"Ucrania confirma que entramos de lleno en la fase de los “imperios
combatientes”, fase superior de la estupidez humana en el siglo XXI. En
Occidente, el “Imperio del caos”, con Estados Unidos en primer lugar
(ahí están sus obras a la vista; Irak, Afganistán, Libia y Siria),
continúa dispuesto a seguir afirmándose militarmente.
En Europa, la
Unión Europea se confirma como su fiel compañero y pese a la crisis que
merma sus presupuestos militares, busca ampliar su presencia en África y
Europa Oriental, mientras Alemania sale del armario reivindicando
abiertamente el control militar de recursos globales y una “política
exterior más activa”.
El único programa que este “Imperio del caos” ofrece a los imperios
emergentes de Oriente, los BRICS como Rusia y China, es la “completa
sumisión”, explica Samir Amin, pero ni Rusia ni China aceptan ese
programa.
En Ucrania Rusia ha dicho basta. Estaba dispuesta a convivir con una
Ucrania neutral, pero no con un protectorado occidental enfocado contra
ella, algo que rompe a ese país por la mitad y le empuja al conflicto
interno.
Vía la anunciada privatización del sector energético ucraniano,
los grifos de las venas por las que fluye el grueso de la exportación
energética rusa quedarán en manos de Estados Unidos (empresas como
Chevron están en ello), y la inequívoca perspectiva de ingreso en la
OTAN convierte el cerco militar en tierra ancestral rusa en un agravio
insoportable.
La rebelión de Rusia supone un vuelco en la conducta de ese país
durante más de veinte años, siempre cediendo tras la violación de líneas
rojas permanentemente marcadas por Moscú y traspasadas sin ceremonias
por Euroatlántida.
Ese vuelco es visto como un desafío intolerable que
hay que castigar ejemplarmente, pero para Moscú no tiene vuelta atrás,
sin arriesgarse a un desmoronamiento del régimen de Putin. “Lo
importante no es Ucrania en sí, sino el desafío que el vuelco supone”,
dice Fedor Lukianov.
La revisión de los “resultados” de la guerra fría es inadmisible en
Occidente. Aquel resultado que Gorbachov imaginó como un acuerdo entre
caballeros con miras a construir una seguridad continental integrada en
Europa (Carta de París, noviembre de 1990), fue convertido por
Euroatlántida en una fullera y arrolladora ofensiva sobre el terreno
liberado por uno de los dos gángsteres en beneficio del otro.
Los
dirigentes rusos estaban entonces demasiado entretenidos en llenarse los
bolsillos con la privatización y saqueo del patrimonio soviético. Una
mezcla de ingenuidad, desbarajuste, choriceo y espíritu matón. Occidente
considera ahora inadmisible revisar aquel excepcional conglomerado y
quiere escarmentar a Rusia. Pero ¿cómo hacerlo sin empujarla en brazos
de China?
Lo de Ucrania apenas está empezando y China ya asoma como ganadora.
Su presidente Xi Jinping se pasea esta semana por Europa, inspeccionando
el panorama del subimperio occidental; (...)
Si la Rusia de Putin no es la de Yeltsin y Gorbachov, tampoco la actual
China de Xi Jinping es la de Deng Xiaoping. La doctrina china, explicó
Xi en un acto celebrado el jueves en la Körber Stiftung de Berlín, sigue
siendo el rechazo a convertirse en potencia hegemónica.
China no quiere
tratar a los demás de la forma en que ella misma fue tratada por las
potencias occidentales y Japón hasta Mao. Pero Pekín –y esa es la
novedad- también está marcando líneas rojas en el Mar de la China y
advierte contra el cerco del que ella misma es objeto, mientras el
Imperio del Caos pregona el traslado del grueso de sus armadas hacia
Oriente. (...)
Como a Rusia, Estados Unidos acecha a China en sus propias barbas. El
regreso al conflicto y la tensión en Europa no le viene mal a Pekín.
Resta energía al escenario asiático. Aunque Europa no puede pasarse sin
el gas ruso, la mera insinuación de represalias contra Moscú en el
frente energético, empuja a Rusia hacia China. (...)
El cálculo de Pekín es 2020: el pulso con Estados Unidos ya será para
entonces militar. Seguramente en Pekín se considera que el Imperio del
Caos no les dejará en paz sin mediar una crisis militar.
El recurso
militar de China –el potencial en el que está invirtiendo su defensa- es
cegar a la armada del Imperio del Caos atacando todo el sistema
espacial de satélites sin los cuales el principal ejército del mundo ya
no puede vencer en una de esas guerras de ordenador con centenares de
miles de víctimas en el adversario y cero víctimas en el propio campo a
las que está acostumbrado.
Para cuando eso llegue, el suministro
energético, que hoy le llega a China por vulnerables vías marítimas
controladas por el adversario, estará garantizado continentalmente vía
Rusia.
A la Unión Europea y a Alemania todo esto le viene grande. Bruselas
quiere anunciar en junio una estrategia para “disminuir su dependencia
energética de Rusia”. Con ello contribuirá a lo mismo: a crear una
especie de nuevo mundo bipolar, Euroatlantida contra Eurasia.
Ese no es
el escenario de Rusia, ni de China, ni de los BRICS en general, pero,
por lo visto, es el único programa que maneja el Imperio del Caos.
Teniendo en cuenta los retos del siglo; el pico petrolero y demográfico,
las enormes incertidumbres que anuncian la desigualdad y el
calentamiento global, un verdadero premio Nobel de la estupidez. (...)" (Rafael Poch, La Vanguardia, 29/03/2014)
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