"(...) Merkel parece contenta con la política de Mariano Rajoy. En su discurso de investidura felicitó a España.
La narrativa, como se dice ahora, de todo lo que está pasando exige
determinados ritos. Uno de ellos es que, partiendo de la base de que no se reconoce el desastre que ha provocado esta política, efectivamente un día u otro saldremos de la crisis, porque todas tienen un componente cíclico. (...)
Y en esa narrativa, hay unos alumnos disciplinados, y España ha jugado ese papel del buen alumno dentro de esa comedia absolutamente surrealista.
¿El ciudadano medio alemán se siente seguro frente a las políticas neoliberales que se aplican en los PIIGS: Portugal, Italia, Grecia, España?
El gran 'capital' de Merkel es que, pese a que la mayoría de los
alemanes no están nada contentos porque en lo sociolaboral su vida va a
peor en los últimos años, la situación de Alemania es mucho mejor que la
de los países del sur. Por tanto, la plegaria es: “Virgencita que me quede como estoy”. Por eso Merkel ha ganado las elecciones. (...)
¿El nivel de contestación de los alemanes es comparable con el de los ciudadanos del Estado español ante la pérdida de derechos?
Son dos países muy diferentes. España es un país muy politizado y
Alemania está mucho menos politizado, pero las instituciones del Estado
gozan de una presunción de inocencia y un prestigio desconocido en
España. Dicho esto, la profunda polarización española no tiene
consecuencias, el español grita mucho pero hace muy poco. El alemán no
grita, pero sí protesta cuando los asuntos le conciernen directamente,
son batalladores dentro de su despolitización.
Hay otra diferencia fundamental: la regresión que hay en España es
mucho más brutal que la que hay en Alemania y el Gobierno alemán se da
cuenta de hasta dónde puede llegar y hasta dónde no. Por ejemplo, se han
tomado medidas de carácter social desde que Merkel está en el poder
hace años, porque la base de esos recortes la hicieron los gobiernos
anteriores...
No es como en España, que cada semana tenemos una involución más. Pero, en España como en Alemania, lo que cuenta son las consecuencias. Y ni en España ni en Alemania las fuerzas sociales están poniendo en peligro el orden establecido, con la diferencia de que en Alemania hay menos razones para revelarse.
Entonces, ¿cómo saldremos de esta crisis?
Como se explica en el libro, la crisis tiene tres niveles, y el financiero que estamos viviendo, es, quizás, el más anecdótico. El nivel más grave es esta crisis de civilización, del despilfarro de recursos, de la insostenibilidad del modelo económico...
La crisis ha venido para quedarse y va ir a peor. La manera de vivir,
de producir, tiene que cambiar y la historia demuestra que los
resultados dependen siempre de la resistencia de las fuerzas sociales.
Si la gente se moviliza y consigue impedir determinados procesos,
éstos no tendrán lugar. Si no se hace nada y los procesos se aceptan,
continúa la ofensiva. El continente europeo ha sido siempre manso y apático, a excepción de Grecia, que ha tenido casi 20 huelgas generales en los últimos años y ha creado nuevas fuerzas políticas hoy a punto de ser hegemónicas.
Si en Europa hubiéramos tenido tres Grecias, si hubiera pasado lo mismo
en otros dos o tres países, Bruselas y Berlín no hubieran sido capaces
de imponer las políticas que se han impuesto. Al final, es todo una
cuestión de correlación de fuerzas." (Entrevista a Rafael, Diagonal, 25/01/2014)
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