12.11.13

La reforma exprés de nuestra Constitución para asegurar el pago de la deuda privada de los bancos por encima de todo ha roto el espejo en el que nos veíamos reflejados

"(...) la reforma exprés de nuestra Constitución acordada por nuestros dos príncipes en 2011 ha terminado con nuestro espejo constitucional.

 Una reforma sin consultar, sin preguntar, de nuestro mejor “contrato social”, acordada para asegurar el pago de la deuda privada de los bancos por encima de todo y antes que nada, y ello ha roto definitivamente el espejo en el que nos veíamos reflejados y que con tanto esfuerzo, sacrificio y acierto fabricamos y conservamos desde 1978.

¿Por qué? ¿Qué necesidad había de deslegitimar, de romper lo poco de lo que podíamos presumir? Con esta reforma, los príncipes definitivamente se han apropiado de nuestra norma fundamental y en señal de obediencia y entrega ciega se la han ofrecido en bandeja a los poderosos de dentro y de fuera y, encima, con las más suaves palabras se esfuerzan en convencernos de que todo lo han hecho por nuestro bien.
Pero ¿por qué lo han hecho?

Pues porque tienen miedo, y el miedo, recordemos, siempre tiene mucha prisa y construye rápidamente muros, fosos y baluartes para alejarse de nosotros. Para nuestros príncipes, los efectos lo son todo, están más preocupadas en no dar un mal paso ante los ojos de la banca y de las grandes corporaciones internacionales que de cometer cientos de errores que nos conducen directamente al acantilado. 

Están pendientes de agradar a los jefes exteriores e interiores mientras que impúdicamente intentan convencernos de que todo lo hacen por nuestro bien. “La Constitución por encima de todo”, dicen; su Constitución por encima de todo, porque nadie mejor que ellos sabe lo que nos conviene. (...)

No lo dudéis, ha llegado el momento de renovar nuestro pacto social. Porque lo único vivo es nuestra sociedad somos nosotros. Mientras tanto, nuestras instituciones languidecen y se muestran incapaces de seguir el paso.

De modo que urge reparar el espejo promoviendo un nuevo pacto social que limite el poder, sobre todo financiero, y convierta de nuevo a los ciudadanos en protagonistas de las decisiones políticas en estos tiempos de transición, diversos, plurales, donde todo ocurre simultánea y muy rápidamente y en donde el Derecho también está sufriendo un profundo ajuste, una transformación.

Necesitamos revitalizar la función retórica de nuestra Constitución con nuevos ideales en los que nos veamos reflejados. Una Constitución que garantice que nuestros derechos sean de nuevo efectivos. (...)

Qué duda cabe de que nuestros gobernantes han traspasado la línea fundamental de la mesura. Sabemos que lo han hecho mal voluntaria e involuntariamente, porque han entregado nuestra espada a unas corporaciones financieras e industriales que no sabemos dónde están y, sin embargo, siguen presumiendo y amenazando con un poder que ya no tienen."                ( , El País, 3 NOV 2013 )

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