"(...) la reforma exprés de nuestra Constitución acordada por nuestros dos
príncipes en 2011 ha terminado con nuestro espejo constitucional.
Una
reforma sin consultar, sin preguntar, de nuestro mejor “contrato
social”, acordada para asegurar el pago de la deuda privada de los
bancos por encima de todo y antes que nada, y ello ha roto
definitivamente el espejo en el que nos veíamos reflejados y que con
tanto esfuerzo, sacrificio y acierto fabricamos y conservamos desde
1978.
¿Por qué? ¿Qué necesidad había de deslegitimar, de romper lo poco de
lo que podíamos presumir? Con esta reforma, los príncipes
definitivamente se han apropiado de nuestra norma fundamental y en señal
de obediencia y entrega ciega se la han ofrecido en bandeja a los
poderosos de dentro y de fuera y, encima, con las más suaves palabras se
esfuerzan en convencernos de que todo lo han hecho por nuestro bien.
Pero ¿por qué lo han hecho?
Pues porque tienen miedo, y el miedo, recordemos, siempre tiene mucha
prisa y construye rápidamente muros, fosos y baluartes para alejarse de
nosotros. Para nuestros príncipes, los efectos lo son todo, están más
preocupadas en no dar un mal paso ante los ojos de la banca y de las
grandes corporaciones internacionales que de cometer cientos de errores
que nos conducen directamente al acantilado.
Están pendientes de agradar
a los jefes exteriores e interiores mientras que impúdicamente intentan
convencernos de que todo lo hacen por nuestro bien. “La Constitución
por encima de todo”, dicen; su Constitución por encima de todo, porque
nadie mejor que ellos sabe lo que nos conviene. (...)
No lo dudéis, ha llegado el momento de renovar nuestro pacto social.
Porque lo único vivo es nuestra sociedad somos nosotros. Mientras tanto,
nuestras instituciones languidecen y se muestran incapaces de seguir el
paso.
De modo que urge reparar el espejo promoviendo un nuevo pacto social
que limite el poder, sobre todo financiero, y convierta de nuevo a los
ciudadanos en protagonistas de las decisiones políticas en estos tiempos
de transición, diversos, plurales, donde todo ocurre simultánea y muy
rápidamente y en donde el Derecho también está sufriendo un profundo
ajuste, una transformación.
Necesitamos revitalizar la función retórica de nuestra Constitución
con nuevos ideales en los que nos veamos reflejados. Una Constitución
que garantice que nuestros derechos sean de nuevo efectivos. (...)
Qué duda cabe de que nuestros gobernantes han traspasado la línea
fundamental de la mesura. Sabemos que lo han hecho mal voluntaria e
involuntariamente, porque han entregado nuestra espada a unas
corporaciones financieras e industriales que no sabemos dónde están y,
sin embargo, siguen presumiendo y amenazando con un poder que ya no
tienen." (
Antonio Rovira
, El País, 3 NOV 2013 )
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