"Acaban de cumplirse dos años desde que entró en vigor la reforma
laboral. El balance no puede ser más frustrante: ninguno de los
objetivos con los que se justificó se ha cumplido.
No solo no se han
creado los puestos de trabajo anunciados, sino que se han destruido más
de 600.000, el mercado laboral no es hoy menos dual sino más precario y
peor pagado, y entre los nuevos contratos, los indefinidos son cada vez
menos y los temporales cada vez más. Ahora se nos dice que sin la
reforma hubiera sido peor.
Los dos grandes instigadores de este brutal retroceso, el FMI y la
Comisión Europea, no paran de insistir en que el mercado de trabajo debe
flexibilizarse todavía más. La siguiente andanada a los derechos
laborales se centrará en los contratos de trabajo. Desde luego hay una
forma rápida de acabar con la dualidad del mercado laboral: crear un
único contrato de trabajo igual para todos. Igual de precario, claro
está, y sin cargas sociales.
Así se acabarán los privilegios laborales y
las empresas podrán por fin ganar competitividad. Oiremos este tipo de
argumentos. Forman parte de un discurso que pretende presentar los
derechos laborales y las conquistas sociales como privilegios
insoportables, como rémoras de un pasado a superar. (...)" (
Milagros Pérez Oliva
, El País, 16 FEB 2014 )
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