"El Gobierno está empeñado en hacernos comulgar con ruedas de molino. El
ministro de Hacienda, en medio de la irrisión popular, afirma
tajantemente que los salarios no se han reducido, sino que solo han
moderado su crecimiento, y todos los miembros del Ejecutivo al unísono
están resueltos a proclamar la recuperación económica como si del
evangelio se tratase. (...)
La recuperación de la economía es algo más que pasar de tasas de
crecimiento negativas a positivas. Llevamos ya seis años de crisis
económica, que más que crisis podríamos denominar estado deplorable de
postración económica. (...)
Frente al optimismo interesado del Gobierno, supuestamente por motivos electorales, el FMI ha
venido a echar un jarro de agua fría previendo para 2014 una tasa de
crecimiento del 0,2% y un ascenso paulatino del PIB del 0,6; 0,7; 0,9;
1,2% para los años 2015, 2016, 2017 y 2018.
Es decir, que solo podremos
hablar de una verdadera recuperación a partir de 2018, y aun así tibia.
Como corolario lógico, todos estos años el desempleo se mantendría por
encima del 25%, rondando por tanto los seis millones de parados.
No seré yo desde luego el que tome al pie de la letra las previsiones
del FMI. Con toda seguridad no coincidirán con la realidad, pero la
relevancia del informe no está en las cifras concretas, sino en la
visión que subyace detrás, el convencimiento de que la actividad
económica de nuestro país no se recuperará hasta 2018, y ello por
señalar un referente temporal, porque lo único cierto es que la economía
de España está en un hoyo del que no parece que pueda salir en el corto
plazo. (...)
Parece cierto que el brutal descenso de los salarios se ha
transmitido al final, aunque sea parcialmente, a los precios, haciendo
nuestros productos más competitivos en el exterior, lo que, unido a los
problemas que tienen los empresarios para vender en el interior, ha
relanzado las exportaciones.
Este hecho ha contribuido a la consecución
del equilibrio de la balanza de pagos, que aparece como el factor más
positivo que se vislumbra en el panorama actual de nuestra economía. Sin
embargo, no hay que olvidar que la realidad que ha concurrido más a
este objetivo es la caída de las importaciones, resultado de la
inhibición del consumo y de la inversión, y que tan pronto como hubiese
indicios de reanimación el desequilibrio, aunque fuese en una dimensión
más reducida, volvería a presentarse.
Por otra parte, es preciso tener en cuenta que las mismas medidas
(reducción salarial y ajustes presupuestarios) que pueden estar
ocasionando una mayor competitividad hunden la demanda interna y que
esta colabora en la formación del PIB en un porcentaje bastante mayor
que el sector exterior.
Resulta por tanto imposible que la economía
pueda reanimarse plenamente tan solo a través de una mejora de la
balanza de pagos. Esta es una condición necesaria pero no suficiente, y
conseguirla a costa de deprimir la demanda interna mediante reducciones
de costes laborales y sociales constituye sin duda la fórmula perfecta
para condenar la economía al estancamiento. (...)
El segundo hecho, ya mencionado, que maneja el Gobierno como señal de
que la coyuntura está cambiando es el descenso en la prima de riesgo
que soporta la deuda española. Es indudable la mejora que ha
experimentado esta variable y la relativa tranquilidad que desde hace
tiempo afecta a los mercados, a la que no son desde luego ajenas las
recientes elecciones en Alemania.
El contraste con épocas pasadas ha
creado en las distintas instancias políticas y económicas la sensación
de que el peligro se ha conjurado, pero una cosa es que la amenaza de
una ruptura caótica de la Eurozona se haya alejado en el tiempo y otra
muy distinta que en una unión monetaria sea sostenible un diferencial
continuo como el actual en los tipos de interés. Se fractura y se
adultera la competencia entre países y empresas.
Por otra parte, ¿estamos seguros de que esta calma de los mercados va
a perdurar? La deuda pública española afronta una ascensión imparable
marcando records históricos, tanto más grave cuanto que hace tiempo que
se privatizaron ya las principales empresas del país que podían servir
de contrapartida y garantía al endeudamiento. (...)
Es difícil pensar que el déficit público, y con él la deuda, se pueda
corregir. Con seis millones de parados y los salarios y el consumo
reduciéndose, la recaudación fiscal no puede traer muchas alegrías y los
ajustes en el gasto público no dan más de sí.
Tal como afirma Stiglitz, una economía con el 25% de desempleo, como
ocurre en Grecia y España, continúa, por mucho que se diga otra cosa,
deprimida. Habría que decir aún más, en una economía en la que los
salarios se reducen, las obras públicas están paralizadas, los gastos
sociales disminuyen y tres millones de personas viven en situación de
pobreza severa, es decir, con menos de 307 euros al mes, no se puede
hablar de recuperación económica. (...)
España necesita (habría necesitado) devaluar su moneda no solo frente
a terceros países, sino también frente a los de la Eurozona. Es aquí
donde radica el auténtico problema, que será muy difícil que la economía
de países como Grecia, Portugal, España, o incluso Italia, pueda
recuperarse verdaderamente y de forma estable mientras permanezcan en la
Eurozona. Pero también es esto lo que nadie se atreve a decir." (Juan Francisco Martín Seco, Artículo publicado en República.com, www.martinseco.es, Attac España, 21/10/2013)
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