"(...) Las
contradicciones se multiplican. A pesar de la barra libre que el BCE
está concediendo a los bancos, el crédito continúa sin llegar al
público. Se sospecha que las entidades financieras se dedicaban a un
negocio limpio y saneado, el de recibir los recursos de Frankfurt a tipo
casi cero e invertirlos sin apenas riesgo en deuda pública a un tipo
sensiblemente superior.
Para evitarlo, el BCE, siempre en su laberinto,
decidió penalizar en la financiación a las entidades financieras con un
montante mayor de deuda pública en su activo. La reacción era de
esperar: una elevación de la prima de riesgo de aquellos países,
concretamente de España, que tenían colocada más deuda soberana en los
bancos y una caída en la cotización bursátil de estos últimos.
Esa es la
consecuencia de haber constituido un banco central cojo, que puede
prestar a los bancos pero no a los Estados. En un edificio mal diseñado y
construido los arreglos de una parte se traducen en averías en la
contigua.
Es curioso que nadie se pregunte por qué una crisis que comenzó hace
cinco años en EE. UU. continúa afectando únicamente a los países de la
Eurozona y más concretamente a los países del Sur. La respuesta es
simple. Como nuevos sísifos, nos vemos obligados a arrastrar esa enorme
piedra que es el euro, una carga excesivamente pesada.
Los dioses
condenaron a Sísifo a empujar sin cesar una roca hasta la cima de una
montaña, desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso. Eso
es lo que les ocurre a nuestras economías.
Cualquier intento de
recuperación quedará abortado de nuevo por nuestra pertenencia a la
Unión Monetaria. Albert Camus, comentando el mito, apunta que los dioses
habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que
el trabajo inútil y sin esperanza. ¡Qué razón tenía!"
Juan Francisco Martín Seco, Attac.es, en Jaque al neoliberalismo, 24/12/2013)
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