"Algunos
antecedentes: el periodo previo a la crisis asiática guarda un fuerte
parecido con el periodo previo a la crisis que ahora aflige a Grecia,
España y otros países europeos. En ambos casos, los orígenes de la
crisis residen en el optimismo excesivo del sector privado, con enormes
entradas de préstamos extranjeros que iban a parar principalmente al
sector privado.
En ambos casos, el optimismo se convirtió en pesimismo
con sorprendente rapidez y precipitó la crisis.
Sin embargo, a diferencia de Grecia y demás, los países en crisis en
1997 tenían su propia divisa, que pasó a depreciarse fuertemente frente
al dólar. Al principio, esta depreciación de la moneda causó agudos
trastornos económicos.
En Indonesia, por ejemplo, muchas empresas tenían
grandes deudas en dólares, de modo que cuando la rupia se hundió frente
al dólar, esas deudas se dispararon en relación con los activos y los
ingresos. La consecuencia fue una grave contracción económica, en una
escala que no se veía desde la Gran Depresión.
Afortunadamente, los malos tiempos no duraron tanto. La propia debilidad
de las monedas de estos países hizo que sus exportaciones fueran muy
competitivas, y pronto todos ellos —incluso Indonesia, que fue la más
afectada— experimentaban fuertes recuperaciones impulsadas por las
exportaciones.
Aun así, la crisis debería haber servido de lección sobre la
inestabilidad de los sistemas financieros no regulados. En lugar de eso,
la recuperación de Asia llevó a las autoridades occidentales a alardes
excesivos de autocongratulación, como ilustraba la famosa portada en
1999 de la revista Time —en la que aparecían Alan Greenspan, entonces
presidente de la Reserva Federal, con Robert Rubin y Lawrence Summers,
en aquella época secretario y subsecretario, respectivamente, del
Tesoro— con el titular El Comité que ha de salvar el mundo.
El mensaje
era: “No se preocupen, tenemos todo esto bajo control”. Ocho años
después, descubrimos lo poco apropiada que era esa confianza.
De hecho, como ya he mencionado, en esta ocasión lo estamos haciendo
mucho peor. Piensen, por ejemplo, en el país en peor situación durante
cada crisis: Indonesia entonces, Grecia ahora.
La recesión de Indonesia, que vio cómo la economía se contraía un 13% en
1998, fue terrible, pero hacia 2000 ya estaba en marcha una sólida
recuperación. En 2003, la economía de Indonesia había superado su máximo
anterior a la crisis; el año pasado, había crecido un 72% en relación
con 1997.
Ahora comparen esto con Grecia, donde la producción ha descendido más de
un 20% desde 2007 y sigue disminuyendo con rapidez. Nadie sabe cuándo
empezará la recuperación, y yo intuyo que pocos observadores prevén que
la economía de Grecia se recupere hasta alcanzar los niveles anteriores a
la crisis durante esta década.
¿Por qué es la situación mucho peor esta vez? Una respuesta es que
Indonesia tenía su propia moneda, y la devaluación de la rupia fue, al
final, una buena cosa. Grecia, por otro lado, está atrapada en el euro.
Además, los políticos eran más flexibles en la década de los noventa que
en la actualidad.
El Fondo Monetario Internacional exigió al principio
duras políticas de austeridad en Asia, pero pronto cambió de rumbo. Esta
vez, las exigencias a Grecia y a otros deudores han sido
implacablemente duras, y cuanto más fracasa la austeridad, más sangre se
exige. (...)" (Paul krugman, El País, en Jaque al neoliberalismo, 01/09/2013)
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