"Hace tan sólo doce meses, el 26 de abril del 2013, con los semblantes
adustos, el Gobierno escenificó en una rueda de prensa tras un Consejo
de Ministros una suerte de funeral de la economía española. Presionados
por unos exigentes objetivos de consolidación fiscal, las cuentas no
salían.(...)
De cumplirse ese ajuste de casi 25.000 millones, el diagnóstico del área
económica del Ejecutivo al unísono era inapelable: el paciente sufriría
otro shock brutal que lo sumiría en una nueva recaída. (...)
Santamaría, Guindos y Montoro comparecieron ante las
cámaras cariacontecidos, mostrando su honda preocupación porque la
economía no crecería por encima del 1 por ciento hasta 2016. Por primera
vez, presentaron unas previsiones mucho más realistas y, por lo tanto,
mucho más lúgubres. Sólo que la reacción en las encuestas de intención
de voto fue terrible.
El PP se desplomó sin remedio. Durante varios
meses, el desánimo cundió entre los ciudadanos. Así que el entorno del
presidente Rajoy entonó el nunca más. Desde entonces, Moncloa impuso la
consigna de que no se trasladasen al electorado más sensaciones
negativas. (...)
Apenas tres meses más tarde, a la vez que los ataques de Bárcenas salpicaban las portadas, el ministro de Economía concedió una entrevista al diario El País con el propósito de transmitir que las perspectivas macro apuntaban hacia arriba. (...)
Conforme las palabras de Draghi seguían obrando maravillas sobre una
prima de riesgo a la baja, los siguientes meses brindan una mejora
espectacular del turismo y las exportaciones. Se aprueba un nuevo plan
de pago a proveedores que inyecta más de 13.000 millones en la economía.
Se restablece la paga extraordinaria de los empleados públicos, que
pone en circulación otros 4.000 millones. El ajuste de personal de las
Administraciones iniciado en 2012 se frena en la recta final del 2013. Y
el recorte presupuestario se pospone. (...)
Y sin importar el ajuste aún pendiente de las cuentas, el Ejecutivo
comienza una campaña en la que un día sí y otro también repite el
mensaje de que van a bajar impuestos.
Entretanto, la eurozona sale de la recesión, y el Gobierno puede
revisar al alza las previsiones, situando la tasa de crecimiento en un
1,2 por ciento en 2014 y un 1,8 en 2015. “España ha hecho las reformas y
ha dejado de ser el problema. Ahora lo es Francia”, sostienen sin
complejos varios altos cargos. (...)
Aunque el mercado laboral empieza a crear empleo, éste resulta precario e
insuficiente para corregir la enorme masa de parados existente. Si
incluso con la construcción funcionando a pleno ritmo el paro sólo
descendió a un punto por año, ¿cuánto hará falta ahora para reducir una
tasa de desempleo en el entorno del 25 por ciento? (...)
Las exportaciones se ralentizan debido a un euro fuerte y la pérdida de fuelle de los emergentes. (...)
Por si fuera poco, salvo por los casos de las empresas exportadoras,
la inversión productiva ha encajado seis años de recortes, procede de
niveles muy bajos y le está costando bastante coger cierto ritmo capaz
de generar empleo. Aunque claro, no es de extrañar cuando la
fragmentación financiera dista de solventarse y una pyme española se
financia un 60 por ciento más caro que una germana.
Tras seis años de crisis, la deuda externa neta continúa siendo extraordinariamente alta (...)
Es más, con la salvedad de Irlanda, España es el único país de la
periferia europea que no se encuentra a punto alcanzar el superávit
primario, un concepto fundamental porque mide el agujero presupuestario
una vez se resta la carga de intereses. O lo que es lo mismo, sirve de
baremo para constatar si los gastos se han ajustado a los ingresos, un
hito que todavía se percibe lejano para España pero que hasta Grecia ha
logrado.
Rajoy y sus ministros sencillamente han dado una patada hacia delante
al ajuste de las cuentas públicas. Y si bien la meta de déficit de este
año se antoja asequible, la de 2015 parece francamente irrealizable en
medio de una carrera electoral y teniendo que cumplir con la rebaja de
impuestos comprometida. (...)
En definitiva, por mucho que se haya encontrado un suelo estadístico en
multitud de indicadores, el camino hacia una recuperación sostenible se
vislumbra todavía complicado, máxime cuando parece que el Ejecutivo ha
levantado los brazos con el ajuste fiscal. A menos que la estrategia de
Rajoy consista en esperar a que Francia fracase con su plan de recortar
50.000 millones y así se pueda aprovechar en 2015 de una nueva
relajación de los objetivos de déficit propiciada por los galos." (Antonio Maqueda, Vox Populi)
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