"(...) Esto, también te lo dije… Jenkins.
Esta forma de entender mi
trabajo hacía que siguiera con rigor extremo los protocolos de
conocimiento del cliente, la normativa exhaustiva para evitar riesgos
reputacionales, toda la parafernalia de normas para mantener intacto el buen nombre de la marca y
el absoluto respeto hacia los clientes.
Y al mismo tiempo, ponía toda
la carne en el asador. Trabajaba con mi equipo con ilusión, creyendo a
pies juntillas que no éramos un banco de productos a colocar, sino un
banco de clientes satisfechos. Recuerdo cómo año tras año se recibían
felicitaciones desde Londres, maravillados por el crecimiento en
beneficios propio de un país emergente.
El banco azul... como los cielos que nunca navegué.
Pero
llegaron las sinrazones y los sinvergüenzas, que vosotros mismos
ascendisteis y elevasteis a los altares desde Londres. De su mano llegó
también la codicia de sus aspiraciones, imponiendo un
cambio de modelo que estaba enfocado a generar cifras artificiales,
aunque muy epatantes, con las que ilustrar los floreados powerpoints que
paseaban por la City.
La sinrazón y los sinvergüenzas… esto también te lo dije hace cuatro años, Jenkins.
Y así llegaron las presiones para dejar de ser una banca de clientes,
al más puro estilo de “hay que venderlo todo señor”.
Y una cosa llevó a
la otra, a la falta de criterio, a la falta de honestidad y de
escrúpulos, a pillar parte del pastel envenenado de la burbuja
inmobiliaria de este país. En definitiva, la sinrazón y los
sinvergüenzas.
Los primeros que nos negamos fuimos directamente “invitados” a
marcharnos con un despido improcedente bajo el brazo. Según los
brillantes directivos que vosotros designasteis para llevar el timón en
España, algunos estábamos mayores para adaptarnos al nuevo modelo.
Yo
tenía 54 años, tenía a mi cargo a un equipo de 80 personas y a miles de
clientes, extranjeros en su mayoría, jubilados como los jubilados que en este país han sufrido el expolio de las preferentes, y también tenía la inmensa fortuna de mantener algo lo que carecen los sinvergüenzas: mi escala de valores, intacta.
Parece que me repito, Jenkins, pero esto, también te lo dije.
Y
no, por más que me lo exigiesen no modifiqué las evaluaciones sobre mi
equipo para cumplir una campana de Gauss según la cual, como me instruyó
el niñato de turno que pusisteis al mando, tenía que designar un 30% de personas incapaces.
Así, por bemoles.
Tampoco me dio la gana vender estructuras imposibles a
todo el que pisara las oficinas, abusando de la confianza que mis
clientes habían depositado en mi equipo y en mí. Y como yo, muchos otros
se negaron a tanta sinrazón y a tanto… sinvergüenza.
Por más que me repita, Jenkins, esto también te lo conté. (...)
Por eso, y aunque hayan pasado cuatro años y yo haya seguido
escribiéndote tres cartas más, como verás, me vuelvo a dirigir a ti,
Jenkins. Te doy mi palabra que ésta es la última vez que lo hago.
Sinceramente, creo que el “non core” eres tú. Tal vez hayas podido obtener una tregua de tus accionistas,
pero sabes igual que yo que sólo es una tregua y me atrevo a afirmar
que has ganado esta batalla, pero no ganarás esta guerra, Jenkins.
No
sé mucho de contiendas, pero de lo que estoy segura es que ningún
estratega que se precie dispara contra sus propios soldados ni contra
sus fuentes de abastecimiento, y tú lo has hecho disparando contra la
plantilla y contra tus clientes, que ahora por lo visto ya no se llaman
clientes sino “non core” business.
Yo te lo dije, Jenkins, y como yo, te lo dijimos muchos.
Por
eso, y con todos mis respetos y sin ningún tipo de animadversión, el
que único “no estratégico” eres tú, porque una vez más te pueden las
soluciones frontales. Lo tuyo no es un fallo de comunicación. Todo
parece deliberadamente orquestado para “lanzar a los leones” de los
posibles compradores lo que tú has denominado “no estratégico”. Un mensaje muy contundente: nos vamos.
A cambio de que la operación te salga más rentable, sacrificas tus
mejores activos, Jenkins, a empleados y clientes. Y ninguno de ellos
olvidará. Como dicen los chinos, amigo Jenkins, que los dioses te
devuelvan, multiplicado por diez, lo que estés haciendo a otros; lo
bueno y… lo malo.
La loba azul" ( Carlos Hernanz, El Confidencial, 22/05/2014)
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