"La reciente historia económica en España muestra un claro deterioro de
la calidad de las estadísticas que se van publicando, haciendo cada vez
más difícil emitir un diagnóstico certero sobre la realidad económica y
social del país. (...)
La verdadera razón de esta creciente desconfianza hay que situarla en un
objetivo político que persigue tratar de convencer con propaganda de
que la realidad económica es manifiestamente mejor que la que viven y
sufren diariamente los hogares o una gran parte de las empresas en
España.
(...) se están llevando a cabo prácticas aún más llamativas, como ha sido
el cómputo del déficit público en 2013 sólo con 10 meses, para aparentar
que se cumplía el objetivo de Bruselas, aunque luego la Comisión ha
puesto en su sitio al Ejecutivo.
También es llamativo el dato del cuarto
trimestre de 2013 del PIB, con una sospechosa reducción del gasto
público, compensada por aumentos del consumo privado que en nada se
justifican con los datos de coyuntura.
Ante esta avalancha de contradicciones, puestas de manifiesto por algunos economistas que no comulgan con el status quo,
y de las que pronto se harán eco en Bruselas, los ciudadanos recelan
cada vez más de la propaganda gubernamental, a la que se han unido ya
sin fisuras todos los grandes medios de comunicación, sin exclusión,
incluyendo el Grupo Prisa.
Los mensajes de que la recuperación económica
es un hecho, de que ya se ha dado la vuelta al ciclo económico y que
España lidera la caída del desempleo, repican cada vez más entre los
millones de parados de larga duración, entre los miles de ciudadanos que
se van fuera de España o que simplemente dejan de estar activos. (...)
Por esta razón, las últimas cifras económicas publicadas son realmente
un canto a esta paradoja que pocos son capaces de explicar. Por un lado,
las cifras del PIB del primer trimestre de 2014,
un 0,4% trimestral y 0,6% anual, chocan, de nuevo, con las cifras de
coyuntura económica.
Por un lado, el PIB de nuevo refleja un crecimiento
del consumo privado, frente a un descenso de las ventas minoristas en
febrero y marzo, y por otro lado una sensible reducción de las
importaciones que habría servido para ajustar el PIB y mostrar dicho
crecimiento. Pero la gran paradoja es que este crecimiento se produce en
un contexto de ajuste laboral, se han perdido más de 184.000 empleos en
el último año, según ha publicado la EPA
hace unos días.
Es decir, en un contexto de recesión del mercado
laboral, medido por la caída del empleo, por la fuerte pérdida de
actividad, se puede crecer casi un 1%, con el consumo creciendo, a pesar
de la pérdida de empleo, y sin apenas crédito en el sistema. Este
supuesto milagro, sólo puede estar inducido desde algunas fuentes para
poder presentarse ante el electorado y poder justificar el daño impuesto
a los percentiles de renta medios y bajos. (...)
La creciente desigualdad en la distribución de la renta, que señala la
OCDE, es otro elemento que también distorsiona los resultados
presentados. Una economía cuyas rentas medias y bajas están tan
castigadas en todos los sentidos, fiscalmente, salarialmente,
laboralmente y en términos de prestaciones públicas, es muy difícil que
pueda crecer al ritmo que quieren que creamos que crecemos.
Cuando el
crédito al sector privado sigue estancado y muy caro, cuando el sistema
de la dependencia está agonizando o cuando se sigue destruyendo empleo a
tiempo completo al ritmo que lo hace el mercado laboral español, no es
posible, casi por sentido común, pensar que se puede estar saliendo de
una profunda recesión en la que llevamos desde finales de 2007. (...)
Los datos de la EPA son estremecedores: un descenso de 424.000
activos en el último año, marcando el mínimo desde 2001, con una tasa de
actividad por debajo del 60% y una tasa de empleo del 44,05%. En
cualquier economía lógica y transparente, esto induciría a pensar que
estamos todavía en fase recesiva, como lo mide por ejemplo el NBER en
EEUU, y no se podría ignorar esta realidad económica.
Un país de 45
millones de personas, con casi 15,6 millones de inactivos y 8 millones
de pensionistas, sencillamente no tiene futuro y estaría en fase
terminal, salvo en la España de un presidente que se siente muy contento
con la situación actual.
La calidad del empleo es otra variable a
estudiar. La industria y la construcción siguen destruyéndolo; incluso
los servicios, a la espera de la estacionalidad de la hostelería,
también lo hacen y sólo la agricultura crea empleo, otra luz que debe
hacer reflexionar a los que supuestamente gobiernan este país.
En
suma, después de destrozar el mercado laboral, hundir gran parte de las
prestaciones públicas y soñar que con cambios metodológicos de las
principales estadísticas pueden hacer desaparecer las enormes
contradicciones entre las cifras estadísticas, solo queda denunciar esta
manipulación de las conciencias y de la información (...)" (Alejandro Inurrieta, Attac España, 05/05/2014)
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