"Pero empecemos por el humo, o sea por el
caso Messi. Los hechos son bastante sencillos. Se le acusa de regatear a
Hacienda los ingresos que obtuvo por derechos de imagen entre 2007 y
2009. No se trata de una ganancia menor, sino del principal ingreso de
la mayor estrella del planeta fútbol: cada año cobra 15 millones de
euros del Barça mientras obtiene 21 por contratos comerciales, desde
natillas a calzoncillos.
La Fiscalía afirma que este dinero fue cedido a
una red de empresas con sede en paraísos fiscales idóneo para este tipo
de rentas, como Belice y Uruguay.
Sin embargo, la primera sorpresa llega cuando su club afirma, y los
expertos confirman, que se trata de una práctica absolutamente
generalizada entre los futbolistas top. Sandro Rosell, presidente del
Barcelona, asegura que esto lo hace «el 95%». Desde instancias
judiciales se añade que efectivamente la investigación tiene carácter
general y alcanza a muchos jugadores del Barcelona y el Real Madrid.
No
parece casualidad que la Fiscalía haya decidido comenzar con la figura
que más se ve, la punta de la pirámide, pero se queda la duda de si ha
escogido a Messi como mero señuelo para lavar su propia imagen o si es
realmente el inicio de una limpia en toda regla. «La Ley es igual para
todos, incluso para el número uno», dice el ministro de Educación, José
Ignacio Wert.
La segunda sorpresa llega cuando, parafraseando a Wert, se comprueba
que esa misma ley tiene muchas trampas. Así, desde entornos de la
Fiscalía se avanza que otros jugadores investigados -como los
madridistas Cristiano Ronaldo, Kaká y Benzema- nunca podrán ser
acusados, ya que no tienen residencia en el Estado español pese a llevar
varios años jugando la Liga. La única diferencia con Messi estriba por
tanto en que este arribó a los 12 años a La Masía y se domicilió en
Gavá.
Esto da pie a hablar de los denominados
«galácticos», y a recordar cómo fue el Estado, y curiosamente un
gobierno del PSOE y no del PP, quien cambió la norma fiscal para
abrirles toda las puertas mediante un régimen fiscal ad hoc. Se aprobó
en pleno verano y en plena campaña de fichajes, el 30 de julio de 2005.
Establecía que los extranjeros que se mudaran al Estado español a
trabajar tributarían como «no residentes», y en consecuencia a un tipo
general fijo del 24% y no del 43% que correspondía a las rentas más
altas. El decreto rápidamente se bautizó como Ley Beckham, porque la
megaestrella inglesa fue la primera en acogerse al sistema.
Hay que matizar que este tipo de exenciones no solo y siempre
benefician a los jugadores, ya que en ciertos fichajes es el club el que
asume el coste de los impuestos que deben abonar. Por tanto, el efecto
real de la Ley Beckham fue abaratar las contrataciones de los mejores
jugadores del fútbol y convertir el campeonato estatal en la denominada
«ley de las estrellas».
Lo sigue siendo: los seis finalistas de las dos
últimas ediciones del Balón de Oro que escoge al mejor jugador del mundo
pertenecen a Barça y Madrid. Pero sería más ajustado a la realidad
referirse a ello como «paraíso fiscal de las estrellas» o como «la Liga
de la burbuja». Detrás de esa cúpula dorada cada vez hay menos base.
Este verano se acelera la fuga a otras ligas más saneadas de jugadores
de alto nivel (en el caso vasco, tras marcharse Javi Martínez, Monreal y
Azpilicueta quien emigra ahora es Fernando Llorente) o bien de la
llamada «clase media» (Amorebieta es un buen exponente, pero hay otros
como los béticos Adrián y Cañas, el celtiña Yago Aspas...)
Solo los grandes clubes se benefician de la
Ley Beckham, pero prácticamente todos se han aprovechado de la laxitud
de la Hacienda. Empecemos hablando de la estatal. En 2012, el total de
deuda acumulada de los clubes estatales con el fisco ascendía a 752
millones de euros (es decir, casi 200 veces más que lo reclamado a
Messi). Los últimos datos conocidos apuntan que por vez primera este
caballo desbocado empieza a frenar: la cifra habría bajado a 690
millones (un 8%) en este ejercicio.
El ránking de morosos con Hacienda está liderado por el Atlético de
Madrid, a quien se atribuía el pasado año una deuda de 120 millones. El
segundo era el Deportivo, con 90 millones, ahora ya en situación crítica
tras el descenso a Segunda. Si se recuerdan algunas cosas, se entiende
todo mejor.
Hace una década el Deportivo pagó 17 millones de euros al
Espanyol por un centrocampista del montón, Sergio. Y en 2011, el
Atlético se gastó 40 millones en un capricho, Falcao, que solo le ha
durado dos temporadas.
Los clubes han dejado engordar esta bola. La dinámica de incremento
del gasto se justifica aludiendo a la necesidad de mantener el nivel
competitivo: el ejemplo más claro es el Zaragoza, que cambió casi media
plantilla en enero de 2012 ante el riesgo de descenso y pese a
encontrarse en Ley Concursal. Pero parece evidente también que los
clubes confiaban en que, una vez llegados al precipicio, el Estado
acometería un tercer rescate al fútbol, tras los sucesivos de 1986 y
1992.
Aun sin menospreciar la capacidad de los gobiernos de tropezar
varias veces en la misma piedra, resulta impensable que en la actual
situación social eso vaya a producirse. De hecho, ha sido también Wert
quien ha sentenciado que «esta vez las deudas del fútbol se las va a
pagar el fútbol». (...)
¿Tiene visos de solución esto, o el caso
Messi es un mero intento de desviar la atención? Hará falta tiempo para
saberlo, pero por un lado los precedentes no son halagüeños y por otro
el nivel acumulado de deuda no resulta fácil de reducir.
El primero que debiera mover ficha es el propio fútbol. La Liga de
Fútbol Profesional (LFP) acaba de aprobar un reglamento que entrará en
vigor en 2013-2014 y que según algunos titulares de prensa supondrá que
«quien tenga deudas no podrá fichar». La realidad es mucho más
matizable. Lo que teóricamente se impedirá es tramitar las
contrataciones de los clubes que en el año anterior hayan incrementado
su deuda.
Es decir, en el mejor de los casos servirá para que no siga
creciendo, pero ¿qué pasa con la actual? Y, por otro lado, también aquí
la trampa corre más que la ley. Los clubes están recurriendo a un
artificio consistente en fichar futbolistas a través de fondos de
inversión, de modo que los jugadores sean en realidad propiedad de una
nebulosa financiera y no de un club concreto con sede y responsables." (Ramón Sola, Gara, Rebelión,19/06/2013)
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