobados en Grecia,
pero están también reflejados en España, Italia o Portugal.
¿Qué perjuicios para la salud pública causados por medidas de austeridad han podido comprobar en España?
Según
nuestros cálculos, unas 180.000 personas han perdido el acceso a la
atención sanitaria preventiva en España como consecuencia de los
recortes presupuestarios, que han puesto en la calle a 280.000 empleados
del sector público y han dejado sin ingreso ninguno a unos 600.000
españoles.
El conjunto de las medidas de restricciones, copagos y
eliminación de subsidios hace que los asalariados españoles deban pagar
hoy un 60% más que antes por los medicamentos.
En noviembre pasado
estuve en Barcelona, invitado por los responsables de la Agencia de
Salud Pública catalana que estaban alarmados por sus propias
estadísticas: los niños estaban sufriendo la crisis aún más que los
adultos y había aumentado en un 3% el número de los que vivían por
debajo del umbral de la pobreza, alcanzado el 23% de todos los menores
de Catalunya .
Además, la crisis había causado un incremento del 20% en
el número de personas con síntomas de depresión grave, igual que se
estaban multiplicando los índices de ansiedad y de alcoholismo. Pero en
ese momento de máxima presión sobre el sistema de atención sanitaria
pública, los objetivos de reducción del déficit impuestos por el
Gobierno de Rajoy a la Generalitat obligaba a los hospitales de Cataluña
a cerrar servicios, reducir la jornada de médicos y enfermeros...
En
España, igual que en los demás países, las políticas económicas y
sociales tienen más incidencia en que unos vivan y otros mueran que
cualquier fármaco, cualquier operación quirúrgica o cualquier seguro
médico. Invertir en salud pública es sabio en tiempos de vacas gordas,
pero se convierte en una necesidad imperiosa en tiempos de vacas flacas.
¿Cómo
se pueden comparar los efectos de la austeridad o el estímulo económico
entre sociedades tan distintas como las del sur y las del norte de
Europa?
Es que también hemos comparado regiones y países en
el tiempo, su evolución desde el principio de la recesión, e incluso
antes, para controlar las situaciones sanitarias previas de la
población, su salud mental, sus niveles de alcoholismo, etc. Hemos comparado áreas que afrontaban el mismo nivel de shock económico pero aplicaban diferentes respuestas políticas.
Y hemos comprobado que las recesiones no desencadenan automáticamente
un aumento de los suicidios, el alcoholismo, los infartos debidos a
estrés y otras causas principales de fallecimiento, sino que la espoleta
de que esos índices se disparen es una y otra vez la imposición de
medidas de austeridad. (...)
¿No saben los economistas del FMI que sus recetas siempre abocan a
la ruina, además de a grandes pérdidas de vidas humanas, a sus pacientes nacionales?
¡Tendrían
que saberlo! Al final, siempre acaban pidiendo perdón a las víctimas de
la austeridad y a los que se negaron a obedecerles. Hasta 2012, el
FMI no se disculpó formalmente con Tailandia, pero sus responsables ya
están reconociendo ahora sus errores sobre Europa. ¡Acaban de darse
cuenta de que los efectos de sus recetas de austeridad han sido
nefastos, cuando les había ocurrido exactamente igual diez años antes! (...)
¿Qué cifras han podido verificar sobre las víctimas mortales causadas por las actuales medidas de austeridad económica?
Hemos
documentado una pauta habitual, tanto en Europa como en EEUU, de
aumento de los suicidios como consecuencia de las medidas económicas de
austeridad, pues en realidad ese fenómeno se estaba reduciendo
consistentemente en todos los países hasta que, con la crisis, se
adoptaron medidas políticas drásticas.
En total, nuestros cálculos
ascienden a más de 10.000 suicidios adicionales y hasta un millón más de
casos de depresión, algo no desdeñable.
En España, entre 2007 y 2010 se suicidaron unos 400 varones más de lo previsto antes de los recortes, despidos y desahucios,
pero no tenemos datos más recientes porque no los proporciona la
administración española, mientras que en EEUU, Reino Unido y otros
países europeos ya contamos con los datos oficiales hasta el 2012,
incluido.
En cualquier caso, en casi todos los países que aplican
políticas de austeridad hay un claro intento de ocultación estadística
de las cifras de suicidios relacionados con la situación provocada por
esos recortes. Por ejemplo, en Reino Unido los datos sólo se ofrecen en
promedios de series de tres años, algo que suaviza los picos de las
curvas estadísticas. Sin embargo, queda claro que en EEUU y en Reino
Unido ha habido 4.750 y 1.000 suicidios adicionales, respectivamente,
durante la actual recesión.
En Estados Unidos, los suicidios son causa ya de más muertes que los accidentes de tráfico,
tras aumentar vertiginosamente en la última década: un 30% entre los
adultos y un 50% más entre los varones cincuentones, que son los que
padecen más estrés cuando se quedan en el paro tras una larga vida
activa y descubren que han sido marginados para siempre del mercado
laboral.
¿El desempleo masivo es, pues, un fenómeno que causa muertes?
Sin ninguna duda. En nuestra investigación hemos descubierto que los índices de suicidio se disparan paralelamente a los de desempleo,
pues multiplican las tasas de depresión a nivel nacional. Hemos
determinado que un tercio de los que pierden su puesto de trabajo
padecen depresión poco después. Y no hay que olvidar que por cada
suicidio consumado se producen otros diez frustrados, que dejan a la
víctima con vida pero padeciendo graves secuelas físicas o psicológicas.
Los gobiernos que imponen austeridad a ultranza no hacen frente al desempleo como la mortífera pandemia que en realidad es,
mientras que los que optan por invertir en la asistencia a los parados
durante las recesiones, como hicieron Suecia y Finlandia, no sólo logran
reducir la tasa de suicidios sino que acaban por ahorrar más en sanidad
pública de lo que han costado los programas de auxilio social y ayuda
laboral a los desempleados. (...)
¿Invertir más en Sanidad pública, en vez de recortar ese gasto, es rentable?
¡Por supuesto! Sale muy caro ahorrar en salud pública, como se ha demostrado una y otra vez. La austeridad sanitaria es el más falso de los ahorros.
Eso lo aprendieron de la forma más trágica las autoridades de Nueva
York al principio de los años 90, cuando recortaron 120 millones de
dólares en programas de prevención de la tuberculosis y estalló un brote
resistente a los antibióticos que costó más de 1.200 millones
controlar.
Hemos descubierto que invertir apropiadamente en sanidad pública suele tener una rentabilidad de tres dólares por cada uno que se invierte.
También
se podrían haber evitado muchas muertes por enfermedad con medidas para
evitar los desahucios y el aumento del número de los sintecho. Las viviendas públicas y los subsidios a la vivienda son la mejor medicina para contrarrestar los riesgos de salud que padecen las personas sin hogar y que acaban teniendo un coste para las arcas públicas muy superior a los ahorros que imponen las políticas de austeridad.
Porque la recesión hace mucho daño, pero la austeridad mata." (Carlos Enrique Bayo, Público.es, Rebelión, 23/06/2013)
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