"Iba a titular: ¿Qué tiene que pasar para que “el nivel de discrepancia
en España” deje de parecerle a Wert y al gobierno en general “una fiesta
de cumpleaños”? pero he preferido versionar a los Ilegales porque solo
voy a tratar una modesta hipótesis sobre por qué no arde la pólvora en
nuestras calles: porque la gente está más atemorizada que enfadada.
¿Cómo andamos de ira los españoles? Regular. El siguiente gráfico recoge
la evolución entre 1989 y 2012 de la mención de la irritación y la
indiferencia entre los dos principales sentimientos que los españoles
asocian a la política. En torno a un 20% de los españoles sentían
irritación hace unos 20 años. Desde el 2002, y sobre todo desde 2007,
esta proporción crece hasta el 40%.
La serie sigue una evolución inversa
a la indiferencia, especialmente desde la crisis. Más irritados y menos
indiferentes, bien. Pero la creciente irritación no llega a afectar ni
al 50% de la población española, frente al 71% que lo que principalmente
siente ante la idea de “política” es desconfianza.
Proporción de españoles mayores de edad que mencionan la irritación y
la indiferencia entre los dos principales sentimientos que les
despierta la política. Fuente: series CIS
Pasemos al miedo. No tenemos muchos datos sobre el nivel
de ansiedad de los españoles con respecto a la actualidad política, pero
sí algunas pistas. A finales de 2010 el CIS preguntaba por los
sentimientos que albergábamos respecto al año próximo. Un 38% respondió
que afrontaba 2011 temeroso, casi un 69% que preocupado, que viene a ser
lo mismo.
¿Qué nos preocupa? El trabajo o la falta de él. El barómetro
de mayo de 2011 preguntó por qué situaciones daban más miedo; un 32% de
los encuestados respondió que quedarse en paro ellos mismos o un
familiar directo, y un 35,5% que quedarse sin el dinero necesario para
atender sus necesidades básicas.
En esa misma
encuesta, por cierto, se dio a elegir a los participantes entre el
máximo de libertad a costa de algo de seguridad o el máximo de seguridad
a costa de algo de libertad. El 63,5% eligió sacrificar la libertad por
la seguridad. No estamos hablando de abuelos temerosos por la escasa
iluminación de su calle, sino de efectos predichos por la doctrina del
Shock de Naomi Klein.
El bombardeo de malas noticias nos tiene
amedrentados, y somos capaces de sacrificar nuestra libertad por la
ilusión de la seguridad aunque apenas quede nada que proteger. Barber
también lo advirtió en El Imperio del Miedo:
el gobierno que consigue inocular miedo en su población tiene carta
blanca para cometer todo tipo de tropelías por mor de la seguridad.
Nuestro gobierno, que lo sabe, prepara una secuencia de leyes que atacan
derechos fundamentales y aumentarán brutalmente los costes de
movilización.
Pese a nuestro indudable gusto por manifestarnos –como apuntaba recientemente Aina Gallego en un blog de esta casa-,
algunas formas de participación política más costosas ya vienen
sufriendo el desgaste del miedo. Preguntados por el CIS si participaron o
participarían en una huelga, la proporción de españoles que afirman que
ni lo han hecho ni lo harían nunca pasó del 19 % en 2007 al 27% en
2013.
Un cuarto de los españoles son esquiroles potenciales en una
hipotética huelga general, caso de que todos tengan empleo ese día.
Imagino que, aparte de por la antipatía que les despiertan partidos y
sindicatos, por el terror a perder lo poco que les queda. Con este
panorama, imaginen lo poco probable que es una puesta en escena como la
que pide Wert a gritos, con músculo. (...)
En el mejor de los casos podemos esperar una pérdida gradual del temor
por los procesos que han llevado a los miembros de la PAH o a los
yayoflautas a la política, más lentamente que la velocidad a la que nos
están arrebatando derechos. Lo que sí está aumentando a ojos vista es el
enfado de la población.
Pero no sabemos cuál es la masa crítica para la
fiesta de cumpleaños “gore” o cuáles son los posibles efectos de una
mayoría de la población “enfadada” con la política. Tampoco sabemos si
entre el próximo paquete de medidas que prepara el gobierno habrá alguna
destinada a aterrorizar a los que ya se empezaban a pasar al bando de
los enfadados o creían que el miedo podía cambiar de bando. " (Carol Galais
, eldiario.es, 08/12/2013)

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