"(...) Lo que demuestran los resultados es precisamente que Europa no existe
y no ha existido nunca y que su propia heterogeneidad, potencialmente
peligrosa, abre también posibilidades, al menos en el sur, a una
intervención desde la izquierda.
Con todas las reservas, creo que
Podemos ha tocado la tecla adecuada y no se puede dejar de recordar que
su crecimiento ha sido mucho más rápido y musculoso que el de cualquier
fuerza de la ultraderecha europea. No es ni mucho menos una victoria,
pero es una muy buena noticia y tan absurdo sería dejarse llevar por la
euforia como negar su importancia, que muy pocos -en la derecha y la
izquierda- habían sabido anticipar.
Eso dice ya mucho de Podemos:
nadie contaba con ellos. Nadie contaba, en realidad, con aquéllos con
los que no contaba nadie, con todos aquellos que el doble bipartidismo
español (el del PP-PSOE, pero también el de IU-Izquierda Radical) había
dejado fuera y que ahora han visto en Podemos, de pronto, como quien ve
la palabra en la sopa de letras, un vehículo con tres marchas que ya
ninguna otra caja de cambios (ni las de los grandes camiones ni las de
las pequeñas motos) permiten: indignación, ilusión y política.
Es una
combinación potencialmente peligrosa pero también potencialmente
ganadora, como así lo demuestra el hecho de que en solo tres meses
Podemos haya pasado de la inexistencia a convertirse en la cuarta fuerza
política del país.
No se trata sólo de ganar: cualquier PP,
cualquier PSOE puede hacerlo. Pero se trata de ganar: eso IU no puede
hacerlo. Ganar y no sólo ganar es el desafío de Podemos a partir de
ahora: movilizar la indignación sin vaciarla de contenido, no matar la
ilusión con demasiada “política”, hacer política con los círculos y
desde ellos.
Hay cosas de Podemos que no me gustan, pero he llegado a
una edad en que me fío poco de lo que me gusta; lo que me gusta ha
introducido efectos tan poco positivos en este mundo -por no hablar de
los negativos- que casi me ocurre, al contrario, que basta que una cosa
no me guste del todo para concluir que algo tendrá de bueno.
No estoy
dispuesto ya a defender lo que me gusta, que tan malos resultados ha
dado, y sí a defender cosas que me gustan menos, pero que pueden llegar
objetivamente más lejos. No se trata sólo de ganar, pero para ganar
habrá que correr riesgos a nivel de significante, buscar ambiguos y
hasta peligrosos enganches formales y culturales con las mayorías
sociales, dejar los elitismos doctrinales.
Se trata de ganar, sí, pero
para no-sólo-ganar, para que gane la izquierda -y no otro PSOE- habrá
que recordar siempre los motivos por los que el 15-M gritó “no nos
representan” y no hacer concesiones ni de contenido ni de práctica
política.
Todo es negociable, salvo la indignación, la ilusión y la
política de la gente, gente que debe ser siempre la única dueña del
proyecto si no queremos que vuelva a encerrarse en sus casas, retorne al
redil del bipartidismo o -aún peor- se entregue al leviatán del
populismo fascista.
No puedo ocultar mi alegría por los resultados de Podemos. Por ellos mismos, sí, pero también como síntoma. Podemos
ilumina y acelera una mutación que llevábamos décadas esperando y que
llega cuando tenía que llegar: cuando mayor es el peligro.
Por eso
mismo, y como recordaba Pablo Iglesias en la fiesta electoral,
aún no se ha ganado nada; todo sigue igual que ayer y todo va a
empeorar; y tan grande es la posibilidad de ser derrotados como real es
la posibilidad -que por primera vez existe- de doblar el curso de la
historia. Hay que exigir y demostrar, por tanto, el más alto grado de
responsabilidad, madurez, compromiso y honestidad. Las elecciones
europeas son en realidad el verdadero comienzo." (Santiago Alba Rico, Cuarto Poder, Rebelión, 27/04/2014)
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