"El viernes, Standard & Poor's (S&P), la agencia de calificación crediticia, rebajó la calificación de Francia. (...)
Pero los mercados se han mostrado indiferentes: el coste de los
préstamos franceses, que está casi más bajo que nunca, apenas varió.
Entonces, ¿qué está pasando aquí? (...)
La respuesta es que hay que contemplar la decisión de S&P en el
contexto de la política generalizada de austeridad fiscal. Y quiero
decir política, no economía. Porque el complot contra Francia —estoy
siendo un poco irónico con esto, pero es que hay mucha gente echando
pestes— es una demostración clara de que en Europa, como en Estados
Unidos, a los cascarrabias del déficit no les importa verdaderamente el
déficit.
En realidad, están usando el miedo al déficit para sacar
adelante un programa ideológico. Y Francia, que se niega a seguirles el
juego, se ha convertido en el blanco de una propaganda negativa
incesante. (...)
Ante semejante retórica, uno se acerca a los datos franceses
esperándose lo peor. Pero, en vez de eso, lo que se encuentra es un país
que pasa por dificultades económicas —¿y quién no?—, pero al que, en
general, le está yendo igual de bien o mejor que a la mayoría de sus
vecinos, con la gran excepción de Alemania, hay que admitirlo.
Últimamente, el crecimiento francés ha sido lento, pero mucho mejor que
el de, por ejemplo, Holanda, que sigue teniendo una calificación de
triple A. Según los cálculos que sirven como referencia, los
trabajadores franceses eran, de hecho, un poco más productivos que sus
homólogos alemanes hace 12 años; y adivinen qué: todavía lo son.
Mientras tanto, las perspectivas fiscales de Francia parecen
claramente poco preocupantes. El déficit presupuestario ha caído en
picado desde 2010, y el Fondo Monetario Internacional (FMI) espera que
el déficit estatal en relación con el PIB se mantenga más o menos
estable durante los próximos cinco años. (...)
Por tanto, si nos fijamos en las cifras, cuesta entender por qué
Francia merece un especial oprobio. Así que volvamos a preguntarnos qué
está pasando.
Aquí tienen una pista: hace dos meses, Olli Rehn, el comisario
europeo de asuntos económicos y monetarios —y uno de los principales
promotores de las políticas de austeridad radical—, despreció la
ejemplar política fiscal de Francia.
¿Por qué? Porque se basa en las
subidas de impuestos más que en los recortes del gasto; y declaró que el
aumento de los impuestos “destruiría el crecimiento y obstaculizaría la
creación de empleo”. En otras palabras, independientemente de lo que yo
haya dicho sobre la disciplina fiscal, ustedes deben desmantelar la
Seguridad Social.
La explicación de S&P acerca de su rebaja de la calificación,
aunque menos clara, equivale a lo mismo: se rebaja la calificación de
Francia porque “las actuales medidas del Gobierno francés relacionadas
con la reforma presupuestaria y estructural aplicada a los impuestos,
así como a los mercados de productos, servicios y mano de obra, es poco
probable que contribuyan a mejorar las perspectivas de crecimiento a
medio plazo de Francia”.
Nuevamente, las cifras presupuestarias no
importan; ¿dónde están las rebajas de impuestos y la liberalización?
Se podría pensar que Rehn y S&P fundamenta sus exigencias en
pruebas sólidas de que los recortes del gasto son efectivamente mejores
para la economía que las subidas de impuestos.
Pero no es así. De hecho,
las investigaciones del FMI indican que cuando intentamos reducir el
déficit en medio de una recesión, se cumple lo contrario: las subidas
temporales de impuestos causan muchos menos perjuicios que los recortes
del gasto. (...)
Si todo esto les resulta familiar a los lectores estadounidenses, es por
algo. Se da la circunstancia de que, casi siempre, los cascarrabias
fiscales de EE UU están mucho más interesados en recortar drásticamente
Medicare y la seguridad social de lo que lo están en reducir de verdad
el déficit.
Los defensores de la austeridad europeos están demostrando
ahora ser muy parecidos. Francia ha cometido el imperdonable pecado de
ser fiscalmente responsable sin hacer sufrir a los pobres y a los
desafortunados. Y debe ser castigada." (
Paul Krugman
, El País, 17 NOV 2013 )
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