"Hace pocos días celebramos, aunque
realmente no haya nada que celebrar, el cuarto aniversario del comienzo
de la crisis del euro. En efecto, fue el 16 de octubre del 2009 cuando
el recién elegido primer ministro griego Giorgos Papandreu puso fuego a
la mecha de la crisis declarando que su país tenia un déficit publico
tres veces superior al 3 % permitido (después resultó que era cuatro
veces superior).Y, lo que es peor, que había estado falseando las cifras
casi desde su adhesión al euro.
Eso convirtió a Grecia en el culpable
ideal. En su comportamiento concurrían todos los temores que Alemania
manifestó sobre la viabilidad de una unión monetaria que incorporase a
los países del Sur, a los que consideraba incapaces de mantener la
disciplina fiscal y los niveles de competitividad exigidos.
Así nació una narrativa de la crisis del
euro basada en que el problema era exclusivamente de falta de disciplina
fiscal. Y, en consecuencia, la terapia debía consistir en políticas
aceleradas de vuelta al equilibrio presupuestario que han producido la
espiral recesiva que sufrimos en media Europa.
Si la crisis hubiese empezado en Irlanda,
que se vio afectada pocos meses después, esta narrativa no se hubiese
podido mantener porque Irlanda no tenia ningún problema fiscal. En
realidad, antes de la crisis tanto Irlanda como España tenían superávits
fiscales y sus niveles de endeudamiento eran la mitad del de Alemania.
Sus problemas eran otros: pérdida de competitividad, insostenibles
burbujas inmobiliarias e hipertrofia del sistema financiero.
En Grecia el déficit creó la crisis; en
España fue al revés, la crisis creó el déficit. Pero un mal diagnostico
que condujo a una terapia parcialmente equivocada ha convertido la
crisis fiscal de un pequeño país en una crisis existencial del proyecto
europeo.(...)
En resumen,
cuatro años después nos hemos instalado en una crisis crónica. El euro
ha salido de la fase aguda de su crisis y ya nadie espera la implosión
de la moneda única. Lo salvó el BCE cuando el Presidente del BCE, Mario
Draghi, anunció que haría lo necesario para evitar su implosión.
Que
traducido al Román paladino quiere decir que compraría toda la Deuda
española e italiana (en el mercado secundario, eso sí) para romper la
especulación. Desde entonces no le ha hecho falta actuar, nuestras
primas de riesgo han caído fundamentalmente porque apareció el
prestamista de última instancia que le faltaba al sistema para
garantizar su estabilidad.
Si Trichet
hubiese osado, o le hubiesen dejado, decir lo mismo en la primavera del
2010, cuando se dio el primer rescate a Grecia y España tuvo que aplicar
de urgencia un plan de ajuste que se llevó por delante al entonces
Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, nos hubiéramos
ahorrado la crisis. Estas son las consecuencias de los fallos de diseño
del euro.
En España
sufrimos una grave y creciente crisis de demanda. Nuestra competitividad
coste ha mejorado mucho y las bajadas de salarios han sido decisivas
para ello. Pero no ha mejorado lo bastante, nos dicen en el FMI, mirando
de nuevo a los salarios, cuando en realidad los márgenes de los
exportadores han crecido con la crisis.
Nuevas vueltas de tuercas a los
salarios no harían sino deprimir más aun la demanda interna y con ella
el empleo. Y el círculo vicioso seguirá girando y ahogando todavía más a
nuestra economía y a nuestra sociedad.(...)" (Josep Borrell, Economistas frente a la crisis, 30/10/2013)
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