"Usted dice estar desilusionado. ¿La sensación entre los griegos es la misma?
Sí. Están desanimados, desilusionados y sin esperanza.
¿Qué se ha hecho mal en Grecia en estos últimos años para llegar a esta situación?
Lo primero es que se siguen mirando las cifras, pero no a las personas
y, sin embargo, quienes sufren son las personas. Son ellas las que están
reaccionando y tengo miedo de estas reacciones. Lo segundo es que
siempre se ha mentido a la gente, de tal manera que se le ha metido en
una crisis para la cual no estaban ni avisados ni preparados, y se
utilizó la mentira desde el principio diciendo que no pasaba nada. Esto
fue lo que destruyó la resistencia.
Dice que tiene miedo de las reacciones de la gente. ¿Cuáles pueden ser?
Una reacción es el partido nazi, Amanecer Dorado, que en estos momentos
es la tercera fuerza política en Grecia. Es una reacción porque no todo
el mundo que vota por ellos son neonazis. Y ojo, porque en el sur
siempre se tiene la tendencia a reaccionar fuera del sistema. Es lo
mismo que ha sucedido en Italia con Beppe Grillo. Es una reacción
enfermiza, pero simplemente eso.
¿Reacciones potenciadas por la política que ha impuesto Alemania?
Por supuesto. Es una situación en la que la política solo piensa en la
economía y nada más. Desde hace cuatro años solo hablan los economistas.
¿Y dónde están los políticos? En cualquier caso, es lo mismo porque
cuando hablan solo lo hacen de economía. ¿Dónde están los intelectuales y
artista que tienen la obligación de hablar a la gente y hacer que la
gente entienda? Este es uno de los grandes problemas. (...)
Los resultados de las
últimas elecciones en Grecia mostraron una fuerte desafección política.
¿A qué nos puede llevar? Cuando en otras épocas ha surgido esta
desafección han surgido grandes problemas en Europa.
La clase política griega ha perdido cualquier posibilidad de convencer a
la gente. Digan lo que digan, la reacción de la gente siempre es la
misma: los políticos mienten. Pero necesitamos una clase política porque
sin ella no podemos salir de la crisis. Es un recurso fácil decir que
no necesitamos a los políticos y además no es cierto. La única forma que
tenemos no es ignorarlos en absoluto, sino hacer presión sobre ellos. (...)
¿Por qué ha desaparecido la izquierda? ¿Cuál ha sido el error?
El gran error fue en que se convirtió en un partido del sistema. Piensa
como el sistema. Y señalar algunas diferencias en su política no
significa que pueda ejercer una presión sobre el sistema. En España ha
ocurrido lo mismo. Si ustedes tienen una fuerza de izquierdas que ha
formado parte del Gobierno, poca presión puede hacer sobre el Gobierno.
La izquierda siempre fue una fuerza que trabajaba por un programa y que
ejercía presión para conseguir ese programa, pero ahora esa presión no
existe.
¿La solución para la izquierda son partidos como Syriza?
No, porque Syriza dice cada día una cosa distinta y lo que quiere en
realidad es hacerse cargo del Gobierno. Mi pregunta es ¿para qué?, ya
que no tienen ningún programa que permita al país salir de la crisis.
Entonces, ¿usted qué propone para la izquierda?
Esa es una buena pregunta, pero los escritores tenemos una ventaja:
planteamos preguntas sin necesidad de tener respuestas. En cualquier
caso, la respuesta sería la lucha de la clase política, pero es que
ellos tampoco saben muy bien por dónde tienen que ir. Y por eso ahora
nos encontramos en un impasse.
¿Este 'impasse' nos puede llevar a una fractura en Europa?
Sí. Es algo que me da miedo, pero es una opción. De hecho, ya hay una ruptura entre el norte y el sur.
¿Causada por el norte?
Causada por una política falsa que está dirigida y diseñada por los
países del norte y del centro. Cuando yo hablo de las diferencias
culturales entre norte y sur, además de la economía, señalo también que
hay una mentalidad que nos separa. Por lo tanto, plantear medidas que no
incorporan esas diferencias y esas peculiaridades culturales no pueden
funcionar.
El sur siempre tiene periodos de crisis contra el sistema. No
quiero entrar en si es una situación correcta o no, pero esa es la
realidad. Así que, o se tiene en cuenta esta diversidad de los países
del sur o las políticas no van a funcionar. El gran error de todo esto
fue el hecho de identificar Europa con el euro, pero Europa no es el
euro. Ahora bien, seamos sinceros. Todos aplaudimos el euro cuando
llegó.
Yo también. Ahora vemos que no era la solución correcta para
Europa, pero en estos momentos ya es muy tarde para dar marcha atrás.
