"En la casa en Cieza de Ainoa Fernández están muy orgullosos. Ella,
que estudia Derecho, y su hermana, graduada ya en Bellas Artes, han ido
aprobando a curso por año en la Universidad de Murcia. Pero este año
Ainoa no va a terminar el grado como tenía pensado, ha renunciado a tres
asignaturas y el proyecto de fin de carrera.
Su idea ahora es
terminarla con medio año de retraso. Y todo por falta de dinero. La
estudiante, con una media de siete y medio, ha perdido la beca y sus
planes se han trastornado. Se puso a trabajar media jornada (400 euros
mensuales) para completar sus 1.000 euros anuales de beca y el pasado
curso suspendió tres de las 13 materias,.
Ainoa Fernández fue premio extraordinario de bachillerato y no pagó
matrícula el primer curso. En segundo no pudo optar a la beca de
residencia porque Murcia cambió los requisitos y Cieza, a 40 kilómetros
de la capital, ha dejado de estar en el perímetro exigido para
solicitarlas.
Por ese motivo Ainoa recibió en segundo y tercero una beca
de 1.000 euros anuales de movilidad y se puso a trabajar. "Ir y venir a
mi pueblo en autobús son ocho euros diarios -no hay tarifa especial
para estudiantes como en otros sitios- y no hay muchos horarios, así que
es fácil quedarse tirado si tienes un seminario", cuenta.
Por eso ella
vive en Murcia. Gasta 300 euros entre el alquiler del piso y las
facturas y hasta ahora le sobraban 100 euros de los 400 mensuales que ha
estado ganando como empleada de 16 a 20 horas a la semana en una
conocida empresa de muebles."Tengo una capacidad de ahorro contundente",
ironiza.
"Estaban muy contentos conmigo y me fueron cambiando de lugar
rellenando huecos para que pudiese seguir estudiando", prosigue. Confía
en que dentro de seis meses la vuelvan a contratar como la han dicho y
mientras tanto busca cualquier trabajillo.
Aunque está difícil. "Conozco
muchos estudiantes que están como locos por encontrar algo". Su familia
no puede ayudarla tanto como quisiera porque su madre está en paro. Los
1.600 euros de la matrícula los va a pagar en siete plazos. "Es una
auténtica vergüenza que el número de plazos dependa del banco", se
queja.
Ainoa siempre quiso ejercer como abogada , pero ahora lo ve cuesta
arriba. "Te obligan a hacer un máster de abogacía que cuesta 2.500 euros
o más, depende de dónde lo hagas. ¡Ya no vale con los cuatro años de
carrera! Si no, me gustaría opositar para fiscalía". (El País, 22/10/2013)
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