"(...) Este país necesita regeneración política. No se puede partir del
fatalismo de que la corrupción es inevitable, aunque tampoco podemos
caer en la ingenuidad de pensar que no es algo inherente al sistema
capitalista.
Hay que fortalecer los mecanismos democráticos y de control
aplicando el principio de tolerancia cero: mayor sanción social,
política y electoral de la ciudadanía, que no puede votar a los partidos
políticos complacientes con el latrocinio de los fondos públicos.
La
crisis tiene un carácter político que presenta rasgos más importantes
incluso que la crisis económica. Desafección política y electoral,
desconfianza hacia partidos, instituciones y casta política.
Deslegitimación que se resume en el “No nos representan” como metáfora
del alejamiento de los ciudadanos de lo que consideran un simulacro de
democracia.
Los movimientos sociales deberían de jugar un papel decisivo. La gran cuestión es: ¿son capaces de pasar al Sí nos representan
y articular, con otros, referentes político-electorales que den la
batalla en las instituciones por el cambio necesario? Más que grandes
líderes habría que buscar grandes ideas, programas y complicidades,
determinación de cambio.
La primera chinita que hay que poner para, a
partir de ella, formar la perla, es un programa consensuado con el
mínimo común denominador que una a partidos de la izquierda real,
movimientos sociales y mareas ciudadanas. Y escoger a las personas más
honestas para que sean representantes en las instituciones.
Candidatos a
prueba de Google, personas normales haciendo cosas
excepcionales. Porque hay que poner en pie una propuesta de cambio, pero
también una bandera ética que haga que la ciudadanía vote con
entusiasmo y sin tener que taparse la nariz. (...)
Habría que crear una especie de bloque sociopolítico alternativo, una especie de frente por la decencia y el cambio,
donde se sienta representada esa amplísima mayoría que padece las
políticas actuales y que necesita un referente político electoral.
Que
necesita recuperar la ilusión de que es posible acabar con la falsa
política de apaciguamiento de los mercados que conduce al recorte sin
fin. Para que no se quede la indignación en casa y llegue a las urnas
con consecuencias de cambio.
Porque la abstención, que prende más en la
izquierda, es un regalo para el poder que seguiría gobernando tan
deslegitimado como ahora. Para salir de la actitud de espera, para
romper el miedo.
Para ello, haría falta avanzar en una serie de
líneas de acuerdo: un programa de mínimos que se plantee la recuperación
de derechos expoliados y los objetivos del empleo, la protección social
y los servicios públicos; la apertura de un proceso constituyente hacia
una república federal donde convivan voluntariamente todos los pueblos
del Estado español, quizá la única vía de que Cataluña no se proclame
independiente en el ejercicio de su derecho a decidir; que resignifique
el concepto de democracia y cambie la ley electoral; una elección de
candidatos con criterios muy participativos, representativos y plurales;
un código ético muy riguroso en el ejercicio de los cargos públicos, la
limitación de mandatos y la revocación; así como todas aquellas
propuestas de interés que se puedan consensuar. (...)
Es lo que se está intentado desde “Suma, la gente primero”, donde está
IU, asambleas del 15-M, IA, y otras muchas plataformas de izquierda y
movimientos. Pero no parece que esté siendo fácil. (...)" (Agustín Moreno, Cuarto Poder, en Rebelión, 04/01/2013)
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