"Nuestra interpretación de la crisis de
la eurozona se basa en la articulación de cuatros planos: una reducción
de la participación de los salarios en la renta y una distribución más
desigual de los ingresos, la financiarización creciente de las
economías, la existencia de importantes diferencias en las
especializaciones productivas en el interior de la Unión Europea, y la
formación de la unión monetaria.
En este artículo ofrecemos una primera
visión general de nuestra argumentación que, sin detenerse en los
detalles, permita al lector conocer desde el principio sus líneas
principales.
Una idea fuerza de esta explicación es
que la crisis actual hunde sus raíces en los cambios que se han venido
produciendo en las tres últimas décadas, periodo en el que han tenido
gran influencia las teorías y políticas inspiradas en el neoliberalismo.
Como consecuencia de estos cambios se ha desarrollado un modelo de
crecimiento que ha promovido una gran acumulación de deuda
(fundamentalmente privada) y, a la vez, ha dependido de este
endeudamiento para su continuidad.
En este sentido, podríamos decir que
las décadas de predominio neoliberal coinciden con la “economía del
endeudamiento”. Otra característica importante es que la acumulación de
deuda no se ha distribuido de forma simétrica entre países, sino que ha
dado lugar también a la aparición de dos bloques, el de los países
deudores y acreedores.
Estas características hacen que el
modelo tenga una fragilidad creciente, y la crisis actual es el
resultado de esta dinámica insostenible. Cuando cualquier cambio hace
que los agentes que se encuentran en una situación de
sobreendeudamiento no puedan seguir refinanciando su gasto con nuevas
deudas, la economía colapsa. En este caso, el factor que precipitó la
crisis fue el impago de las hipotecas subprime, pero pudo haber sido
otro.
También está claro que, una vez que se
precipita, no se trata de una crisis cualquiera, ya que los años
transcurridos dejan tras de sí un importante stock de deudas que hay que
eliminar. El intento simultáneo de todos los agentes por lograrlo
–reduciendo para ello su gasto– se retroalimenta, generando el círculo
vicioso de la recesión.
La respuesta de las autoridades, y en especial
las políticas de recortes de gasto público y de los salarios, agudizan
aún más esta situación depresiva, haciendo que ni siquiera sea posible
eliminar la deuda. (...)
Algunas economías contrarrestaron esta
tendencia mediante al recurso a la demanda externa, promoviendo las
exportaciones, para lo cual aplicaron deliberadamente políticas aún más
intensas de restricción salarial (como dijimos más arriba, en Europa el
ejemplo más claro es Alemania).
Obsérvese, sin embargo, que esta
alternativa depende de que en otras economías la demanda interna (el
origen de sus importaciones) sea suficientemente fuerte. Y en estas
economías, en un contexto de restricción salarial, esto sólo es posible
mediante el recurso a la deuda. Ésta fue la verdadera palanca del
crecimiento en el modelo neoliberal… mientras duró.
El proceso de financiarización se
relaciona con la creación de deuda en un doble sentido. Por un lado,
como hemos visto, contribuye a reforzar la tendencia al estancamiento
del sistema, y por tanto la necesidad de la deuda.
Por otro lado, su
propio desarrollo permite la aparición de instrumentos y mercados que
facilitan el acceso al crédito: es parte del negocio. En cierto sentido,
por tanto, crea el problema y a la vez genera la solución; pero una
solución que sólo puede ser temporal.
También es importante destacar otra
idea: la financiarización de la economía incrementa lo que se denomina
como “fragilidad sistémica”. Una de las características de este proceso
es que es cada vez más frecuente la existencia de agentes que se
endeudan para financiar operaciones especulativas: adquisiciones a
crédito de activos para revenderlos una vez que su precio se eleve,
siendo posible con esta ganancia de capital devolver el crédito y
obtener un beneficio.
Esto lleva a asumir riesgos crecientes por parte
de los agentes endeudados, pero también por parte de las entidades
financieras, que obtienen importantes beneficios. Éstas no son en
absoluto un agente pasivo del proceso, sino muy activo. (...)
Como hemos señalado antes, el crecimiento pudo mantenerse dentro de
este modelo por el recurso bien a las exportaciones bien a la deuda. (...)
La constitución de la zona euro ha reforzado, finalmente, todas estas
tendencias. En primer lugar, su diseño ha asumido de forma nítida los
fundamentos y la agenda neoliberal, que ha contribuido a consolidar e
impulsar. (...)
Más aún, podríamos decir que el euro creó las condiciones ideales para
la aplicación de las estrategias mercantilistas de países como
Alemania; recordemos, no obstante, que la otra cara del “éxito” alemán
(sus superávits por cuenta corriente) son precisamente los déficits del
resto de países. (...)
Concluimos este apartado con dos breves observaciones finales. El
análisis convencional de la crisis de la zona euro suele identificar
ésta como una crisis de competitividad de los países periféricos y una
crisis de deuda soberana, recomendándose como terapia la devaluación
salarial y los recortes fiscales.
La exposición que hemos hecho hasta
aquí muestra claramente: que no compartimos en absoluto ese
diagnóstico. Centrar la atención en la crisis de deuda soberana nos
parece completamente inadecuado, al ser una consecuencia de la propia
crisis estructural.
En consecuencia, las políticas que se recomiendan
nos parecen desacertadas. De hecho, podríamos decir que estas políticas
son hoy uno de los factores principales para la prolongación de la
crisis. (...)" (Nacho Álvarez Peralta, Fernando Luengo y Jorge Uxo, Economía Crítica y crítica de la Economía, 25/03/2014)
No hay comentarios:
Publicar un comentario