21.6.13

Mientras no se reactive con normalidad el crédito es una quimera pensar que vamos a empezar a reactivar la vida económica y la creación de empleo, ¿cómo crear una institución de crédito andaluz?

"El antiguo presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, que no creo que sea,ni mucho menos, una persona extremista o dada a palabras fáciles, alguien, por elcontrario, acostumbrado a moderar lo que dice, reconoció en septiembre de 2009 que los sistemas bancarios de Estados Unidos e Inglaterra estaban quebrados.
No hace falta que yo les explique a ustedes lo que eso significa, que un ex presidentede la Reserva Federal simple y llanamente diga que el sistema bancario de Estados Unidos y el de Inglaterra están quebrados. Siendo así, era inevitable que el créditose cerrara.
Y sin crédito, saben ustedes también perfectamente, es imposible que puedan funcionar las empresas, sin las cuales, también lo saben igualmente, es imposible que se pueda crear actividad y se pueda crear empleo. Y a partir de ahí derivaron la crisis económica en cadena y, finalmente, la crisis soberana.
Pero la consecuencia inmediata de reconocer a la extraordinaria perturbación financiera como causa de la crisis, causa por lo menos inmediata —no así las inmediatas, que no son objeto de análisis en esta ocasión—, la principal consecuencia de ese reconocimiento es, a mi modo de ver, pues entender que si no se resuelve la perturbación financiera será materialmente imposible que podamos salir de la crisis.
Mientras no se reactive con normalidad el crédito es una quimera pensar que vamos  a empezar a reactivar la vida económica y la creación de empleo, porque el crédito, la financiación, es como la sangre a un organismo vivo. Y, por lo tanto, la economía sin crédito y sin financiación es imposible que funcione.
Y me gustaría, en primer lugar, trasladarles que, al menos en mi modestísima opinión, la situación de la banca internacional, pero también, por lo tanto, de la banca española es mucho peor de lo que se suele afirmar, entre otras cosas, porque las autoridades, casi de manera inmediata a que la crisis se desencadenara, como seguramente ustedes saben, lo primero que hicieron fue aprobar cambios en la normativa contable que permitieran que las empresas bancarias, que las entidades bancarias, valorasen a precio de adquisición y no a precio de mercado sus activos.

 Lo cual significa que la expresión patrimonial que todavía estamos contemplando de las entidades bancarias no es ni mucho menos la real.
El catedrático de Contabilidad de Barcelona, el profesor Oriol Amat, dice que eso fue..., lo calificó como una mentira piadosa. Piadosa puede ser que fuera, pero mentira desde luego que lo es, y está engañando a los sujetos económicos, a las autoridades y al conjunto de los operadores financieros.
 Prueba de ello es, como también ustedes saben perfectamente, que se han producido quiebras multimillonarias de bancos, meses después, a veces incluso semanas después de que esos mismos bancos hubieran pasado test de solvencia financiera. Claro, test que estaban ajustados a esa normativa contable que, de ninguna manera, refleja la verdadera situación patrimonial de la banca.
Esto es muy importante tenerlo en cuenta, porque, si creemos que la situación patrimonial de la banca es la que aparentemente se nos puede hacer creer que es, podemos generar una situación de optimismo que, más pronto que tarde, va a manifestarse como completamente inútil, porque no va a ser real, porque es irrealista. 

Por lo tanto, al menos como les digo, en mi muy modestísima opinión, me parece
muy ingenuo creer que está pronto a recuperarse el crédito.(...)

Y tampoco creo que sea necesario que yo les diga a ustedes que esta situación
es aún más dificultosa en España, por la sencilla razón de que a la crisis financiera internacional, y por lo tanto a la demanda de crédito insatisfecha que sigue habiendo en prácticamente todas las economías, o por lo menos en las economías más parangonables a la nuestra, se añade que nuestro modelo productivo tocó techo, que la crisis financiera internacional se ha solapado con una crisis del modelo productivo.
 Y que es también ingenuo creer que vamos a poder salir de la crisis, como algunos agentes, yo creo que con muy poca credibilidad, manifiestan, simplemente reforzando de nuevo el motor inmobiliario. Yo creo que si bien es verdad que ahí hay todavía recursos que hay que utilizar y un potencial que con otra orientación habrá que servirse de él.
 Lo que más cierto me parece, sin embargo, es que resultará ineludible, salvo que queramos convertir a nuestra economía, a nuestra sociedad, en un páramo, o en un campo deportivo, o con unas instalaciones de ocio para los turistas, pues que modifiquemos de alguna forma nuestro aparato productivo.
Claro, eso requiere, como digo, una demanda adicional de crédito. Es decir, nos requiere que las entidades financieras estén mucho más fuertes y que estén en mayores condiciones aún que al principio de la crisis, en las que, al fin y al cabo, era fácil el negocio bancario porque se trataba de financiar pelotazos, pues que estén prestas y dispuestas a financiar una manera distinta de producir y de consumir en nuestra economía. 
Pues bien, ¿cómo se puede reactivar el crédito, cómo podemos hacer en un entorno aparentemente..., bueno, no solo aparentemente, sino, en mi modesta opinión,
realmente tan negativo, tan difícil? Es, sin duda, la pregunta crucial.   (...)

