16.2.14

Hablemos de drogas...

"(...) JEB: En asuntos de narcotráfico, ¿quién está libre de culpa en Colombia?

JS: Hay más víctimas que culpables. Las personas a las que más estigmatizan, que más persiguen aplicándoles medidas punitivas, son las menos responsables del fenómeno. Me estoy refiriendo a los indígenas, a los campesinos, a las poblaciones afro, comunidades interculturales que se han visto obligadas a engancharse en el fenómeno. 

Pero ellos no son responsables sino víctimas, como lo son los consumidores. Los verdaderos responsables son quienes se quedan con el grueso de las ganancias, favorecidos por las políticas prohibitivas y de interdicción, que se han aplicado en el marco de la llamada guerra contra las drogas trazada por Estados Unidos. Yo diría que en Colombia esos tres puntos del PIB que están cruzados por el narcotráfico y otras economías criminales benefician principalmente al capital financiero. 

Son los señores banqueros quienes más se lucran del negocio ilícito. Ahora, como decía hace un momento, este es un problema mundial. La ONU estima que entre tres y cinco puntos del PIB mundial se deriva del narcotráfico. De hecho, más del 50 por ciento de los bancos que se lucran del negocio tienen asiento en los Estados Unidos.

JEB: Entonces nadie puede lanzar la primera piedra en materia de drogas ilícitas…

JS: Todas las campañas presidenciales desde Turbay Ayala hasta hoy han estado financiadas, de una u otra manera, por el narcotráfico. Y ni hablar de los parlamentarios, alcaldes, concejales. Toda la estructura social y el aparato estatal colombiano están cruzados por el narcotráfico y de hecho nuestro tejido social ha sido impactado por este fenómeno. 

Si se estudia a fondo este problema, uno nota que no hay un interés real en resolverlo: en el fondo y en la superficie lo que se ve es la aplicación de las doctrinas contra insurgentes. Lo único que se busca es lograr un control territorial para sacar a las Farc de las zonas rurales donde se hace la resistencia para que penetren las transnacionales a poner en marcha sus proyectos macroeconómicos.

JEB: ¿A qué horas terminaron las Farc etiquetadas como narcotraficantes?

JS: Desde finales de los 80, cuando la lucha contra el fantasma comunista perdió average, la tomaron con el tema de narcotráfico y se acuñó el concepto de narco guerrilla. Se trata de una política de propaganda sucia que no se construyó de una día para otro sino que se fue cuajando durante años por parte de los mismos que durante todo este tiempo se han lucrado del narcotráfico

JEB: ¿Hay doble moral en el tratamiento de este tema?

JS: ¡Indudablemente! porque el gobierno conoce los diagnósticos, los balances y resultados de las políticas prohibicionistas y de interdicción. Los conoce y sabe que son negativos. Los mismos Estados Unidos reconocen que después de las inversiones millonarias y las consecuencias sociales y ambientales de las políticas punitivas, la oferta de drogas ilícitas se mantiene incólume. 

Es posible que las hectáreas cultivadas hayan disminuido, pero la productividad se incrementa. También hay doble moral cuando más de un editorialista o un columnista de opinión no puede escribir más de una letra si no están bajo el efecto de la marihuana o la cocaína.

Por eso nuestra propuesta no es la erradicación de los cultivos de uso ilícito sino la sustitución de estos por proyectos de producción alimentaria, proyectos alternativos en los que las comunidades puedan tener una opción de vida digna.

 Y también hablamos de legalización de las drogas, pues creemos que eso impactará negativamente el mercado.
Insistimos: si de verdad se quiere acabar con el narcotráfico, hay que golpearlo en el eslabón más fuerte: el sector financiero y los poderosos imperios transnacionales que lavan los dineros derivados del tráfico de drogas. 

JS: Esa ha sido política de las Farc. Por ejemplo, en el caso de la Sierra Nevada de Santa Marta, los cultivos de marihuana se acabaron porque la guerrilla emprendió desde los años 80 una política de ir casa a casa, rancho a rancho, familia a familia, invitando a la gente a dejar esos cultivos. Igual sucedió con la amapola en la Serranía del Perijá. 

