14.11.13

Anular la deuda o gravar al capital. Las dos medidas

"(...) Thomas Piketty rechaza las anulaciones de deuda debido a que los acreedores serían en su mayoría pequeños ahorradores, siendo injusto de que recayera sobre ellos esa anulación, mientras que los muy ricos sólo habrían invertido una pequeña parte de su patrimonio en títulos de la deuda pública.

 Pero le objetamos que la auditoría de la deuda que preconizamos no sólo tiene la vocación de identificar la deuda legítima (es decir la deuda al servicio del interés general) de la que no lo es, sino también identificar precisamente a los tenedores de esas deudas para poderlos tratar en forma diferenciada según su calidad y la suma de deuda que poseen. 

En la práctica, la suspensión de pago es la mejor manera de saber exactamente quién posee y qué posee puesto que los tenedores de los títulos se verán forzados a salir del anonimato. (...)

Los pequeños tenedores de deuda (que gestionan directamente su cartera de títulos) sólo representan una ínfima parte de los tenedores de deuda pública. Con ocasión de la anulación de deudas públicas, sería conveniente proteger a los pequeños ahorradores que colocaron sus economías en títulos de deuda pública así como a los asalariados y a los pensionistas que vieron cómo las instituciones o los organismos gestores colocaron una parte de sus cotizaciones sociales (jubilación, desempleo, enfermedad, familia) en títulos de deuda. 

La anulación de las deudas ilegítimas debe ser soportada por las grandes instituciones financieras privadas o las familias más ricas. El resto de la deuda debe ser reestructurado de manera que se reduzca drásticamente tanto el stock como la carga de la deuda. Esta reducción/reestructuración puede apoyarse en particular sobre el impuesto al patrimonio de los más ricos, como postula Thomas Piketty |3|. 

 La anulación de deudas ilegítimas y la reducción/reestructuración del resto de las deudas deben ir a la par. Mediante un amplio debate democrático se debe decidir sobre la frontera entre los pequeños y medianos ahorradores, a los que se debe indemnizar, y los grandes, a los que se puede expropiar. 

Entonces se podrá instaurara un impuesto progresivo sobre el capital, que afecte con dureza a las grandes fortunas, aquellas del 1 % más rico, que Piketty mostró que poseen actualmente más de un cuarto de la riqueza total en Europa y en Estados Unidos |4|. 

 Esta tasa, cobrada en una sola vez, permitiría terminar de esponjar el conjunto de deudas públicas. Además, una fiscalidad fuertemente progresiva sobre los ingresos y el capital bloquearía la reconstitución de las desigualdades patrimoniales, de las que Piketty cree, con justicia, que son antagonistas de la democracia. (...)

Si bien no podemos estar de acuerdo con Piketty cuando afirma que la anulación de la deuda «no es de ninguna manera una solución progresista», en cambio tiene razón en cuestionar el tipo de anulación parcial de deudas concebido por la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional) para Grecia en mayo de 2012.

 Esta anulación ha sido condicionada por medidas que constituyeron violaciones a los derechos económicos, sociales, políticos y civiles del pueblo griego y que hundieron aún más a Grecia en una espiral descendente. 

Se trataba de un timo que tenía como fin permitir que los bancos privados extranjeros (principalmente franceses y alemanes) se liberaran con unas pérdidas limitadas, que los bancos griegos se recapitalizaran a cargo del Tesoro Público, y permitía a la Troika reforzar su influencia sobre Grecia. Mientras que la deuda pública griega representaba el 130 % del PIB en 2009, y el 157 % en 2012 después de la anulación parcial de la deuda, alcanzó un nuevo pico en 2013: ¡el 175 %! (...)"                         (Thomas Coutrot, Patrick Saurin, Eric Toussaint CADTM, Rebelión, 06/11/2013)

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