"¿Se puede decir ya que el proyecto de la UE es un fracaso?
Sí.
La UE era un proyecto de cohesión social para crear un bloque nuevo y
fuerte; un bloque económico, político y social, con políticas de
cohesión muy importantes. La UE se concibió con dos ideas muy potentes:
la de no volver a las guerras mundiales, provocadas ambas por el mismo
país, y la de eliminar las periferias que existían desde el siglo XV:
los países nórdicos, el sur de Europa (Portugal, España e Italia), el
sureste (Balcanes y Grecia) y el este europeo.
El proyecto
europeo iba a poner fin a esas periferias, con políticas muy importantes
de fondos estructurales que pretendían uniformar la riqueza en Europa.
En este sentido, el proyecto fracasó, pero es que muchos de nosotros ya
sospechábamos que esto podía pasar, porque la existencia de las
periferias era demasiado larga.
Sin embargo, en los primeros años de la
integración europea parecía que la UE resultaba: por ejemplo, en
Portugal, la renta media alcanzó el 75% de la europea en 2000; sin duda
nos aproximábamos y, de pronto, todo el proceso quebró y los países ex
periféricos vuelven a ser tratados como tales.
Desde entonces, la lógica
colectiva de construcción social, económica y política ha pasado a ser
una dinámica de centro-periferia que dominó sobre todas las otra
lógicas. Una lógica, además, en la que el centro ni siquiera es la
Comisión Europea, sino Alemania.
La UE debe reinventarse, hay que reinventarla. De lo contrario, el futuro en Europa se presenta muy negro.
¿Y el proyecto del euro? ¿En qué punto está?
La
pregunta sobre el proyecto del euro no es si fracasó o no, sino qué es
lo que se pretendía con él. Y en este caso, existió la trampa desde el
inicio, porque el euro fue una de las formas en que el neoliberalismo
internacional penetró en Europa, que hasta entonces, era el bastión de
defensa del Estado social; el único donde el neoliberalismo no había
entrado gracias a que los países tenían partidos socialistas y -también a
veces en la oposición- partidos comunistas, ambos muy fuertes. (...)
Mediante la construcción neoliberal del euro y el BCE, el país dominante
desde entonces -Alemania- ha puesto sus reglas y la moneda es definida
en su valor internacional de acuerdo a los intereses económicos de
Alemania, y no a los intereses de Portugal o España, por ejemplo.
A los
países del sur, increíblemente, nunca se les ocurrió la idea de que
pudiera ocurrir esto, porque se creyeron lo de que estaban en un bloque
político y económico, en donde no había deuda griega o española o
portuguesa, sino que existía la cohesión y nunca habría especulación.
Sin embargo, debido a los intereses de sus bancos, Alemania decidió que
sí habría deuda griega, irlandesa, portuguesa o española, con lo que
hizo a estos países muy débiles, sin que Europa les diese garantías y
promoviendo la especulación financiera al transmitir la idea de que
estos países sólo encontrarían la solución después de una intervención
brutal. (...)
Todo está organizado para que nada cambie hasta las elecciones alemanas,
por lo que Italia, Grecia, Portugal o España deben esperar y lo hacen,
digo yo siempre, con una democracia suspendida.(...)
Los gobiernos no van a hacer nada, porque como digo, son completamente
dependientes del mandato alemán. Y aunque la gente rechaza esto, no lo
hace de una manera fuerte y articulada." (Entrevista a Boaventura de Sousa Santos, Público, 15/06/2013)
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