"(...) JEB: En asuntos de narcotráfico, ¿quién está libre de culpa en Colombia?
JS:
Hay más víctimas que culpables. Las personas a las que más
estigmatizan, que más persiguen aplicándoles medidas punitivas, son las
menos responsables del fenómeno. Me estoy refiriendo a los indígenas, a
los campesinos, a las poblaciones afro, comunidades interculturales que
se han visto obligadas a engancharse en el fenómeno.
Pero ellos no son
responsables sino víctimas, como lo son los consumidores. Los verdaderos
responsables son quienes se quedan con el grueso de las ganancias,
favorecidos por las políticas prohibitivas y de interdicción, que se han
aplicado en el marco de la llamada guerra contra las drogas trazada por
Estados Unidos. Yo diría que en Colombia esos tres puntos del PIB que
están cruzados por el narcotráfico y otras economías criminales
benefician principalmente al capital financiero.
Son los señores
banqueros quienes más se lucran del negocio ilícito. Ahora, como decía
hace un momento, este es un problema mundial. La ONU estima que entre
tres y cinco puntos del PIB mundial se deriva del narcotráfico. De
hecho, más del 50 por ciento de los bancos que se lucran del negocio
tienen asiento en los Estados Unidos.
JEB: Entonces nadie puede lanzar la primera piedra en materia de drogas ilícitas…
JS:
Todas las campañas presidenciales desde Turbay Ayala hasta hoy han
estado financiadas, de una u otra manera, por el narcotráfico. Y ni
hablar de los parlamentarios, alcaldes, concejales. Toda la estructura
social y el aparato estatal colombiano están cruzados por el
narcotráfico y de hecho nuestro tejido social ha sido impactado por este
fenómeno.
Si se estudia a fondo este problema, uno nota que no hay un
interés real en resolverlo: en el fondo y en la superficie lo que se ve
es la aplicación de las doctrinas contra insurgentes. Lo único que se
busca es lograr un control territorial para sacar a las Farc de las
zonas rurales donde se hace la resistencia para que penetren las
transnacionales a poner en marcha sus proyectos macroeconómicos.
JEB: ¿A qué horas terminaron las Farc etiquetadas como narcotraficantes?
JS: Desde finales de los 80, cuando la lucha contra el fantasma comunista perdió average,
la tomaron con el tema de narcotráfico y se acuñó el concepto de narco
guerrilla. Se trata de una política de propaganda sucia que no se
construyó de una día para otro sino que se fue cuajando durante años por
parte de los mismos que durante todo este tiempo se han lucrado del
narcotráfico
JEB: ¿Hay doble moral en el tratamiento de este tema?
JS:
¡Indudablemente! porque el gobierno conoce los diagnósticos, los
balances y resultados de las políticas prohibicionistas y de
interdicción. Los conoce y sabe que son negativos. Los mismos Estados
Unidos reconocen que después de las inversiones millonarias y las
consecuencias sociales y ambientales de las políticas punitivas, la
oferta de drogas ilícitas se mantiene incólume.
Es posible que las
hectáreas cultivadas hayan disminuido, pero la productividad se
incrementa. También hay doble moral cuando más de un editorialista o un
columnista de opinión no puede escribir más de una letra si no están
bajo el efecto de la marihuana o la cocaína.
Por eso nuestra
propuesta no es la erradicación de los cultivos de uso ilícito sino la
sustitución de estos por proyectos de producción alimentaria, proyectos
alternativos en los que las comunidades puedan tener una opción de vida
digna.
Y también hablamos de legalización de las drogas, pues creemos
que eso impactará negativamente el mercado.
Insistimos: si de
verdad se quiere acabar con el narcotráfico, hay que golpearlo en el
eslabón más fuerte: el sector financiero y los poderosos imperios
transnacionales que lavan los dineros derivados del tráfico de drogas.
JS: Esa ha sido política de las Farc. Por ejemplo, en el caso
de la Sierra Nevada de Santa Marta, los cultivos de marihuana se
acabaron porque la guerrilla emprendió desde los años 80 una política de
ir casa a casa, rancho a rancho, familia a familia, invitando a la
gente a dejar esos cultivos. Igual sucedió con la amapola en la Serranía
del Perijá.
Le decíamos al campesino: bueno, si usted tiene una
hectárea, siembre mitad en comida y mitad en lo otro, pero de aquí a un
año aumenta el espacio de la comida y así sucesivamente, hasta que se
acabó la amapola en las áreas donde operábamos.
