8.11.13

Si la crisis hubiese empezado en Irlanda no se hubiese podido mantener una narrativa en el problema era exclusivamente de falta de disciplina fiscal en Grecia

"Hace pocos días celebramos, aunque realmente no haya nada que celebrar, el cuarto aniversario del comienzo de la crisis del euro. En efecto, fue el 16 de octubre del 2009 cuando el recién elegido primer ministro griego Giorgos Papandreu puso fuego a la mecha de la crisis declarando que su país tenia un déficit publico tres veces superior al 3 % permitido (después resultó que era cuatro veces superior).Y, lo que es peor, que había estado falseando las cifras casi desde su adhesión al euro.

Eso convirtió a Grecia en el culpable ideal. En su comportamiento concurrían todos los temores que Alemania manifestó sobre la viabilidad de una unión monetaria que incorporase a los países del Sur, a los que consideraba incapaces de mantener la disciplina fiscal y los niveles de competitividad exigidos.

Así nació una narrativa de la crisis del euro basada en que el problema era exclusivamente de falta de disciplina fiscal. Y, en consecuencia, la terapia debía consistir en políticas aceleradas de vuelta al equilibrio presupuestario que han producido la espiral recesiva que sufrimos en media Europa.

Si la crisis hubiese empezado en Irlanda, que se vio afectada pocos meses después, esta narrativa no se hubiese podido mantener porque Irlanda no tenia ningún problema fiscal. En realidad, antes de la crisis tanto Irlanda como España tenían superávits fiscales y sus niveles de endeudamiento eran la mitad del de Alemania. Sus problemas eran otros: pérdida de competitividad, insostenibles burbujas inmobiliarias e hipertrofia del sistema financiero.

En Grecia el déficit creó la crisis; en España fue al revés, la crisis creó el déficit. Pero un mal diagnostico que condujo a una terapia parcialmente equivocada ha convertido la crisis fiscal de un pequeño país en una crisis existencial del proyecto europeo.(...)
 
En resumen, cuatro años después nos hemos instalado en una crisis crónica. El euro ha salido de la fase aguda de su crisis y ya nadie espera la implosión de la moneda única. Lo salvó el BCE cuando el Presidente del BCE, Mario Draghi, anunció que haría lo necesario para evitar su implosión. 

Que traducido al Román paladino quiere decir que compraría toda la Deuda española e italiana (en el mercado secundario, eso sí) para romper la especulación. Desde entonces no le ha hecho falta actuar, nuestras primas de riesgo han caído fundamentalmente porque apareció el prestamista de última instancia que le faltaba al sistema para garantizar su estabilidad.

Si Trichet hubiese osado, o le hubiesen dejado, decir lo mismo en la primavera del 2010, cuando se dio el primer rescate a Grecia y España tuvo que aplicar de urgencia un plan de ajuste que se llevó por delante al entonces Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, nos hubiéramos ahorrado la crisis. Estas son las consecuencias de los fallos de diseño del euro.

En España sufrimos una grave y creciente crisis de demanda. Nuestra competitividad coste ha mejorado mucho y las bajadas de salarios han sido decisivas para ello. Pero no ha mejorado lo bastante, nos dicen en el FMI, mirando de nuevo a los salarios, cuando en realidad los márgenes de los exportadores han crecido con la crisis.

 Nuevas vueltas de tuercas a los salarios no harían sino deprimir más aun la demanda interna y con ella el empleo. Y el círculo vicioso seguirá girando y ahogando todavía más a nuestra economía y a nuestra sociedad.(...)"                 (Josep Borrell, Economistas frente a la crisis, 30/10/2013)

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