Le decíamos al campesino: bueno, si usted tiene una hectárea, siembre mitad en comida y mitad en lo otro, pero de aquí a un año aumenta el espacio de la comida y así sucesivamente, hasta que se acabó la amapola en las áreas donde operábamos. 

Ahora, le repito que ese no es problema de que las comunidades quieran cultivar una cosa u otra: es un problema real, de necesidad, en zonas donde usted no puede sacar una carga de plátano o de tomate, porque cuando llega al mercado más próximo lo que lleva ya es una salsa de tomate podrida.

JEB: También recuerdo la audiencia pública internacional que hubo durante los diálogos de paz del Caguán, donde Manuel Marulanda propuso hacer de Cartagena del Chaira un laboratorio de sustitución de cultivos de uso ilícito ¿Esa propuesta es viable hoy?

JS: Todos estos lustros en que nos han estigmatizado como narcos, nosotros nos hemos pasado haciendo propuestas alternativas de solución. Lo hicimos durante nuestra VIII Conferencia, lo hicimos en varios plenos y durante los diálogos del Caguán propusimos una conferencia internacional para buscarle una solución al problema. Creemos que hoy está vigente esa propuesta.

 Las Farc estamos plenamente dispuestas a contribuir, pero partiendo de que los protagonistas principales de la solución deben ser las comunidades. Esa era la esencia del plan de Marulanda que hoy hemos retomado, pero ya no para un escenario como un plan piloto, sino un plan nacional, con visión estratégica, ligado a la reforma agraria integral y a la participación ciudadana. La gente tiene que participar en un proceso de este tipo.

JEB: Como así que ustedes están proponiendo que el Estado estimule cultivos de coca, marihuana y amapola que, según las Farc, deben incorporarse a la economía agraria como generadores de empleo

JS: Lo central de la propuesta es la sustitución. Pero en otro plano, marginal, nosotros creemos que el Estado debe regularizar estos cultivos, tanto para los usos culturales ancestrales, como para usos industriales y medicinales. Esto, repito, es marginal pues en Colombia no es que haya una cultura tan arraigada de la coca, como la hay en Bolivia o en Perú.

JEB: ¿En cuánto se disminuiría la producción y exportación de cocaína si estas propuestas llegaran a aplicarse?

JS: Desafortunadamente, al resolver el problema de los arbustos a través de la sustitución, la reducción de la exportación de cocaína sería ínfima. Quienes manejan este negocio, personas con mucho poder, no necesitan que haya matas de coca en Colombia. 

En los 80 la pasta de coca llegaba a nuestro país y aquí se procesaba y se exportaba la cocaína. Eso está ocurriendo de nuevo y también sucede que la productividad de los cultivos se ha multiplicado, así que –a riesgo de aparecer como un aguafiestas- me temo que la reducción de las áreas cultivadas, por si sola, no va a afectar la producción y exportación de cocaína.

 Por eso, todo el esfuerzo se debe poner en atacar los eslabones fuertes de esta cadena que están en el sector financiero. Todos los estudios y diagnósticos dicen que ése es el eslabón más fácil de atacar, pero para ello se necesita voluntad política.

 La otra manera de lograr una reducción considerable de la exportación es atacando la enorme red de corrupción que permite la salida de toneladas de cocaína desde aeropuertos, puertos y fronteras de Colombia. El Estado colombiano está necrosado, es un Estado gangsteril y mafioso porque la dirigencia que lo conduce está tocada hasta los tuétanos por el narcotráfico.
JEB: ¿Usted cree que a los Estados Unidos les interesa que, por sustracción de materia, se acabe la llamada guerra contra las drogas que declaró Reagan hace más de 30 años?

JS: En el caso de Colombia, esta guerra contra las drogas no es más que una excusa para intervenir en nuestro país y tener el control territorial y el control de los recursos naturales. En eso consistió el Plan Colombia, que era en su esencia un plan contra insurgente. 

Creo Estados Unidos debería tener una participación directa en este debate, planteando soluciones reales que deriven de una voluntad de solucionar el problema. No creo que una sociedad como la norteamericana viva tranquila teniendo el más alto nivel de adictos del mundo.(...)"          (Entrevista al comandante y miembro de la delegación de paz de las FARC-EP, Jesús Santrich, Jorge Enrique Botero, http://www.las2orillas.co, en Rebelión, 14/02/2014)

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