7.1.14

Habría que crear una especie de bloque sociopolítico alternativo, una especie de frente por la decencia y el cambio

"(...) Este país necesita regeneración política. No se puede partir del fatalismo de que la corrupción es inevitable, aunque tampoco podemos caer en la ingenuidad de pensar que no es algo inherente al sistema capitalista. 

Hay que fortalecer los mecanismos democráticos y de control aplicando el principio de tolerancia cero: mayor sanción social, política y electoral de la ciudadanía, que no puede votar a los partidos políticos complacientes con el latrocinio de los fondos públicos.

La crisis tiene un carácter político que presenta rasgos más importantes incluso que la crisis económica. Desafección política y electoral, desconfianza hacia partidos, instituciones y casta política. Deslegitimación que se resume en el “No nos representan” como metáfora del alejamiento de los ciudadanos de lo que consideran un simulacro de democracia.

Los movimientos sociales deberían de jugar un papel decisivo. La gran cuestión es: ¿son capaces de pasar al Sí nos representan y articular, con otros, referentes político-electorales que den la batalla en las instituciones por el cambio necesario? Más que grandes líderes habría que buscar grandes ideas, programas y complicidades, determinación de cambio.

 La primera chinita que hay que poner para, a partir de ella, formar la perla, es un programa consensuado con el mínimo común denominador que una a partidos de la izquierda real, movimientos sociales y mareas ciudadanas. Y escoger a las personas más honestas para que sean representantes en las instituciones. 

Candidatos a prueba de Google, personas normales haciendo cosas excepcionales. Porque hay que poner en pie una propuesta de cambio, pero también una bandera ética que haga que la ciudadanía vote con entusiasmo y sin tener que taparse la nariz. (...)

Habría que crear una especie de bloque sociopolítico alternativo, una especie de frente por la decencia y el cambio, donde se sienta representada esa amplísima mayoría que padece las políticas actuales y que necesita un referente político electoral.

 Que necesita recuperar la ilusión de que es posible acabar con la falsa política de apaciguamiento de los mercados que conduce al recorte sin fin. Para que no se quede la indignación en casa y llegue a las urnas con consecuencias de cambio. 

Porque la abstención, que prende más en la izquierda, es un regalo para el poder que seguiría gobernando tan deslegitimado como ahora. Para salir de la actitud de espera, para romper el miedo.

Para ello, haría falta avanzar en una serie de líneas de acuerdo: un programa de mínimos que se plantee la recuperación de derechos expoliados y los objetivos del empleo, la protección social y los servicios públicos; la apertura de un proceso constituyente hacia una república federal donde convivan voluntariamente todos los pueblos del Estado español, quizá la única vía de que Cataluña no se proclame independiente en el ejercicio de su derecho a decidir; que resignifique el concepto de democracia y cambie la ley electoral; una elección de candidatos con criterios muy participativos, representativos y plurales; un código ético muy riguroso en el ejercicio de los cargos públicos, la limitación de mandatos y la revocación; así como todas aquellas propuestas de interés que se puedan consensuar. (...)

Es lo que se está intentado desde “Suma, la gente primero”, donde está IU, asambleas del 15-M, IA, y otras muchas plataformas de izquierda y movimientos. Pero no parece que esté siendo fácil. (...)"                   (Agustín Moreno, Cuarto Poder, en Rebelión, 04/01/2013)

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