26.12.13

La gente está más atemorizada que enfadada

"Iba a titular: ¿Qué tiene que pasar para que “el nivel de discrepancia en España” deje de parecerle a Wert y al gobierno en general “una fiesta de cumpleaños”? pero he preferido versionar a los Ilegales porque solo voy a tratar una modesta hipótesis sobre por qué no arde la pólvora en nuestras calles: porque la gente está más atemorizada que enfadada.

 ¿Cómo andamos de ira los españoles? Regular. El siguiente gráfico recoge la evolución entre 1989 y 2012 de la mención de la irritación y la indiferencia entre los dos principales sentimientos que los españoles asocian a la política. En torno a un 20% de los españoles sentían irritación hace unos 20 años. Desde el 2002, y sobre todo desde 2007, esta proporción crece hasta el 40%.

 La serie sigue una evolución inversa a la indiferencia, especialmente desde la crisis. Más irritados y menos indiferentes, bien. Pero la creciente irritación no llega a afectar ni al 50% de la población española, frente al 71% que lo que principalmente siente ante la idea de “política” es desconfianza.

Proporción de españoles mayores de edad que mencionan la irritación y la indiferencia entre los dos principales sentimientos que les despierta la política. Fuente: series CIS

Pasemos al miedo. No tenemos muchos datos sobre el nivel de ansiedad de los españoles con respecto a la actualidad política, pero sí algunas pistas. A finales de 2010 el CIS preguntaba por los sentimientos que albergábamos respecto al año próximo. Un 38% respondió que afrontaba 2011 temeroso, casi un 69% que preocupado, que viene a ser lo mismo.


¿Qué nos preocupa? El trabajo o la falta de él. El barómetro de mayo de 2011 preguntó por qué situaciones daban más miedo; un 32% de los encuestados respondió que quedarse en paro ellos mismos o un familiar directo, y un 35,5% que quedarse sin el dinero necesario para atender sus necesidades básicas. 

En esa misma encuesta, por cierto, se dio a elegir a los participantes entre el máximo de libertad a costa de algo de seguridad o el máximo de seguridad a costa de algo de libertad. El 63,5% eligió sacrificar la libertad por la seguridad. No estamos hablando de abuelos temerosos por la escasa iluminación de su calle, sino de efectos predichos por la doctrina del Shock de Naomi Klein. 

El bombardeo de malas noticias nos tiene amedrentados, y somos capaces de sacrificar nuestra libertad por la ilusión de la seguridad aunque apenas quede nada que proteger. Barber también lo advirtió en El Imperio del Miedo: el gobierno que consigue inocular miedo en su población tiene carta blanca para cometer todo tipo de tropelías por mor de la seguridad. Nuestro gobierno, que lo sabe, prepara una secuencia de leyes que atacan derechos fundamentales y aumentarán brutalmente los costes de movilización.    

Pese a nuestro indudable gusto por manifestarnos –como apuntaba recientemente Aina Gallego en un blog de esta casa-, algunas formas de participación política más costosas ya vienen sufriendo el desgaste del miedo. Preguntados por el CIS si participaron o participarían en una huelga, la proporción de españoles que afirman que ni lo han hecho ni lo harían nunca pasó del 19 % en 2007 al 27% en 2013.

 Un cuarto de los españoles son esquiroles potenciales en una hipotética huelga general, caso de que todos tengan empleo ese día. Imagino que, aparte de por la antipatía que les despiertan partidos y sindicatos, por el terror a perder lo poco que les queda. Con este panorama, imaginen lo poco probable que es una puesta en escena como la que pide Wert a gritos, con músculo. (...)

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