"Poco después de que estallara la crisis financiera mundial en el año
2008, advertí que, a menos que se adopten políticas adecuadas, se podía
asentar un malestar al estilo japonés —es decir, un crecimiento lento e
ingresos casi estancados durante muchos años—. (...)
El punto básico que planteé hace media década fue que, en un sentido
fundamental, la economía de Estados Unidos se encontraba enferma,
incluso antes de la crisis: fue solo una burbuja de precios de los
activos, creada a través de regulaciones laxas y tipos de interés bajos,
la que hizo que la economía aparentara estar robusta.
Debajo de la
superficie, numerosos problemas supuraban: una creciente desigualdad;
una insatisfecha necesidad de reforma estructural (la necesidad de un
desplazamiento desde una economía que se basa en la manufactura hasta
una que se base en los servicios y que se adapte a las cambiantes
ventajas comparativas a nivel mundial); persistentes desequilibrios en
el ámbito mundial, y un sistema financiero que está más en sintonía con
la especulación que con la realización de inversiones que crearían
puestos de trabajo, aumentarían la productividad y redistribuirían los
superávits con el objetivo de maximizar la rentabilidad social.
La respuesta a la crisis de los formuladores de políticas no abordó
estos problemas. Peor aún, agravó algunos de ellos y creó otros nuevos, y
no solo en Estados Unidos. El resultado ha sido un aumento del
endeudamiento en muchos países, debido a que el colapso del PIB socavó
los ingresos de los Gobiernos. (...)
Cada desaceleración en algún momento llega a su fin. La característica
que distingue a una buena política es que ella logre que la
desaceleración sea más corta y menos profunda de lo que hubiese sido si
dicha política no se hubiese implementado.
La característica que
distingue a las políticas de austeridad que muchos Gobiernos adoptaron
es que ellas hicieron que la desaceleración sea mucho más profunda y más
larga de lo necesario, causando además consecuencias de larga duración. (...)
Mucho más relevante es lo que está sucediendo con los ingresos de los
hogares. La mediana del ingreso real en Estados Unidos se encuentra por
debajo del nivel en el que se encontraba en el año 1989, es decir, hace
un cuarto de siglo atrás; la mediana del ingreso para los trabajadores
varones que trabajan a tiempo completo en la actualidad es más baja en
comparación a la que se registró hace más de cuarenta años. (...)
Los mercados no se autocorrigen. Los problemas fundamentales subyacentes
que he descrito anteriormente podrían agravarse —y muchos de ellos se
están agravando—. El aumento de la desigualdad debilita aún más la
demanda; y, en la mayoría de los países, incluyéndose entre ellos
Estados Unidos, la crisis solo ha agravado la desigualdad. (...)
Un malestar general es mejor que una recesión y una recesión es mejor
que una depresión. Pero las dificultades que enfrentamos ahora no son el
resultado de las leyes inexorables de la economía, a las cuales
nosotros simplemente nos debemos adaptar, como lo haríamos en el caso de
que ocurriese un desastre natural, como un terremoto o un tsunami. (...)
En cambio, nuestras dificultades actuales son el resultado de políticas
erróneas. Existen alternativas. Pero no las vamos a encontrar en la
complacencia autosatisfecha de las élites, cuyos ingresos y carteras de
acciones una vez más se disparan al alza. (...)" (
Joseph E. Stiglitz , El País, 2 MAR 2014 )
No hay comentarios:
Publicar un comentario