Ahora, le repito que ese
no es problema de que las comunidades quieran cultivar una cosa u otra:
es un problema real, de necesidad, en zonas donde usted no puede sacar
una carga de plátano o de tomate, porque cuando llega al mercado más
próximo lo que lleva ya es una salsa de tomate podrida.
JEB:
También recuerdo la audiencia pública internacional que hubo durante
los diálogos de paz del Caguán, donde Manuel Marulanda propuso hacer de
Cartagena del Chaira un laboratorio de sustitución de cultivos de uso
ilícito ¿Esa propuesta es viable hoy?
JS: Todos
estos lustros en que nos han estigmatizado como narcos, nosotros nos
hemos pasado haciendo propuestas alternativas de solución. Lo hicimos
durante nuestra VIII Conferencia, lo hicimos en varios plenos y durante
los diálogos del Caguán propusimos una conferencia internacional para
buscarle una solución al problema. Creemos que hoy está vigente esa
propuesta.
Las Farc estamos plenamente dispuestas a contribuir, pero
partiendo de que los protagonistas principales de la solución deben ser
las comunidades. Esa era la esencia del plan de Marulanda que hoy hemos
retomado, pero ya no para un escenario como un plan piloto, sino un plan
nacional, con visión estratégica, ligado a la reforma agraria integral y
a la participación ciudadana. La gente tiene que participar en un
proceso de este tipo.
JEB: Como así que ustedes están
proponiendo que el Estado estimule cultivos de coca, marihuana y amapola
que, según las Farc, deben incorporarse a la economía agraria como
generadores de empleo
JS: Lo central de la
propuesta es la sustitución. Pero en otro plano, marginal, nosotros
creemos que el Estado debe regularizar estos cultivos, tanto para los
usos culturales ancestrales, como para usos industriales y medicinales.
Esto, repito, es marginal pues en Colombia no es que haya una cultura
tan arraigada de la coca, como la hay en Bolivia o en Perú.
JEB: ¿En cuánto se disminuiría la producción y exportación de cocaína si estas propuestas llegaran a aplicarse?
JS:
Desafortunadamente, al resolver el problema de los arbustos a través de
la sustitución, la reducción de la exportación de cocaína sería ínfima.
Quienes manejan este negocio, personas con mucho poder, no necesitan
que haya matas de coca en Colombia.
En los 80 la pasta de coca llegaba a
nuestro país y aquí se procesaba y se exportaba la cocaína. Eso está
ocurriendo de nuevo y también sucede que la productividad de los
cultivos se ha multiplicado, así que –a riesgo de aparecer como un
aguafiestas- me temo que la reducción de las áreas cultivadas, por si
sola, no va a afectar la producción y exportación de cocaína.
Por eso,
todo el esfuerzo se debe poner en atacar los eslabones fuertes de esta
cadena que están en el sector financiero. Todos los estudios y
diagnósticos dicen que ése es el eslabón más fácil de atacar, pero para
ello se necesita voluntad política.
La otra manera de lograr una
reducción considerable de la exportación es atacando la enorme red de
corrupción que permite la salida de toneladas de cocaína desde
aeropuertos, puertos y fronteras de Colombia. El Estado colombiano está
necrosado, es un Estado gangsteril y mafioso porque la dirigencia que lo conduce está tocada hasta los tuétanos por el narcotráfico.
JEB:
¿Usted cree que a los Estados Unidos les interesa que, por sustracción
de materia, se acabe la llamada guerra contra las drogas que declaró
Reagan hace más de 30 años?
JS: En el caso de
Colombia, esta guerra contra las drogas no es más que una excusa para
intervenir en nuestro país y tener el control territorial y el control
de los recursos naturales. En eso consistió el Plan Colombia, que era en
su esencia un plan contra insurgente.
Creo Estados Unidos debería tener
una participación directa en este debate, planteando soluciones reales
que deriven de una voluntad de solucionar el problema. No creo que una
sociedad como la norteamericana viva tranquila teniendo el más alto
nivel de adictos del mundo.(...)" (Entrevista al comandante y miembro de la delegación de paz de las FARC-EP, Jesús Santrich, Jorge Enrique Botero, http://www.las2orillas.co, en Rebelión, 14/02/2014)
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