"Parece claro que este fin de semana habrá una ruidosa celebración en
las calles de Madrid, Tokio o Estambul, las tres ciudades que compiten
por acoger los Juegos Olímpicos de 2020.
Las dos ciudades que se queden a las puertas vivirán una gran
decepción al tiempo que los respectivos regidores se lamentarán por
haber perdido una oportunidad económica. Sin embargo, esta reacción
inevitable no se corresponde con una realidad poco conocida de los
Juegos Olímpicos y el desarrollo urbano: quedar segundos puede ser
mejor, según los economistas que han hecho estudios al respecto.
El favorito suele invertir en el mismo tipo de infraestructuras
destinadas a impresionar al Comité Olímpico Internacional (COI), algo
que incentiva el comercio. Pero el número dos se salva de los gastos e
inconvenientes de albergar los Juegos. El resultado es el aumento de la
inversión productiva en las primeras etapas, pero evitando las enormes
obras que se construyen justo antes de que comiencen los juegos.
“De ninguna manera te interesa como país albergar los Juegos, pero
puede interesarte competir para lograrlo”, dice Andrew Rose, profesor de
la Universidad de California, Berkeley, uno de los autores de un
análisis publicado en 2009 sobre los beneficios económicos de acoger
unas olimpiadas. (...)
Las consecuencias positivos para los competidores refleja la
naturaleza del proceso de selección, en palabras de Rose. Durante la
campaña que desemboca en la gloria olímpica, los países generalmente dan
pasos para abrir y modernizar sus economías.
“Te interesa mandar una señal y a tu propia población de que te
abres, de que eres una parte importante del mundo, y albergar un gran
evento es una manera de hacerlo”, dice Rose. “Por supuesto, es mejor si
no tienes que pagar por ello”.
Stephen Billings, un profesor de economía urbana en la Universidad de
Carolina del Norte, en Charlotte, también ha estudiado de manera
similar las ganancias para la economía de albergar unas olimpiadas. Su
conclusión: las ciudades que llegan a ser finalistas ya son ganadoras.
“No hay una diferencia real entre los favoritos y los que finalmente
son seleccionados”, Dice Billings. En casi todos los casos, los que
compiten por albergar los Juegos se pasan años construyendo
infraestructuras antes de la decisión del COI.
De hecho, muchos economistas creen que lograr los Juegos casi nunca beneficia
en absoluto al país. Los caros proyectos suelen desembocar en
sobrecostes y lo que se paga por seguridad supera los miles de millones.
En el mundo posterior al 11 de septiembre, albergar los Juegos
Olímpicos es cada vez menos rentable. (...)
“Casi todos los economistas y académicos sin relación con el COI están
de acuerdo en que los Juegos Olímpicos son extremadamente caros y que
las ciudades no tienen posibilidades de compensar esos costes”, en
palabras de Victor Matheson, un profesor de economía de la Holy Cross
University en Worcester, Massachusetts, que también ha estudiado el
asunto.
Ha habido algunas excepciones, destaca Matheson, como los rentables
Juegos de Los Ángeles en 1984 y Barcelona en 1992, que ayudaron a
transformar la ciudad condal de una ciudad industrial en uno de los
destinos turísticos más importantes de Europa.
Pero esos casos son muy poco frecuentes: Los Ángeles presentó una
oferta modesta que fue aceptada por el COI por falta de otras opciones.
Barcelona “tenía la perfecta combinación para el evento”, según
Matheson. “Una joya de ciudad que tenía mucho que ofrecer a los
turistas, pero que no se conocía lo suficiente en el mundo”. (...)
Andrew Zimbalist, un profesor del Smith College en Northampton,
Massachusetts, tiene un punto de vista más sombrío. Su extensa
investigación concluye que las ciudades más proclives a lograr los
Juegos son aquellas con unas instituciones políticas más opacas, sujetas
a intereses especiales, dice.
“La ciudad que gane será probablemente la que ha superado a las demás
ofertas porque tienen muchas empresas constructoras o sindicatos, y
quizás abogados, bancos de inversión que quieren conceder créditos”,
según él. “Es la naturaleza de los Juegos, que se perpetúa”. (Eleazar David Melendez , Huffington Post, 04/09/2013)
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