30.10.13

La verborrea de Botín demuestra una falta de respeto por el conjunto de ciudadanos que desde hace más de 5 años, lo están pasando realmente mal

" Las empresas en un mundo globalizado y muy sensible a las apariencias deberían cuidar al máximo la imagen que dan ante sus clientes, y especialmente ante la sociedad. Ello viene a colación por el tremendo impacto negativo que ha tenido el discurso de Emilio Botín, presidente del Banco de Santander en Nueva York.

  Esta verborrea, fruto de algo más que optimismo descontrolado y frívolo, demuestra una falta absoluta de sentido del ridículo, pero más dañino aún, una falta de respeto por el conjunto de ciudadanos que estos días, desde hace más de 5 años, lo están pasando realmente mal.
 
El contenido del discurso forma parte de una estrategia meditada del conjunto de las elites del país, económicas, políticas y mediáticas, para tratar de minimizar el grave problema del país y que busca, a toda costa, cambiar el rumbo de la macroeconomía. 

Esta conjura, que parte de errores de concepto como confundir crecimiento con recuperación económica, o salida de la recesión con el mero hecho de que el PIB deje de decrecer, persigue un fin en sí mismo: relativizar el impacto social de la crisis económica.
Si se analiza lo dicho por Botín, su mensaje es claro. 

Aquí lo único relevante es la salud de los mercados financieros, porque es lo que puede impulsar la economía real. Por eso, sólo le preocupa el flujo de entrada o salida de capital financiero hacia su nicho, y esa es la razón por la que aventura que ya se ha superado la recesión porque el capital especulativo vuelve al mercado bursátil y la deuda se puede financiar al 4,3%, aunque el montante de intereses tenga una senda explosiva. 

Lo que tampoco apunta el presidente del Santander es que el capital que llega a España lo hace buscando una mera entrada en el control de sociedades para después revenderlas a un precio superior, sin que eso genere valor añadido alguno, lo mismo que los flujos que están comprando el desecho inmobiliario  que había inundado nuestras costas. Parte de este capital nuevo, proveniente de países emergentes como Rusia y China, apenas dejará réditos en materia de crecimiento o empleo. (...)

Lo curioso también es que este anuncio de que en España está llegando dinero para todos, lo hizo en un país, EE.UU, y en un momento en el que el Gobierno federal ha estado cerrado durante más de dos semanas por un grave problema de endeudamiento público y privado, similar al español, y donde sólo la acción pública está manteniendo a flote a las rentas más bajas. Nada de esto le escribieron al paradigma del nuevo rico en España, como es el presidente del Santander. (...)

La realidad de la situación macroeconómica en España es sumamente grave, con niveles de pobreza absoluta y relativa que no se veían desde después los años 70 y con una red de asistencia social en declive y en franco desmantelamiento, máxime cuando se apruebe y entre en vigor la nueva Ley de Administración Local.

Lo que debería comunicar a sus colegas el Sr. Botín es que en España la tasa de empleo es una de las más bajas de la UE, un 50%, que hay más de 28 millones de inactivos, y que nos acecha la deflación interna, como se puso de manifiesto con el dato de inflación sin impuestos publicado en septiembre.

 Esta realidad no afecta a los mercados financieros, que sólo buscan rentabilidad instantánea y que no emplean ni crean valor añadido. Porque lo que está muy claro es que el capital extranjero no va a sostener el crédito, que ahora no llega porque el endeudamiento no da más de sí, sino que va a utilizar parte del sistema crediciticio para comprar a precio de saldo lo que queda de empresas rentables y saneadas en España.

Lo más triste es observar que estos discursos, que son aplaudidos por los palmeros mediáticos que viven ya del sistema financiero, como el diario El País, hacen un daño notable y permiten, de forma indolora, desmantelar el magro Estado del Bienestar que habíamos alcanzado. Pero también duele que los economistas más mediáticos, por miedo a ser despojados de sus tribunas para vender sus libros, sigan a pies juntillas este desvarío intelectual. Dan ganas de irse y no volver.  "                (Alejandro Inurrieta, Vox Pópuli, 29/10/2013)

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