¿Cómo esperar que emprendedores, empresarios, reactiven sus negocios cuando
el crédito ronda entre el 8 y el 11%; cuando un descubierto bancario cuesta un 29 o un 30%? ¿Qué esperar que les ocurra a empresas, que día a día están recibiendo ofertas de las entidades bancarias para que, en ausencia de otro tipo de crédito, se financien con tarjetas de crédito al 25 o al 30%?
 ¿Qué pequeña y mediana empresa puede salir adelante así? Es imposible. Y esa es la situación a la que se enfrentan hoy día pequeñas y medianas empresas sobre todo, pero también incluso grandes empresas, no de las de la cúspide de nuestra estructura empresarial. Y no solamente eso, es que, cuando tienen acceso al crédito, las garantías se las piden al ciento por ciento.
Es decir, un emprendedor, un pequeño empresario que trata de acceder a un crédito tiene que pensar ya en disponer, pues prácticamente de un 25, un 30% del capital necesario por su cuenta para poder hacer frente a la completa garantía que le pide un banco para concederle un crédito. Es imposible. (...)

Frente a eso solo caben dos posibilidades: o una regulación muy profunda del
mercado internacional, de las relaciones internacionales..., quizás simplemente en
la línea que los líderes del G20 propusieron en la reunión de Londres, cuando se comprometieron a darle la vuelva al calcetín y hacer que la economía internacional, y particularmente las relaciones internacionales, funcionaran de otra manera; compromiso que, en casi su total amplitud, ha sido olvidado y que no se ha llevado a cabo.(...)
 
La segunda opción es disponer, en este entorno, de un nuevo tipo de entidades
financieras que, a contracorriente, lleven a cabo una práctica financiera distinta.(...)
 Pero igualmente les digo que, desde un punto de vista pragmático, entre esperar a que las autoridades mundiales se pongan de acuerdo y haya los contrapesos políticos suficientes para que se llegue a una reforma profunda de las relaciones internacionales, pues me parece mucho más pragmático recurrir a la segunda vía, que es poner en marcha entidades financieras comprometidas con un uso distinto de los recursos y que se pongan a la tarea de financiar la actividad productiva.
Tan pragmática es esa solución que los países que, en los últimos años, han tenido bancas públicas, comprometidas con este tipo de uso de los recursos financieros, son los que han sorteado de mucha mejor manera la crisis y los que están ahora manteniendo, como mucha mayor fuerza, con mucha más potencia, su estructura empresarial, su inversión y su capacidad de crear empleo.  (...)

En Estados Unidos la experiencia de la banca pública indica que, en contra de lo
que se dice, es una banca que colabora y encuentra sinergias con la privada; que no está politizada, en el mal sentido que tiene el término entre nosotros, e incluso que puede ser una fuente de financiación para los gobiernos.
Y la experiencia española —no voy a entrar en ella, yo creo que es bien conocida—indica que, salvando algunos casos, en cualquier medida, en mucha menor importancia y gravedad que los que ha habido en la banca privada, pues ha tenido una contribución decisiva al desarrollo en épocas muy diferentes en nuestra historia. (...)
 Se podría crear un banco, una caja de ahorros o una gran cooperativa de crédito
que, al hacer ese tipo de actividades, pudiera recurrir a la liquidez del Banco Central Europeo. Yo creo que no hay ninguna limitación a eso. El Estado francés se dispone a poner en marcha un banco de inversiones, ¿por qué no nosotros?
Más bien, en mi modestísima opinión, creo que nos enfrentamos a problemas de
naturaleza política, de credibilidad. Déjenme ustedes que se lo diga con toda franqueza: yo creo que la sociedad no entendería que partidos políticos que han estado gobernando entidades públicas de crédito y que han sido..., han estado presentes en la voladura controlada, o descontrolada, de las cajas de ahorro. (...)
 
Una entidad pública de crédito que no podría ser una reproducción de las entidades de crédito que han traído una crisis de la envergadura de la crisis en la que estamos. Yo creo que tendría que ser una entidad de nueva forma, de nuevo tipo, de nueva manera de actuar. Debe ser una entidad principalmente orientada hacia fines específicos, no una entidad de carácter generalista. (...)

Creo que, en principio, debería estar orientada, principalmente, a operar con empresas o, en todo caso, con emprendedores. No creo que, al menos en una primera instancia, fuera bueno hacer una entidad pública destinada al público en general, porque dificultaría enormemente la gestión y, además, supongo que iba a multiplicar los costes fijos —desgraciadamente, por cierto—. (...)

En este país, sin mayor explicación a la sociedad, se ha desperdiciado una ocasión de oro, como la de convertir en banco postal a Correos, algo que no se ha hecho por... Bueno, iba a decir una expresión que supongo que en esta casa no es del todo correcta, pero que no se ha hecho habiendo podido hacerse, porque, si no recuerdo mal, en Francia, en Alemania, creo que también en Austria, hay bancos postales, que funcionan perfectamente.
 De hecho, las oficinas de correos están, un poquito de forma indirecta, vinculadas a una entidad bancaria alemana. Desgraciadamente, se ha desaprovechado la oportunidad de tener un instrumento financiero que hubiera permitido estar financiandooy día a pequeñas y medianas empresas, que hubiera permitido estar poniendo a disposición de los empresarios, de los creadores de riqueza, dinero a bajo coste, y que hubiera permitido, a medio plazo, quizás no perder miles de puestos de trabajo, que es muy posible que se pierdan. Por cierto, creo que también en Estados Unidos hay bancos postales. (...)

Fíjense ustedes, en el banco público de Dakota del Norte, en Estados Unidos, publica on line todas y cada una de las operaciones que realiza. Se pueden comprobar, a quién las hace, cómo las hace. Incluso, es interesante, uno de los órganos directivos del banco es elegido directamente por la ciudadanía. Y, además, debería ser una entidad pública, desde el principio, vinculada con el mundo empresarial, en estrecha alianza con la economía social y el mundo empresarial."              (COMISIÓN DE HACIENDA Y ADMINISTRACIÓN PÚBLICAGRUPO DE TRABAJO SOBRE CREACIÓN DE UN INSTITUTO PÚBLICO DE CRÉDITO ANDALUZ)
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