" (...) Mark Blyth en Austerity: the History of a dangerous idea
nos cuenta cómo justo antes de que las bolsas y activos entraran en la
burbuja de las “punto com” a finales de los 90, los inversores
buscaron activos “no correlacionados”, esto es activos cuya evolución
no estuviera relacionada con la evolución bursátil.
Se dirigieron de
forma masiva al sector inmobiliario para asegurar sus inversiones en
bolsa, de forma que si el valor de éstas últimas caía sería compensado
por las otras. En el proceso los precios en el sector inmobiliario
incrementaron de manera espectacular, 70% en EEUU, y 170% en Irlanda
por ejemplo.
El sector inmobiliario se entendía no solo no
correlacionado con la evolución de los valores bursátiles, sino no
correlacionado dentro del sector mismo, de forma que el precio de las
casas de una región no tenía por qué estar relacionado los precios en
otra región.
Por si esto fuera poco, además se
utilizó de forma masiva la colateralización, esto es, trocear los
títulos y juntar pequeños trozos de hipotecas de Colorado, con pequeños
trozos de hipotecas en el estado de Nebraska.
De esta forma se pagaba a
los que poseían estos títulos compuestos con diferentes tipos de
interés en función del mayor o menor riesgo del tramo que hubieran
suscrito. Parecía que efectivamente si ya de por sí los precios del
sector inmobiliario no estaban correlacionados, trocearlos y mezclaros
entre sí reduciría todavía más su correlación.
A mediados de los años
2000, había escasez de este tipo de activos pues debido a los intereses
que pagaban y a la supuesta seguridad que ofrecían, la demanda había
sido muy grande.
Para superar esta situación se empezaron a emitir cada
vez más activos compuestos con los famosos NINJA (No Income, No Job
and Assets), hipotecas colateralizadas con las ganancias de eBay, con
las propinas de los camareros o simplemente con activos prefrabricados a
escala masiva de forma incontrolada.
Las ganancias que se generaron durante
este periodo por parte de los directivos, CEOs, de estas compañías
fueron cifras récord. Por ejemplo en 2008 se estimó que las cinco
mayores compañías financieras estadounidenses estaban pagando 39.000
millones de dólares en bonus en 2007 mientras algunas de ellas, como
Merrill Lynch, perdían 7.800 millones.
O el caso de AIG que recibió
180.000 millones de dólares en un plan de rescate, mientras por otro
lado pretendía repartir 165 millones de dólares a los gestores de su
departamento financiero con más problemas.
Parece entonces que lo que el eminente economista conservador apunta,
no se cumple en el sector financiero, pues esas cifras récord se dieron
en un sector que ha causado la mayor crisis de la historia del
capitalismo con unos costes financieros y sociales incalculables.
En realidad trocear diferentes activos y
unirlos en uno, lejos de reducir el riesgo lo aumenta porque aquellos
activos cuya evolución no tenía relación, al juntarlos en un solo
título, los correlaciona automáticamente.
Si la retribución estuviera
en relación con el talento, se esperaría que éste estuviera relacionado
con el éxito. Sin embargo, dada la evolución del sector, este
flagrante error de interpretación debería haberse traducido en salarios
negativos, es decir, los CEOs de las empresas financieras hubieran
tenido que pagar miles de millones por ello.
El resultado es justamente
el contrario, al sector financiero le han sido otorgados miles de
millones para sanear sus errores. (...)" ( Ivan H. Ayala, Blog de Econonuestra en Publico.es, Economía Crítica y Crítica de la Economía, 27/06/2013)
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