"El obstruccionismo británico a la creación de una tasa Tobin —el popular
y aún inalcanzado impuesto a las transacciones financieras— ha logrado
premio de consolación. Ha retrasado su adopción. (...)
El retraso provocado por los piratas de la City y su servil Gobierno no es el único zarpazo propinado al impuesto desde su primer proyecto, en 2011. Al reducirse el número de operaciones a las que se aplicará (compraventa de acciones y sus derivados, en vez de todos los activos financieros)
y el número de países implicados (de 28 a 11/10) también bajará la
recaudación.
De los 55.000 millones proyectados se recaudarán solo
3.000. España, de 5.000 a 640, y con retraso: ¿cómo sustituirlos?
Otro zarpazo, nacionalista, aprovechando vericuetos: la recaudación
no se destinará a engrosar el presupuesto común (en su versión inicial,
cubriría un tercio); ni a alimentar un nuevo presupuesto de la eurozona;
ni a la cooperación al desarrollo, todas esas causas nobles en que
soñábamos. Ayudará a equilibrar las cuentas públicas de los Estados miembros, aurea mediocritas.
Entre tanta miseria moral, sin embargo, alumbra algo así como una
ambición. Este no es un retoque fiscal. Será el primer impuesto creado
por Europa desde cero. Si se deja horizonte abierto, podrá crecer.
Crecerá. Y sobre todo, sentará un precedente para la armonización
fiscal, que sigue en mantillas.(...)" (
Xavier Vidal-Folch
, El País, 7 MAY 2014 )
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