"(...) A mi juicio, en España se carece hoy día de seis condiciones básicas e imprescindibles para crear puestos de trabajo.
La
primera es la financiación.
Gracias a su enorme poder político los
banqueros han impuesto un rescate muy costoso de sus entidades que les
ha permitido ocultar su quebranto patrimonial y volver a obtener
beneficios suculentos pero sin que hayan vuelto a financiar a la
economía.
El llamado rescate de la banca es un escándalo que no ha servido para
recuperar la financiación. Se ha tirado de la manta que cubría las
vergüenzas financieras acumuladas en los últimos años por las cajas de
ahorros para disimular la responsabilidad general, pero lo cierto es que
si se hubiera tirado al mismo tiempo de la que cubre al resto de las
entidades financieras los resultados hubieran sido parecidos.
Es el
sistema financiero en su conjunto y no solo las cajas, el que está
repleto de activos tóxicos derivados de haber financiado sin escrúpulos
ni responsabilidad la anterior burbuja financiera.
Lo que se está
haciendo es limpiar el segmento de mercado que ocupaban las cajas para
que lo ocupen los grandes privados y así puedan recobrar más o menos su
equilibro patrimonial, hoy día disimulado por las normas de contabilidad
aprobadas por las autoridades con el fin de evitar que aparezcan como
lo que son –bancos zombis- y puedan registrar beneficios a pesar de que
apenas si desarrollan negocio bancario. Pero a ese paso la financiación
tardará años en recuperarse. (...)
La
segunda condición imprescindible para crear empleo y que falta también
en España es la demanda.
O, dicho de otra forma, ingresos suficientes
para que la población compre los bienes y servicios que producen las
empresas.
En los dos años de gobierno de Rajoy el consumo privado se ha
desplomado como consecuencia de la pérdida de ingresos salariales y, en
general, de renta disponible de las familias. Y eso no puede traducirse
sino en una pérdida de demanda para todas las empresas (las grandes han
visto reducir sus ventas entre un 40% y un 50% desde 2008) y, en
particular y de forma más grave, para las pequeñas y medianas. (...)
Por tanto, mientras sigan bajando los salarios no se creará empleo en España.
La tercera condición es disponer de uno o varios sectores de
actividad que actúen como motor de la economía en su conjunto y que
tengan gran capacidad de multiplicar el empleo e ingresos a su
alrededor, algo para lo que no sirve cualquier tipo de actividad.
En contra de lo que se viene diciendo, no basta con que aumente el
PIB para que se cree empleo y mucho menos para que éste sea de calidad y
acompañado de ingresos suficientes.
Además de generarse actividades
sostenibles, que no terminen cayendo más pronto que tarde (como pasó y
sucedería de nuevo con la construcción) es necesario que se vertebren y
constituyan tejido e interrelaciones adecuadas y que, además de tener
fuerza suficiente como para tirar de toda la economía (lo que, por
cierto, no le ocurre al sector exterior), nutran sobre todo al mercado
interno y no externalicen ni el ingreso ni el valor añadido que generen.
Mientras no se consolide otra forma de producir y de consumir en
España, no se podrá crear empleo suficiente en nuestra economía.
La cuarta y la quinta condición quizá puedan sorprender a quienes
están habituados a oír hablar de empleo y economía como si fueran
mecanismos de relojería que nada tienen que ver con las personas y su
diferente posición en la sociedad.
A los pocos días de ser nombrado vicepresidente económico del
gobierno, el profesor Fuentes Quintana compareció en TVE en hora de
máxima audiencia para hablarle a los españoles de 1977 sobre la
situación económica de aquel momento. Sus primeras palabras fueron
exactamente estas:
“Las soluciones de los problemas económicos nunca son económicas sino
políticas. No hay oscuras fórmulas técnicas que permitan resolver las
dificultades en un clima de gabinete. Los problemas económicos de un
país solo pueden superarse mediante el esfuerzo y la colaboración de
todos (…). Sé, desde luego, que solo puede esperar esa colaboración un
gobierno en quien ustedes confíen como veraz y que les merezca
credibilidad”.
Pues bien, esto último también nos falta: un gobierno veraz, creíble y en quien confíe la gente.
Desde que la crisis comenzó a notarse en España con Rodríguez
Zapatero en el gobierno, los españoles no hemos recibido sino mentiras
sobre la situación económica y eso ha hecho que la confianza en nuestras
autoridades esté bajo mínimos.
Y así, por mucho que se quiera, es
imposible que se genere la voluntad colectiva y el esfuerzo mancomunado
que es necesario para sacar adelante una situación tan difícil como la
que tenemos.
Finalmente, también carecemos de instituciones que canalicen las
preferencias ciudadanas, que equilibren los poderes y que hagan posible
el gobierno eficaz, controlado y transparente.
Y, sobre todo, que estén
obligadas a poner en marcha que la población quiera que se lleven a cabo
para que así las pueda hacer suyas y apoyar con el máximo empeño (...)
Hablando
en plata, en España tenemos una democracia de cada vez más baja
intensidad: los bancos y grandes empresarios controlan los medios de
comunicación, hay un pacto de silencio sobre los grandes escándalos, los
jueces que actúan contra los oligarcas son los que resultan perseguidos
y expulsados y el gobierno da órdenes a la fiscalía para que no se
persiga a los grandes ladrones y corruptos o los indulta si no ha habido
manera de librarlos antes. (...)
La
sexta y última condición es disponer de suficiente capacidad de
maniobra para poder poner en marcha las medidas que pueden ayudar a que
todo lo anterior se resuelva. Y resulta que España no la tiene.
No
porque formemos parte de una unión monetaria superior, porque eso
simplemente debería dar lugar a que la capacidad de maniobra radicase en
otro lugar. Sino porque ésta unión está diseñada precisamente para
evitar que los gobiernos o los pueblos dispongan de ella.
Por eso no nos
conviene, porque sin posibilidad de poner en marcha la voluntad propia,
con las manos y los pies atados y sujetos simplemente al dictado de
unos pocos grupos de poder que no están nunca presentes en las
instituciones representativas, es imposible tomar medidas y tratar de
cambiar el rumbo de las cosas.
Mientras sigamos en esta Europa, mientras
no demos un golpe en la mesa y hagamos ver que así no seguimos con la
señora Merkel y compañía, no se creará empleo en España. (...)" (Juan Torres López, 06/01/2014)
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