20.6.14

El BCE ha mostrado una tensión compulsiva hacia la deflación, y ahora...

"Draghi ha vuelto a actuar y el coro ha respondido como se esperaba, alabando las virtudes de la nueva divinidad. (...)

pocos milagros pueden esperarse, por mucho que el entusiasmo de los acólitos persista.
En primer lugar, porque de ninguna de las medidas anunciadas se puede esperar un impacto positivo sobre las tasas de crecimiento del producto nominal que permitan reducciones significativas sobre el desempleo. 

Nada podrá avanzarse en la solución de la crisis si no se asume que una parte, sólo una parte, del problema de Europa es que se encuentra atrapada entre un BCE que ha mostrado una tensión compulsiva hacia la deflación, unas autoridades europeas obsesionadas por la aplicación procíclica de políticas fiscales contractivas y un sistema bancario insolvente que, en su afán de recapitalizarse y desapalancarse para evitar reestructurarse, está ahogando a la economía real. 

En segundo lugar, porque nada garantiza que el que se pongan a disposición de la banca hasta 400 mil millones de euros para tratar de aliviar la restricción crediticia de familias y empresas, aquélla vaya efectivamente a demandarlos y  canalizarlos hacia éstos. 

Si la banca está devolviendo anticipadamente el 55% de los recursos demandados en los primeros LTRO y si el crédito a las entidades no financieras sigue cayendo al ritmo al que lo hace, el problema no puede ser de liquidez sino de demanda solvente.(...)
 
En tercer lugar, la medida de penalizar los depósitos en el BCE con un tipo de interés negativo tampoco es una medida que favorezca, forzosamente, la expansión del crédito porque, de entrada, no convierte en solvente la demanda insolvente y porque, además, incentiva que esa liquidez se dirija hacia deuda soberana a corto plazo para disminuir coyunturalmente su liquidez y evitar así pagar el impuesto, lo cual significa más gasolina para la burbuja de la deuda soberana de las economías periféricas.

Pero es que, además, como ocurrió en el caso de Dinamarca, esa medida puede ser repercutida por la banca sobre sus depositantes, bajando aún más los tipos de pasivo para tratar de desincentivar la entrada de nueva liquidez, o sobre los prestatarios, repercutiendo entonces negativamente sobre el crédito, lo contrario de lo que se deseaba.

Y, en cuarto lugar, si lo que se pretendía era depreciar un euro sobrevalorado la resultante no podía haber sido más frustrante: el euro se ha mantenido en su nivel tras una primera reacción a la baja. Parece que las instituciones financieras ya habían descontado gran parte de esas medidas, tal vez –sólo tal vez- porque Draghi las había anticipado casi todas.

En definitiva, las medidas del BCE llegan tarde, mal y desenfocadas si se las contempla desde la perspectiva real. Otra cosa es si las valoramos desde la perspectiva de la élite financiera (...)"                 (Alberto Montero, La otra economía, 12/06/2014)

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