La gran ironía de
estas predicciones es que quien al final salvó a la banca alemana fue el
Federal Reserve Board (FRB), el Banco Central de EEUU. El modelo alemán
basado en la exportación hizo a la banca alemana enormemente vulnerable
a ser contaminada. Los bancos alemanes estaban masivamente intoxicados
con los productos especulativos (subprimes) de la banca
estadounidense.
Grandes bancos (como el Sachsen LB, el IKB Deutsche
Industriebank, el Deutsche Bank, el Commerzbank, el Dresdner Bank o el
Hypo Real Estate) así como las Cajas (como BayernLB, WestLB y DZ Bank)
entraron en el periodo 2007-2009 en una enorme crisis de solvencia,
teniendo que ser todos rescatados, muchos de ellos, por cierto, con la
ayuda del Reserva Federal de EEUU.
La orientación
económica, basada en la exportación (algo típico del modelo liberal),
había contagiado profundamente al capital financiero alemán, como
resultado de sus inversiones financieras tanto en la banca
estadounidense (llena de productos tóxicos) como en los países
periféricos llamados PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España) y más
tarde GIPSI (con la incorporación de Italia), llenas de actividades
especulativas de tipo inmobiliario.
En realidad la crisis financiera
alemana y europea era incluso peor que la estadounidense y, cuando la
enorme burbuja especulativa explotó (al paralizarse la banca alemana),
apareció con toda crudeza el enorme problema del endeudamiento causado
por la reducción de la demanda, ella misma provocada por la bajada de la
renta del trabajo.
Una de las causas de
ello es la arquitectura del sistema de gobierno del euro, resultado del
dominio del capital financiero en su gobernanza. Tal sistema de
gobierno es producto de un diseño neoliberal que se basa, en parte, en
la diferencia de comportamientos entre el Banco Central Europeo (BCE) y
la Reserva Federal y, en parte, en el distinto tipo de modelo exportador
de EEUU y la Eurozona (multipolar en EEUU y centrado en la propia
Eurozona en el caso europeo).
El BCE no es un banco
central. La Reserva Federal sí lo es. El BCE no presta dinero a los
Estados y no los protege frente a la especulación de los mercados
financieros. De ahí que los Estados periféricos estén tan desprotegidos,
pagando unos intereses claramente abusivos que han dado pie a la enorme
burbuja de la deuda pública de estos países. Esto no ocurre en EEUU.
La
Reserva Federal protege al Estado norteamericano. California tiene una
deuda pública tan preocupante como lo es la griega, pero esto no es una
situación asfixiante para su economía. Sí lo es en Grecia.
A la luz de estos
datos es absurdo que se acuse a los países periféricos de haber causado
la crisis debido a su falta de disciplina fiscal. España e Irlanda
estaban en superávit en sus cuentas del Estado durante todo el periodo
2005-2007.
Eran los discípulos predilectos de la escuela neoliberal,
dirigida por la Comisión Europea, siendo el Ministro Pedro Solbes, que
había sido Comisario de Asuntos Económicos de la UE, el arquitecto de
tal ortodoxia. En realidad, Alemania, durante el periodo 2002-2007, tuvo
déficits públicos mayores que la supuestamente indisciplinada España.
No fue su inexistente
falta de disciplina, sino la falta de un Banco Central que apoyara su
deuda pública lo que causó el crecimiento de los intereses de la deuda
pública, provista por los bancos alemanes entre otros, que se
beneficiaron de la elevada prima de riesgo. El fin primordial de las
medidas de recortes del gasto público, incluyendo el gasto público
social, es pagar los intereses a la banca alemana, entre otros.
El
enorme sacrificio de los países GIPSI no tiene nada que ver con la
explicación que se da en los medios y otros fórums de difusión del
pensamiento neoliberal que atribuyen los recortes a la necesidad de
corregir sus excesos, sino a pagar a una banca que controla el BCE que,
en lugar de proteger a los Estados, los debilita para que tengan que
pagar mayores cantidades a la banca.
La evidencia de ello es abrumadora.
El famoso rescate a la banca española es, en realidad, el rescate a la
banca europea, incluyendo la alemana, la cual tiene invertidos más de
200.000 millones de euros en activos financieros españoles.
Una variación de esta
explicación es el argumento de que el problema de la Eurozona es el
grado del diferencial de competitividad, con alta competitividad en el
centro –Alemania y Países Bajos- y reducida competitividad en el sur
–GIPSI-. Este diferencial explica que los primeros tengan balanzas de
comercio exterior positivas (exportan más que importan), mientras que
los segundos las tengan negativas (es decir, importan más de lo que
exportan).
De ahí que la solución pase por un mayor crecimiento de la
competitividad de los segundos. Y la mejor manera es bajar los salarios
(lo que se llama devaluación doméstica).
Pero tal explicación
tiene serios problemas. En primer lugar, ni Irlanda ni Italia tenían
balanzas comerciales negativas cuando la crisis se inició. Es más, el
crecimiento del componente negativo de la balanza de pagos en los países
GIPSI se debió predominantemente al aumento de las importaciones,
resultado del endeudamiento, no del descenso de la productividad o
competitividad.
Y ahora la mejora de su balanza comercial se debe a su
escasa demanda. En ambos casos, poco que ver con cambios en la
competitividad. En realidad, la productividad laboral estandarizada por
actividad económica no es sustancialmente diferente en España que en
Alemania.
El problema, pues, no puede explicarse por un diferencial de
competitividad, sino por un diferencial de demanda, acentuado a nivel
europeo por un problema estructural, resultado del descenso de las
rentas del trabajo.
El motor de la economía de la eurozona se basa en el
modelo exportador alemán, cuyo éxito se basa en la moderación salarial
alemana (con salarios muy por debajo del nivel que les corresponde por
el nivel de productividad), en la imposibilidad de los países
periféricos de poder reducir el precio de su moneda (beneficiando a
Alemania con ello), en la enorme concentración de euros, la movilidad de
capitales de la periferia al centro y el dominio de las estructuras
financieras, a través de la enorme influencia sobre el BCE que no actúa
como un Banco Central. Ver la balanza de pagos como resultado de una
diferencia de productividad es profundamente erróneo.
En realidad, Alemania
debería actuar como motor estimulante de la economía, no mediante el
aumento de sus exportaciones (basadas en bajos salarios), sino en un
crecimiento de su demanda doméstica, incrementando sus salarios y su
escasa protección social.
El trabajador alemán tiene más en común con
los trabajadores de los países GIPSI que con su establishment financiero
y exportador. Y en los países periféricos deberían seguirse también
políticas de estímulo, revirtiendo las políticas de austeridad que están
contribuyendo a la recesión, además del malestar de las clases
populares; políticas a las que se opondrán los agentes del capital, pues
éstos verán reducidos sus ingresos. Así de claro. Marx, después de
todo, llevaba razón." (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista LE MONDE DIPLOMATIQUE, julio de 2013, en vnavarro.org, 10/07/2013)
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