"Hace un par de días estuve en Galicia y cuando paseaba por la calle de
una de sus capitales escuché unos pitos y un barullo ante el que nadie
se sorprendía. Después, ante cierta indiferencia general, presencié un
desfile de personas la mayoría mayores y –no había más que verlas-
trabajadoras, de las que se han dejado la vida en el trabajo.
Los
manifestantes eran gente de esa que hasta ahora no era habitual de las
manifestaciones: señoras y señores mayores con aspecto de no meterse en
política o, al menos, de no hacerlo de manera muy habitual. Pero allí
estaban, denunciando con pitos que han sido víctimas del timo de la
estampita versión bancos y Cajas: las preferentes.
A estas personas los
bancos les han robado sus ahorros. En total casi 30.000 millones de
euros en preferentes y unos 16.000 en deuda subordinada. Y se lo han
robado mediante una estafa perfectamente organizada por los dueños de
estos bancos y cajas. Y además, a muchos de ellos no sólo no les van a
devolver lo robado, sino que Europa ha puesto como una de sus
condiciones inhumanas que no se lo devuelvan o que les devuelvan sólo
una parte. (...)
Algunos bancos necesitaban dinero para equilibrar sus balances contables
y no entrar en quiebra y ¡oh gran idea! se les ocurrió quedarse con el
dinero de los depósitos de muchos pequeños ahorradores.
Para ello, y
mediante mentiras en muchos casos y a las bravas en otros, transformaron
los depósitos a plazo fijo de estos ahorradores en un producto
financiero dedicado a expertos y grandes inversores y que, de manera muy
resumida, funciona poniendo el capital fuera del alcance de su dueño
para siempre.
Mintieron a sus clientes, como se ha demostrado,
haciéndoles creer que sus ahorros iban a ir a un depósito a plazo fijo
sin ningún riesgo; es decir, les timaron. Y les timaron con dolo y
aprovechándose de su vulnerabilidad, pues fueron timados los más
vulnerables, los que más confiaban en sus bancos y en sus bancarios, los
que menos conocen de lo que los bancos son capaces.
Y timaron sabiendo
que timaban y era tal su avaricia y su sensación de impunidad que, en
muchos casos, no se preocuparon siquiera de que el timo tuviera una
mínima apariencia de legalidad: falsificaron la firma de niños, de
ancianos analfabetos, de enfermos que no podían ni firmar; estamparon
firmas falsas en documentos en los que los afectados dicen comprender lo
que firman, cuando ni siquiera se lo habían explicado.
Los bancos y las
Cajas transformaron en preferentes los ahorros de comunión de un niño,
se las vendieron a gente de más de 80 años que pusieron su firma donde
les dijeron, a gente que no sabía leer; a hombres y mujeres emigrantes
que se han pasado la vida trabajando fuera para ahorrar una miseria.
A
todos estos llegó el banco con sus propias necesidades, les hizo un
truco de magia y…ya no tenían ahorros. Y después, a todos ellos les han
dicho que tienen dos opciones: o entran en un procedimiento que les
devolverá un poco de esos ahorros o van por su cuenta, se meten en un
calvario judicial y se exponen a quedarse sin nada. (...)
En consonancia con la famosa meritocracia que tanto gusta a los
capitalistas, los banqueros que inventaron el timo de las preferentes,
los que las vendieron fraudulentamente y los gestores o inspectores de
la CNMV que ya sabían que todo era un timo pero no hicieron nada para
impedirlo han sido recompensados con pensiones millonarias o recolocados
en puestos buenísimos. (...)" (Beatriz Gimeno, Econonuestra, Público, 10/10/2013)
No hay comentarios:
Publicar un comentario