"El pasado viernes supimos que el Fondo de Reestructuración Ordenada
Bancaria (FROB) daba por perdidos 36.000 millones de los 52.000 que se
inyectaron el año pasado en algunas cajas nacionalizadas.
Una noticia
que no puede dejar indiferente a nadie, especialmente si se es
consciente de la magnitud de esas cifras (una de las partidas
presupuestarias más voluminosas es el gasto en prestaciones por
desempleo y supone unos 27.000 millones de euros). No podemos olvidar
que esos 36.000 millones de euros provienen del bolsillo del
contribuyente español y que han ido a parar directamente y sin
contraprestación alguna a las entidades financieras auxiliadas.
Tras
varios años escuchando el mensaje de que el dinero entregado a los
bancos se iba a terminar recuperando, la evidencia nos demuestra lo que
ya imaginábamos: que los platos rotos de la banca española los vamos a
pagar todos los contribuyentes.
Hagamos memoria. Una vez estallada la crisis financiera y una vez que
las entidades financieras españolas vieron sus balances gravemente
deteriorados, el gobierno (en su día del PSOE) decidió inyectar ingentes
cantidades de dinero público (extraído a través de impuestos, no lo
olvidemos) para salvarles el cuello.
Las ayudas fueron ejecutadas de muy
diversas formas: algunas fueron a fondo perdido (el Estado regaló
directamente ese dinero), otras tomaron la forma de inversión (si la
cosa salía bien el Estado podía ganar dinero; si salía mal, perdía),
otras de préstamo, otras de garantías (los bancos pidieron dinero
prestado a otros bancos o al Banco Central Europeo con el respaldo del
Estado, de forma que si llegado el momento no pueden devolver el dinero,
quien debe pagar es el Estado), etc.
El caso es que los gobernantes intentaron por todos los medios
hacernos creer que todas esas ayudas iban a ser temporales, y que cuando
las entidades financieras se recuperasen iban a devolver todo el dinero
público que habían recibido. En consecuencia, las ayudas a la banca no
iban a significar más que un adelanto de dinero a unas entidades
momentáneamente en problemas.
Hoy día ya empezamos a ver que todo aquello era una vil y elaborada
mentira. Y así ha sido siempre. El mecanismo con el que el gobierno
español ha ayudado a las entidades financieras siempre ha sido
notablemente opaco y enrevesado para que sobre el papel parezca que no
se está gastando dinero público en rescatar entidades fracasadas.
Una de
estas artimañas contables consiste en que el Estado se hace responsable
del dinero que toman prestado las entidades financieras en apuros de
forma que en caso de no poder devolver el dinero, quien asume las
pérdidas es el Estado y no estas instituciones de crédito.
Que
el Estado termine contabilizando una pérdida depende de la evolución
económica de las entidades financieras ayudadas: si a éstas su actividad
les va muy bien, podrán devolver el dinero recibido; si les va mal, no
podrán hacerlo y el Estado tendrá que admitir que perderá el dinero que
en su día desembolsó.
Esto último es precisamente lo que se
reconoció el pasado viernes: determinadas cajas de ahorros no podrán
devolver el dinero que recibieron y por lo tanto el Estado (es decir, el
contribuyente) perderá el dinero. No hay más.
A este respecto cabe hacernos dos importantes preguntas. La primera
es: ¿a cuánto alcanza la cifra de dinero público que se le ha regalado a
la banca? Porque se han reconocido pérdidas de 36.000 millones de
euros, pero si las ayudas han sido mucho más cuantiosas las pérdidas
podrán ser superiores.
Pues bien, la cifra total de ayuda a la banca
hasta diciembre de 2012 alcanza la desorbitada cifra de 1.359.809
millones de euros (unas 37 veces las pérdidas que se reconocieron el
pasado viernes).
Esto no quiere decir que el Estado vaya a perder todo
ese dinero que ha entregado o que ha avalado a las entidades
financieras, porque una parte del dinero de las ayudas ya ha sido
devuelta (aunque la cuantía es pequeña) y porque otra parte
previsiblemente correrá la misma suerte, pero la constatación de que
existe todavía una importantísima cantidad de dinero público en juego no
puede hacer sino preocuparnos y mantenernos en un estado de alerta y
desconfianza.
La segunda pregunta que debemos hacernos es: si el hecho de que el
Estado pierda o no el dinero entregado depende de la evolución económica
de las entidades financieras, ¿podemos hacernos alguna idea de si les
irá bien o de si les irá mal? Y en cierto sentido sí que podemos.
Por un
lado, sabemos que buena parte del agujero en los balances de las
entidades financieras se debe al estallido de la burbuja inmobiliaria,
por lo que su tamaño no es sólo de una importante envergadura sino que
su restablecimiento requeriría activar de nuevo una burbuja de activos
de dimensiones similares –lo cual no sólo es difícil sino que sería
absurdo.
El dinero público otorgado por el Estado ha ido a tapar esos
enormes agujeros y pensar que las entidades financieras con su actividad
normal (sin la ayuda de burbujas) van a compensar todas las pérdidas
sufridas es algo muy ingenuo. (...)
Hoy día los bancos están obteniendo mucho dinero invirtiendo en el
mercado español de deuda pública. A través de esta vía podríamos incluso
pensar –siendo muy optimistas– que los bancos acabarían ganando
suficiente dinero como para poder devolver todas las ayudas que
recibieron del Estado.
El problema radica en que ese dinero que estarían
ganando mediante el negocio con la deuda pública española procedería en
última instancia del mismo Estado, que lo obtendría a través de
reducción en el gasto público y de aumentos de impuestos.
Por lo tanto,
nos encontraríamos con la absurda situación por la cual el Estado (y por
lo tanto el contribuyente) acabaría recibiendo un dinero que en origen
habría pagado a los bancos en concepto de intereses de deuda pública.
En definitiva, todo parece indicar lo que ya intuíamos desde un
principio: que el dinero entregado a las entidades financieras no se va a
recuperar en su totalidad, y que el mismo alcanza unas dimensiones
astronómicas que superan con creces los 36.000 millones de euros
anunciados el pasado viernes." (
, La Marea,
No hay comentarios:
Publicar un comentario