"El columnista del Washington Post, Robert Samuelson, en un artículo muy reciente, Economists in the Dark, algo así como Economistas en la Oscuridad,
sugería que los actuales son tiempos difíciles para los economistas.
Según el autor, su reputación se ve seriamente empañada y sus doctrinas
dañadas.
La razón es muy sencilla: los distintos organismos
multilaterales, bancos centrales y la inmensa mayoría de bancos de
inversión y economistas privados no han dado una en sus previsiones. (...)
En realidad lo que ha fracasado es exactamente la doctrina que el implícitamente trata de refutar, la ortodoxia neoclásica entendida como el “pensamiento único” dominante. (...)
Detrás del actual “pensamiento único” o “consenso de Washington”,
lo que se presenta como verdades indiscutibles en realidad refleja
juicios de valor, alimentados por la ideología dominante.
Con el fin de
eliminar la inflación, preservar el tipo de cambio, incrementar la tasa
de crecimiento de la productividad y crear puestos de trabajo estables
se propugnan políticas económicas basadas en la austeridad,
liberalizaciones y privatizaciones. Si bien los fines u objetivos pueden
ser idóneos, no así los medios.
Propugnan bancos centrales independientes, cuando en realidad la FED, el BCE, o Banco de España sólo han servido, y siguen defendiendo, a la élite dominante que ha generado la crisis actual, el lobby
bancario.
Recomiendan una combinación de sindicatos débiles, mayor
flexibilidad del trabajo y congelación y reducción de salarios, cuando
en realidad los países de mayor formación, prosperidad económica, y
menor corrupción se caracterizan por lo contrario: participación de los
sindicatos en la gestión empresarial, altos salarios, y protección del
empleo.
Exigen una reducción de los servicios públicos e impuestos, cuando en
realidad aquellos países desarmados fiscalmente y con servicios
públicos mediocres es donde más golpea la crisis. Dictan en paralelo la
cuasi desaparición de los déficits públicos, fijando límites a la deuda
pública.
Pero, ¿acaso no se han enterado de que en España, Holanda,
Reino Unido o Estados Unidos la deuda privada es superior al 300% del
PIB? ¿Por qué ocultan que los errores de asignación de recursos del
sector privado están detrás de la actual crisis sistémica y de la
espiral fuera de control de las deudas públicas de la mayoría de países
occidentales?
Para rematar, consideran necesaria la privatización de numerosas
empresas públicas y el desmantelamiento de numerosas reglamentaciones
que regulan mercados para que estos sean más flexibles.
Basta con poner
un contraejemplo sencillo: los ciudadanos españoles estamos sufriendo en
nuestras carnes los desmanes de los otrora monopolios naturales
–sector eléctrico, energético o de telefonía-, que, tras su
privatización, se han convertido en auténticos oligopolios conchabados
con los políticos de turno.
La actual crisis económica y financiera ha puesto de manifiesto el
vacío intelectual y el escaso soporte empírico de la mayoría de las
teorías macroeconómicas y microeconómicas que se enseñan en
universidades de medio mundo. (...)
Sin embargo, existe un antídoto contra el “pensamiento único”. Se trata de la economía postkeynesiana, cuyos miembros sí que predijeron con antelación la que nos venía encima –Steve Keen, Wyne Goodley…-,
y llevan haciendo propuestas para corregir el devenir económico y
mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, en definitiva, una
vida más digna. Dejen por lo tanto de mentir o infórmense bien antes de
opinar." (Juan Laborda, Vox populi, 19/02/2014)
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