Suelo poner como ejemplo el laberinto: antes de entrar en el laberinto
podemos elegir qué camino tomar, pero una vez dentro no podemos volver
atrás y salirnos. Ahora estamos dentro del laberinto y sólo podemos
luchar para encontrar la salida.
Es decir, usted no cree que la solución sea volver a las monedas nacionales como el dracma en Grecia.
La historia de la tercera novela de la trilogía comienza el uno de
enero de 2014, día en el que Grecia, Portugal y España vuelven a sus
monedas nacionales. Es un planteamiento de trabajo: qué pasaría si esto
sucediera. Y la cosa no va bien. No, no es la solución.
Grecia fue rescatada por Europa, y en otros países como España, los
bancos tuvieron que ser recapitalizados. Hoy mucha gente critica esta
solución. ¿Usted está de acuerdo?
Es que es muy paradójico porque ¡fueron los bancos quienes destruyeron
el sistema! Es todo muy contradictorio porque ahora tenemos una
coalición en Grecia con un partido de centroderecha y un partido de
centroizquierda coaligados para salvar el país cuando fueron
precisamente ellos quienes hundieron el país.
Por tanto, tratar de
convencer a la gente de que los que destruyeron al país van a ser los
que puedan salvar al país es absurdo. Y lo mismo sucede con los bancos.
Se han recapitalizado para salvar el país, cuando fueron ellos los que
lo destruyeron. Lo peor de todo esto es que nadie tiene la más mínima
idea de cómo resolver la situación. (...)
¿Podría haber una unión de los países del sur para plantar cara a esta política de austeridad?
Podría ser, pero tenemos miedo, porque si lo hacemos los del centro y
el norte van a pensar que eso va a suponer una guerra contra ellos. Yo a
los griegos les digo siempre que la única solución para luchar contra
la pobreza es aceptar la pobreza. Sin embargo, en Grecia esto todavía no
se tiene asumido y el único discurso que se dice es “no somos pobres,
es que nos han robado el dinero”. Hay que cambiar el discurso, aunque es
muy difícil. (...)
Y en esta situación, ¿qué aconseja usted que podemos hacer la gente? ¿Nos manifestamos, dejamos de pagar, dejamos de votar?
La gente puede protestar, salir a la calle, y tiene que hacerlo. Pero
lo más importante es encontrar la fuerza para resistir a todos los
niveles. Las manifestaciones son una forma de resistencia, pero no es la
única. En cuanto a lo de votar, hay que hacerlo, porque si no se hace
es cuando surgen los partidos extremistas, sobre todo de la derecha,
como estamos viendo.
¿Cuáles son las otras formas de resistencia?
Ejercer presión por todos los medios que sea a la clase política. Hay
que comprometerse y el compromiso es fundamental en esta situación.
Cualquier presión que se haga sobre la clase política va a repercutir en
todos los otros ámbitos.
Sin embargo, en Grecia hemos visto personas que se han se han
suicidado, y no ha pasado nada. Eso provoca una sensación de impotencia
entre los ciudadanos.
El problema
es que todas estas expresiones se fueron agotando. La gente no se puede
manifestar todos los días, por lo que hay que buscar las formas de
resistencia y de presión que se puedan ejercer todos los días. Y tampoco
podemos decir todo el tiempo las cosas en negativo y señalar a los
políticos diciendo que mienten.
Es cierto que hay una minoría de jóvenes
en Grecia que están empezando ahora a comprometerse y a plantear esta
resistencia. Todavía no se ven, pero pronto se va a saber que hay gente
que está luchando. Mucha gente que va a los barrios pobres para ayudar a
los niños en sus estudios, que compra comida para repartírsela a los
parados.
¿Es un movimiento civil que acaba de alguna manera con los planteamientos ideológicos?
En efecto, es un movimiento que todavía no tiene ideología. Es
demasiado pronto para eso. Lo que no podemos pretender es que la
resistencia y la ideología, en este caso, se desarrollen al mismo
tiempo. Son movimientos que están resistiendo, pero aún no tienen
ideología. Ya la tendrán.
Cuando yo hablo con los jóvenes les digo que
proceden de una generación que fue pobre, pero la diferencia con la
época actual es que cuando yo era joven había organizaciones que
planteaban cómo se podía actuar en esa situación, mientras que ahora no
existen estas organizaciones, no hay quien diga cuáles pueden ser las
vías y las pautas. En aquellos momentos eran los partidos de izquierdas
los que decían “hay que ir a los barrios para hablar con la gente de los
bares”. Ahora no se está haciendo eso." (Entrevista a Petros Márkaris, eldiario.es, 07/07/2013)
No hay comentarios:
Publicar un comentario