4.5.14

La subida del salario real acarrea un nivel de ocupación más elevado

"(...) El punto de partida para justificar la existencia de un salario mínimo es profundamente teórico. Una de las mayores discrepancias entre la ortodoxia y la heterodoxia, se produce sobre la forma de la curva de demanda de trabajo.

 Para la ortodoxia, dado un gasto autónomo real, existe una relación negativa entre el nivel del salario real y la demanda de trabajo de las empresas.

Por el contrario, para aquellos que defendemos el principio de demanda efectiva, bajo unos supuestos microeconómicos realistas, existe una relación positiva entre el nivel del salario real y la demanda de trabajo de las empresas.

 Un aumento del salario real comporta un desplazamiento a lo largo de la curva de demanda efectiva de trabajo, de manera que la subida del salario real acarrea por tanto un nivel de ocupación más elevado. Esta relación positiva es paradójica. Lo que es cierto para una empresa, puede ser falso a nivel macroeconómico. Es la paradoja kaleckiana de costes.

La relación empírica negativa entre salarios reales y empleo que se observa en España conforma en realidad una correlación espuria. En economías que crecen vía deuda, los salarios reales caen

 Por eso, la recomendación de la ortodoxia de disminuir el salario real llevaría en realidad a una subida del margen de beneficios por unidad vendida, pero la masa de beneficios totales no cambiaría en modo alguno, mientras que la renta nacional, ventas y empleo global disminuirían. La propuesta de recortes salariales hecha por diversos autores acabaría siendo contraproducente, aceleraría la espiral deflacionista y hundiría definitivamente el sector bancario.

Si dejamos que actúen solo las fuerzas del mercado, éstas conducirán a la economía a un equilibrio subóptimo con débil ocupación y un pobre nivel de vida. Dado que el equilibrio alto de empleo es inestable, tan solo la intervención del Estado podrá conseguir que la economía se mantenga cerca del mismo.

 Para ello éste debe intervenir para conservar unos salarios reales altos, incluso en períodos de paro, fijando por ejemplo un salario mínimo interprofesional garantizado que presione al alza a todo el abanico salarial; imponiendo incluso salarios elevados en el sector público. (...)"            (Juan Laborda, Vox populi, 12/04/2014)

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