"En Memorial del engaño (Alfaguara) el
escritor mexicano Jorge Volpi (Ciudad de México, 1968) se pone en la
piel de un ficticio J. Volpi, un "villano deleznable" capaz de narrar en
primera persona la gran estafa perpetrada por esa pléyade de usureros
al por mayor. (...)
Da la impresión de que el sector financiero no ha entonado su mea culpa en lo sucedido.
Así
lo plantea el protagonista y creo que es absolutamente cierto. De algún
modo este libro es también un alegato contra la justicia, ya que
solamente los criminales financieros son los que han pagado, los
verdaderos responsables de que se creara este ambiente de especulación
de mercados desregulados que son los políticos, legisladores, ejecutivos
de las grandes empresas, banqueros, ninguno de ellos ha sido
responsabilizado de la catástrofe judicialmente, ninguno está preso,
ninguno ha pagado. Los causantes de la debacle financiera viven en el
reino de la impunidad.
Parece que en su día caló en la opinión pública aquella máxima de que el capitalismo carece de ideología.
Yo
creo que ese fue el gran engaño de esta ideología triunfante; decir que
todo era técnico, que así es como funcionan las cosas y que no había
por qué cuestionarlas. Lo que ha sucedido es que ha terminado
rebelándose como una ideología tan poderosa y tan dura como el
comunismo.
Se trata de una ideología que imaginaba que el Estado había
que reducirlo al mínimo y que no había que regular los mercados salvo el
laboral impidiendo la libre circulación de las personas, todas estas
son medidas ideológicas que se rebelaron como tales ya en 2008.
La novela también refleja cómo el neoliberalismo impregna hasta lo más íntimo.
Es
que la ideología neoliberal ha triunfado no sólo en lo económico. La
idea moral de que uno debe perseguir esencialmente su propio beneficio
está presente en toda la sociedad y, en cierta forma, la gran derrota de
la izquierda es que al desacreditar su modelo también se desacredita la
idea de solidaridad, hermandad o altruismo, que desaparecen del
discurso político pero también desaparecen de las prácticas íntimas. (...)
¿No crees que la reacción de los intelectuales ha sido algo tibia en los últimos años?
El papel de los intelectuales se ha diluido. El peso que tenían en la
sociedad se ha erosionado por mil razones distintas, como por ejemplo
por la voluntad misma de la clase política o por la aparición de las
redes sociales u otras formas de crear la agenda pública.
Por otro lado,
ante el descredito generalizado de la clase política, ésta ha querido a
su vez desacreditar cualquier oposición a ella como si fuera siempre
culpa de vándalos o de radicales de izquierdas, provocando este ambiente
de confrontación social." (Público, 27/03/2014)
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