"(...) Lo dramático, sin embargo, es que (...) el déficit público
apenas decrece. Algo que refleja la incapacidad de este Gobierno para
enderezar las cuentas públicas de forma radical, por mucho que la propaganda oficial se regodee en cifras que deberían abochornar.
Después de media docena de años en crisis, el sector público, como anunció
el viernes Montoro, acumuló un déficit equivalente al 6,62% del PIB,
apenas dos décimas menos que el año anterior pese a que las subidas de
impuestos decretadas en el último Consejo de Ministros de 2011 (el
primero de Rajoy) y las decididas en 2012 han tenido un
evidente impacto retardado sobre la recaudación. O lo que es lo mismo,
el déficit fiscal ascendió en 2013 a nada menos que 67.755 millones de
euros. (...)
Eso quiere decir que en dos años, el actual Gobierno sólo ha
recortado el déficit en apenas 2,4 puntos del PIB (sin contar ayudas a
la banca). Sin duda, una victoria pírrica –siendo generosos– fruto de una estrategia de política económica equivocada que se ha centrado en bajar salarios para atraer capital extranjero y que éste pueda comprar pisos baratos o empresas a precio de ganga, pero que ha olvidado que la devaluación de las nóminas se lleva por delante tanto las bases imponibles que grava Hacienda como las cotizaciones sociales
que financian la Seguridad Social.
Por eso, no es de extrañar que de
los 6,62 puntos de PIB de déficit, nada menos que el 83% tenga su origen
en las administraciones centrales (incluyendo Seguridad Social) y no en
las autonómicas.
Lo paradójico del caso es que ahora el Gobierno, en una pirueta antológica,
se plantea bajar impuestos (básicamente IPRF y Sociedades), cuando lo
que tendría que haber hecho en su momento es no subirlos para impedir el
deterioro de la renta disponible de las familias a causa del desempleo. (...)
Los datos no se han hecho públicos todavía, pero es muy probable que
en 2013 –pese a la subida de los impuestos–, los ingresos totales no
hayan superado el 37-38% del PIB, un nivel a todas luces insuficiente
para financiar las grandes partidas del Estado en condiciones dignas de un país desarrollado: pensiones, sanidad, educación o dependencia.
Y la prueba del nueve es que, según
el Gobierno, este año el Estado, en el sentido más amplio, gastará
390.100 millones sin contar deuda y desempleo, lo que revela la
dimensión del problema. Incluso descontando esas partidas, el Estado
tendría déficit fiscal.
Esta es la paradoja de la situación económica española. Los indicadores de coyunturas apuntan, sin duda, hacia una consolidación
de la recuperación económica, con crecimientos superiores al 1% este
año y el próximo, pero, sin embargo, el sector público apenas lo nota:
déficit de otros 60.000 millones de euros en 2014, como prevé el Plan Presupuestario, con un saldo primario (sin intereses de la deuda) del -2,2%.
Quiere
decir esto que los aumentos de recaudación que pomposamente airea el
ministro Montoro tienen más que ver con el dinero público que el Estado ha inyectado en la economía (recuperación de la paga extra a los empleados públicos, pago a proveedores o fondo de liquidez)
que con un auténtico cambio de tendencia.
Las bases imponibles de los
agentes económicos privados (sumando los principales impuestos) siguen cayendo:
un 3,9%. Y ya son seis años consecutivos. Ese es el verdadero problema
de la economía española, y no sólo la inversión extranjera." (Carlos Sánchez, El Confidencial, 29/03/2014)
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