"(...) Como dicen muchos analistas, las variables económicas principales
indican, para España y el sur europeo, una prolongada fase de
estancamiento o, en el menos malo de los supuestos, de un leve
crecimiento.
Son el flojo nivel de consumo público y privado, duradero
por la fuerte pérdida de poder adquisitivo de la mayoría de la
población, la poca fluidez del crédito para empresas y familias, las
deficiencias y dependencias de nuestro sistema económico, el fuerte
endeudamiento, sobre todo privado y financiero, y la ausencia de una
política estatal y europea de inversión y expansión económica.
Es una
dinámica incapaz de resolver los principales problemas de la economía
española: expansión de empleo decente, modernización del aparato
productivo, reforma fiscal progresiva con redistribución equitativa y
consolidación del Estado de bienestar con mayor igualdad social.
Esa
realidad se impone al intento de creación artificial de ‘confianza’ para
que consumidores gasten más o haya más inversiones productivas, o que
los cuantiosos beneficios de las grandes fortunas y empresas reviertan
en la expansión económica y del empleo.
Es falsa la idea de que hay un cambio relevante de tendencia
económica y empezamos a caminar hacia la salida del túnel. Y menos que
la luz que nos anuncian sea la solución. Pretenden hacer pasar por el
conjunto de la realidad, lo que en el mejor de los casos son mejorías
muy limitadas.
El aspecto principal de su discurso es intentar legitimar
su política de austeridad y sus ajustes y recortes (el eufemismo de sus
‘reformas estructurales) que de forma machacona la derecha intenta
construir en la opinión pública. Ese supuesto camino apenas puede
esconder sus rasgos antisociales; solo pretende justificarlos como el
mal menor, con la venta de la ilusión de que es el único y eficaz medio
para alcanzar la ansiada luz.
Pero, ¿cuál es la estructura social y
económica y el sistema político que nos ofrece la derecha en ese final
del túnel?: Una sociedad más desigual, empobrecida y desarraigada, eso
sí con una minoría oligárquica y de capas altas con mayores ventajas y
privilegios; un aparato productivo y económico más dependiente (el 40%
del valor de las empresas en la Bolsa ya está en manos del capital
extranjero, aparte de las multinacionales foráneas), y un sistema
político con una democracia débil y la completa hegemonía institucional
de las derechas.
En definitiva, seguimos en el túnel, la política de austeridad y
recortes sociales profundiza los problemas socioeconómicos para la
mayoría de la sociedad, genera fuertes desigualdades y brechas sociales,
afectando a la cohesión social, y debilita la democracia al alejarse
las élites institucionales de la ciudadanía y no escuchar sus demandas.
Es preciso otro camino y otra opción: un giro social a la política
socioeconómica, una amplia participación ciudadana y un cambio político
progresista." (Antonio Antón, Attac Madrid, 15/11/2013)
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