2.10.13

En algunos hospitales públicos catalanes se ha llegado a proponer que sus médicos se desplacen a los privados para atender a los enfermos derivados

"(...) A principios de 2012, y después del recorte presupuestario del 10% durante el año anterior, el consejero Boi Ruiz admitió en rueda de prensa que durante ese último año las listas de espera en Cataluña se habían disparado un 42,1%, si bien matizó que buena parte de ese incremento se debía al envejecimiento progresivo de la población.

 El consejero negó mala gestión en patologías urgentes, a pesar de que un 40% de pacientes con cáncer tuvo que esperar más de 30 días para iniciar el tratamiento.

Ruiz, en esa misma rueda de prensa, anunció la reforma de la gestión de las listas de espera; cosa que no se hizo esperar. Poco tiempo después se crearon unas comisiones territoriales con la supuesta finalidad de "uniformizar y reducir la variabilidad clínica", cosa que, en la práctica, consigue retrasar la entrada de los pacientes en los registros oficiales y, en consecuencia, reducir su número y el tiempo de espera.

¿Que cómo se hace? Bien sencillo: no se incluyen a los pacientes que tienen pendiente alguna exploración complementaria (analítica preoperatoria, placa de tórax o electrocardiograma preoperatorio) o se exige para ser incluido en la lista un grado muy avanzado de la patología (por ejemplo: una mayor pérdida de visión en pacientes con cataratas que la que antes era exigible para ser incluido).

Según los datos publicados por la Consejería de Salud, entre diciembre de 2011 y diciembre de 2012, el tiempo medio de espera de los pacientes intervenidos aumentó en un 35,7%: más de un 35% en un sólo año. En ese mismo período, en siete de las catorce intervenciones que tienen legalmente garantizado un tiempo de espera máximo de seis meses, se había superado ampliamente ese límite.

Ante la polémica generada por los resultados facilitados del primer semestre de 2012 y viendo los resultados que se avecinaban del segundo semestre de ese mismo año, la Consejería decide que los datos de ese segundo semestre se basarán en un nuevo parámetro: tiempo medio de espera de las personas pendientes de ser intervenidas, que es un dato distinto, pero mucho más favorable para maquillar los resultados, que el del tiempo de espera realmente transcurrido hasta ser intervenido el cual, en ese semestre, se había incumplido en las catorce patologías garantizadas.

 Mientras que el parámetro que facilita la Consejería es un futurible y, por tanto, incierto, el tiempo que han estado los pacientes esperando a ser operados es lo que refleja la realidad de lo sucedido. Y la realidad es, precisamente, lo que no se quiere dar a conocer. 

Para completar el escenario de transparencia informativa, la Consejería elimina los datos del histórico anterior de las listas de espera de su página web: ninguna posibilidad de comparación con los datos previos. (...)

Coincidiendo con el anuncio de nuevos recortes presupuestarios (20% de disminución para los centros de atención primaria en tres años), y con la supuesta pretensión de mejorar la eficiencia del sistema, se ha puesto en marcha un nuevo sistema para disminuir los pacientes de las listas de espera. 

Se trata de desviar pacientes, pendientes de pruebas diagnósticas o de intervenciones de escasa complejidad, a centros privados, a pesar de que en los centros públicos de referencia, donde debería prestarse la asistencia, se dispone de instalaciones disponibles y de personal cualificado para realizar la misma actividad con igual o menor coste y, sin duda alguna, con mayor calidad.

Esas derivaciones, que en ocasiones se realizan en lugares muy alejados del domicilio del paciente y de su centro asistencial de referencia, permiten aligerar la lista de espera puesto que el paciente es dado de baja de la lista en el momento en que se le comunica la derivación, con independencia de que la acepte o no.

 En algunos centros públicos se ha llegado a proponer a sus gerentes la posibilidad de que, además de derivar a los pacientes y con la excusa de que no pierdan el contacto con sus médicos de referencia, sean estos mismos profesionales los que también se desplacen al centro privado para atenderles, dentro de su horario de trabajo y con retribuciones a cargo del presupuesto del centro público.

 Ni más ni menos que lo que se pretende que hagan los médicos del Hospital Clínico respecto al Sagrado Corazón gestionado por IDC Salud (CAPIO).(...)"      (Crónica Global, Carme Pérez, Miércoles, 2 de octubre de 2013)

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