Peso estimado del gasto público en pensiones en 2035 en % del PIB
| Italia | 15,2% |
| Francia | 14,4% |
| Bélgica | 14,4% |
| Austria | 13,9% |
| Finlandia | 13,9% |
| Alemania | 11,9% |
| España | 11,9% |
Fuente: “Cuentas personales: hacia un sistema de pensiones transparente y sostenible”. Grupo Consultivo de Reflexión sobre Políticas Públicas de UNESPA. Julio 2011.
" (...) El incremento del peso de las pensiones en el Producto Interior Bruto
(PIB) es algo ineludible, es un dato dado, ya que va a haber un mayor
volumen de pensionistas en el futuro, al que hay que dar una solución
en términos de ingresos.
Nadie cuestionaría que, frente a un
crecimiento de la natalidad, el Estado no prevea la construcción de más
escuelas y la contratación de más profesores, lo que se estaría
discutiendo es como se consiguen los ingresos públicos necesarios para
cubrir esa demanda social.
En todo caso estimaciones realizadas por la
propia UNESPA calculan que dentro de más de veinte años, en 2035, el
gasto en pensiones en España aún estaría en un 11,9% del PIB, muy por
debajo de Italia, Francia, Bélgica, Austria y Finlandia y sería igual
al de Alemania (...)
El Factor de Equidad Intergeneracional presentado en el Informe supuestamente es un intento de incluir en las nuevas pensiones un cuarto criterio, la esperanza de vida. Pero en la práctica es mucho más que eso, es una propuesta que, bajo un velo supuestamente técnico, supone modificar radicalmente el sistema de pensiones para los nuevos pensionistas, pasando de un sistema de reparto para los actuales pensionistas a uno que se aproxima a las cuentas personales (o nocionales) para los del mañana. (...)
Asimismo, aumentar el número de
trabajadores ocupados y sus salarios medios exige políticas
macroeconómicas, financieras, industriales, tecnológicas, fiscales y
laborales que orienten la economía española hacia una sociedad de alta
productividad, en la cual mantener un cierto ámbito de soberanía
económica en varios sectores de actividad económica es fundamental para
incrementar del porcentaje de empresas tractoras, empresas con poder de
mercado en algunas fases de los procesos productivos, frente al enorme
volumen que hay en nuestra economía de empresas-vagón,
precio-aceptantes, fabricantes de productos estandarizados y
subcontratistas de otras.
Para aumentar la productividad es imprescindible incrementar la relación entre capital productivo y PIB a través de un incremento de la reinversión de beneficios y un mayor esfuerzo empresarial en I+D. Así como unas políticas sociales y de conciliación de la vida familiar y laboral que favorezcan la incorporación de la mujer al trabajo. (...)" (Econonuestra, Bruno Estrada Lopez)
El Factor de Equidad Intergeneracional presentado en el Informe supuestamente es un intento de incluir en las nuevas pensiones un cuarto criterio, la esperanza de vida. Pero en la práctica es mucho más que eso, es una propuesta que, bajo un velo supuestamente técnico, supone modificar radicalmente el sistema de pensiones para los nuevos pensionistas, pasando de un sistema de reparto para los actuales pensionistas a uno que se aproxima a las cuentas personales (o nocionales) para los del mañana. (...)
Un factor clave para cuestionar los
supuestos argumentos de base demográfica es la evolución futura de la
productividad. Lo fundamental, como dice el demógrafo Julio Pérez, no
es la evolución demográfica basada en un arcaico análisis de
contabilidad de personas, sino ¿cuánto producirá la población ocupada en
el futuro?
Desde 1900 la riqueza de nuestro país ha crecido 24 veces[10]
y la población tan sólo una vez y media, este fuerte crecimiento de la
productividad es lo que ha permitido la mejora de las condiciones de los
españoles. En este sentido lo que debería preocupar en primer lugar a
nuestras autoridades económicas son las bajas tasas de crecimiento de
la productividad del trabajo registradas en el periodo 1986-2010.
La
tasa anual acumulativa en dicho periodo fue del 1%, muy lejos de la tasa
anual del 4,9% que se experimentó en nuestro país en el periodo
anterior, 1961 y 1985, e inferior también a las cifras de los últimos
veinticinco años del Reino Unido, un 2%, Japón y EEUU, un 1,7% y
Francia, un 1,3%. (...)
El borrador de Informe llegó a la conclusión, con todas las salvedades
expuestas, de que en el año 2027 (este es el año en el cual la Ley
27/2011 debería introducirse el factor de sostenibilidad), la esperanza
de vida de las personas que alcancen los 67 años de edad tan sólo se
habría incrementado en poco más de un año, que dicho incremento sería de
dos años dentro de 33 años, y que finalmente la esperanza de vida en
2060, dentro de 47 años, será superior a la actual para ese colectivo en
dos años y medio.
Eso sin tener en cuenta las consecuencias que la
actual crisis, y las erróneas medidas de política económica tomadas para
enfrentarse a ella, puedan tener en un descenso de la esperanza de vida
(recorte de gasto sanitario público, malnutrición infantil).
En todo
caso no parece que el supuesto incremento de un año en la esperanza de
vida de las personas que inicien su jubilación en 2027, en relación con
la actualidad, y de dos años y medio para quienes lo hagan dentro de 47
años sea un factor que haga ahora “precisa la búsqueda de soluciones que
garanticen la sostenibilidad del sistema a medio y largo plazo”, como
dice el Informe final. (...)
En la medida en la que el número de
pensionistas en el futuro crecerá, se deben destinar más recursos para
cubrir las demandas de ese colectivo, hasta los porcentajes actuales en
muchos países del euro, en torno al 14% del PIB.
El conflicto sobre el
que hay que actuar para resolver los supuestos problemas de financiación
del sistema de Seguridad Social es sobre el reparto de la riqueza
generada entre capital y trabajo, lo que indudablemente implica mejorar
la distribución primaria de la renta entre trabajo y capital.
En este
sentido nuestro país debe avanzar mucho para llegar a los parámetros
europeos, y para ello es básico una reforma laboral que devuelva poder
de negociación a los trabajadores y a sus sindicatos, así como dotarnos
de un sistema fiscal más progresivo capaz de garantizar suficientes
recursos para el sistema, como en Dinamarca, y hacer frente a las
escandalosas cifras de fraude y evasión en las que está instalada
nuestra sociedad, y que hacen que nuestra presión fiscal sea una de las
más bajas de la zona euro.
Para aumentar la productividad es imprescindible incrementar la relación entre capital productivo y PIB a través de un incremento de la reinversión de beneficios y un mayor esfuerzo empresarial en I+D. Así como unas políticas sociales y de conciliación de la vida familiar y laboral que favorezcan la incorporación de la mujer al trabajo. (...)" (Econonuestra, Bruno Estrada Lopez)
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