20.3.14

El día a día de una Asociación de Vecinos... gestionar la pobreza. O sea, frenar desahucios, repartir alimentos, acompañar a juicios, cuidar niños de otros...

"(...) La asamblea semanal de la Asociación de Vecinos se celebra en unos barracones con carácter provisional desde hace por lo menos veinte años. Dentro, unas cincuenta personas escuchan el orden del día. 

Muchos nuevos pobres y algunos que antes de la crisis ya caminaban el alambre: inmigrantes hipotecados, ex obreros de la construcción, tenderas que han tenido que bajar la persiana, antiguas empleadas de servicio, endeudados de todo tipo, parados desde hace meses o que han perdido la cuenta de cuándo fue su último trabajo, marroquíes pensando en regresar mientras los niños corretean entre sus piernas. (...)

En la asamblea de la Asociación de Vecinos, José Miguel lee la sentencia del juez que tiene palabras como “ha lugar”, “expedita”, “apercibiéndola”, “condena a costas” o “apelación”. José Miguel no entiende, entre todos —y un poco en desorden—, se traduce. El juez le insta a abandonar la casa que está ocupando bajo amenaza de desalojo y a pagar una multa por el derecho a ser juzgado.

 Los que ocupan no son bien vistos por la justicia, aunque tengan tres hijos en una ciudad donde te multan por dormir en un banco. A José Miguel le negaron hasta el abogado de oficio. Lo más fácil es irse a otra casa de las 700 que, se calcula, hay vacías en el barrio. Muchas, muchísimas, ya están ocupadas. 

Hay tantas, que en un mismo bloque pueden llegar hasta seis. La Asociación de Vecinos apoya esta práctica siempre que sea en propiedades de entidades financieras o inmobiliarias. Nadie en la calle, nadie fuera del barrio. También se pide alquiler social, aunque a veces ni siquiera eso se pueda pagar.

Simplemente no hay dinero.

Una tarde o una mañana cualquiera se ve gente en la calle en horas de oficina. La cifra de paro del barrio escala posiciones. Digamos que, por suerte o por desgracia, hay contingente para parar desahucios. Y para hacer permanencias, repartir alimentos, acompañar a juicios, cuidar niños de otros. Las mil y una tareas que organiza la Asociación de Vecinos. (...)

Ahora en la asamblea, Fili, el presidente —cuarenta años de militancia barrial y bigote de espadachín—, da una buena noticia: por fin el Ayuntamiento ha accedido a sus demandas de montar un centro de formación y un banco de alimentos. Para conseguirlo han estado ocupando un espacio donde el Alcalde Trías imaginó un Fab Lab, una suerte de centro de tecnología avanzada con impresoras 3D —con un presupuesto de más de dos millones de euros— (...)

El agosto pasado, la Asociación de Vecinos lo ocupó para utilizarlo como banco de alimentos autogestionado. (...)

Esta no es la primera acción reivindicativa o de desobediencia que llevan adelante. Han hecho muchas desde que empezaron a parar desahucios en el 2011 con la ayuda de 500×20 —organización dedicada sobre todo a temas de alquiler— y también de la PAH. 

No hay cifras oficiales, pero los vecinos hablan de una de cada cinco viviendas en proceso de desalojo, ya sea en propiedad o de alquiler. Ellos mismos le han dado nuevo nombre al barrio: Villadeshaucio. A algunos vecinos no les gusta. Piensan que la mala imagen puede hacer bajar el precio de sus propiedades. (...)

Desde los primeros desahucios, una riada de gente se ha sumado a las asambleas y las acciones. Como dice Cubi, a medida que ha ido desapareciendo el dinero del barrio, la Asociación de Vecinos se ha convertido en “gestora de la pobreza”. Sin embargo eso ha hecho resurgir la movilización.  (...)

El distrito pobre de la Barcelona rica, sin embargo, disfruta desde entonces de un tejido asociativo sólido que ha hecho posible ahora una plataforma como Nou Barris cabrejada –una coordinadora de más de 100 asociaciones—. Coreografías organizacionales para conseguir ser oídos por el ayuntamiento de CiU— (...)

En Nou Barris —lo saben desde siempre— hay que pelear cada columpio, cada beca comedor aunque sea ocupando la Sede del Distrito. Una sede que tiene que ser continuamente protegida por antidisturbios. La última vez, allí mismo, los vecinos conformaron su propia cadena humana, cada uno con una letra que componía las palabras: alimentos, vivienda, trabajo.

Sin esa “gestión de la pobreza” que hacen las asambleas de vecinos la explosión de la burbuja haría derramarse un líquido mucho más viscoso, más difícil, más racista, más violento que el de la protesta ciudadana.

Estas cosas cuenta la gente que acude a la asamblea de vecinos de Ciutat Meridiana un jueves cualquiera. La de hoy termina con aplausos por las pequeñas grandes victorias y porque la semana que viene hay concurso de tortillas en el mercado."           (Diario de un retorno, 11/03/2014)

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