22.9.13

La crisis le costó a la sociedad norteamericana 14 billones de dólares

"La economía mundial aún sufre los efectos de la quiebra de Lehman Brothers cinco años después. (...)

La confusión sobre lo sucedido no se ha despejado del todo. La gran pregunta es qué habría pasado si se hubiera rescatado a tiempo el banco dirigido por Dick Fuld, uno de los villanos de la crisis. 

Lo más probable es que las cosas no hubieran sido muy diferentes. La bautizada como la Gran Recesión ya había comenzado en EE UU en diciembre de 2007, siete meses antes de la caída de Lehman. 

Fue la confluencia de varios factores la que la produjo: la concesión de préstamos por parte de los bancos a clientes que no lo merecían, el pobre trabajo de las agencias que ponen nota a la deuda, una regulación financiera laxa y una serie de incentivos públicos que animaron a que se prestara y se pidiera prestado. En otras palabras, el dinero fácil y el aparente exceso de liquidez hincharon la burbuja durante la expansión hasta explotar.

Si la desregulación financiera es uno de los factores que provocaron la catástrofe, se puede señalar entonces a varios responsables. El proceso se inició con el republicano Ronald Reagan, que gobernó en los años ochenta, aunque fue con el demócrata Bill Clinton, una década después, cuando se abonó el terreno a los excesos que llevaron a colapso de Lehman. 

Bajo su presidencia murió la Ley Glass-Steagall, que en 1933 había levantado un muro de separación entre la banca de inversión y la comercial para evitar que se produjera un crash bursátil como el de 1929.

También con Bill Clinton cobraron vida nuevas leyes que desregularon los contratos de futuros y forzaron a los bancos a conceder préstamos a propietarios con un pobre historial crediticio. Todo ello sucedió con Alan Greenspan al frente de la Reserva Federal y fue abrazado después por George W. Bush. El propio Greenspan admitió más tarde que el error fue confiar en que los bancos serían capaces de regularse a sí mismos. (...)

Las cuatro mayores firmas financieras de EE UU son hoy un 30% más grandes que antes del colapso de Lehman Brothers. (...)

Pero también dice que la estructura básica del sistema financiero sigue siendo la misma que antes de la crisis y advierte de los peligros que ello supone. En otras palabras: es demasiado compleja y los activos están concentrados en bancos sistémicos, demasiado grandes para caer. 

Si la repuesta a unos eventos extraordinarios fue extraordinaria, también lo fueron las consecuencias. Al hacer balance de la crisis, la Reserva Federal de Dallas acaba de publicar un estudio en el que revela que la Gran Recesión va a costar hasta 120.000 dólares a cada familia en EE UU, lo que equivale a una pérdida de poder adquisitivo de hasta 14 billones de dólares. Es como borrar de un plumazo casi todo el PIB de la mayor potencia del mundo. (...)

Oficialmente, la Gran Recesión acabó en junio de 2009, aunque en Wall Street se tocó fondo unos meses antes. Eso, sobre papel. El ciudadano de la calle lo siente de otra manera. La recesión destruyó 8,7 millones de empleos en EE UU y el total de parados se disparó a 14,7 millones. 

La tasa de paro alcanzó el 10% en octubre de 2009. Hoy está en el 7,3%, una mejora que se explica por la caída en la tasa de participación (las personas dispuestas a trabajar) hasta el 63,2%, su nivel de 1978. Si estuviera en el 66,5% registrado de media entre 1988 y 2007, según Moody’s, el paro sería del 11,9%.

 Cuatro años después de la recesión, hay 11,3 millones de parados y 10,6 millones de personas subempleadas —forzadas a trabajar a tiempo parcial— o que se declaran frustradas con las perspectivas laborales. (...)

Para las rentas más altas, la crisis pasó mucho antes que para el ciudadano medio. Los que más tienen fueron los que más se beneficiaron del repunte de Wall Street, de la mejora del mercado inmobiliario y de tipos de interés por los suelos, por no dejar de mencionar los dividendos que reciben por sus inversiones en empresas que vuelven a ser muy rentables. Los más ricos controlan el 90% del capital que se mueve en el parqué.

Esa brecha también se ve a escala global. El FMI advierte de que el desempleo sigue afectando de manera desproporcionada a los jóvenes. Se calcula que hay aún 200 millones de empleos por recuperar en todo el mundo, destruidos por la crisis financiera.(...)"                 ( , El País, Nueva York 15 SEP 2013 )

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