"Entre los costes morales de la crisis, ninguno más insoportable que
el incremento de las desigualdades en la UE. Entre los Estados miembros y
dentro de ellos. El manejo de la recesión impuesto por la hegemonía
conservadora ha dividido a los europeos hasta amenazar un proyecto que,
hasta hace poco, se explicaba a sí mismo como la historia de un éxito.
La brecha más elocuente no es hoy la que enfrenta al norte contra el
sur, ni al centro contra la periferia; ni siquiera a los acreedores
contra los endeudados; sino la que, socialmente, enfrenta a los
ganadores que pescan en el río revuelto contra los perdedores, que son
muchísimos más.
Tan impactante apoteosis de la desigualdad es contraria a la razón de
ser de la integración europea. Su motor fue, en origen, un pacto social
de rentas —interpersonal, interterritorial e intergeneracional— de
aliento supranacional.
El espectro de la desigualdad recorre Europa. La confrontación entre las
opiniones públicas de los Estados miembros, más desunidos que nunca
ante la adversidad, bulle en un caldo de cultivo de tentaciones
reaccionarias, rebrotes identitarios y pulsiones nacionalistas
alternadas con señales de integrismo religioso.
Prejuicios largamente
larvados desatan el señalamiento de chivos expiatorios y la
estigmatización del diferente o del otro: los exabruptos racistas de un
eurodiputado extremista contra la ministra italiana de Integración
reclaman que el discurso del odio sea penalizado en toda la UE. ¡Y el
Parlamento Europeo es ahora el legislador para ello! (...)
Pero en España esta secuencia raya la exasperación. El relanzamiento
aquí de viejas desigualdades viene acompañado de una apología narrativa
que exhibe toda su crudeza:
El amedrentamiento ante la pérdida de empleo
es instrumentalizado para encubrir atropellos al principio de igualdad
como la amnistía fiscal, la represión salarial para abaratar el despido y
las privatizaciones en sanidad, educación, seguridad y justicia. Las
tasas contra el acceso a la tutela judicial imponen un canon fast track
para los pudientes y un callejón de indefensión para todos los demás.
El paro masivo golpea más a las mujeres y espolea la indignación entre
millones de jóvenes a los que se condena a emigrar o a no alcanzar en su
vida pensiones como sus abuelos.
Algunas advertencias son claras y para leerlas no es preciso chequear
el índice de Gini. Como con la libertad, la lucha por la igualdad nunca
se da por acabada. Ese combate es un proceso, no una conquista. Los
avances en las oportunidades no duran sin más para siempre, ni se
sostienen por sí solos, indefinidamente.
Su reversibilidad es una
amenaza verosímil, un riesgo constante. Cada consecución debe ser
peleada para garantizarla, preservarla hacia el futuro y defenderla ante
las muchas reinvenciones de la desigualdad.
Exactamente por ello esa razón social de Europa se encuentra en juego más que nunca." (
Juan F. López Aguilar , El País, 18 JUL 2013 )
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