"Draghi ha vuelto a actuar y el coro ha respondido como se esperaba, alabando las virtudes de la nueva divinidad. (...)
pocos milagros pueden esperarse, por mucho que el entusiasmo de los acólitos persista.
En primer lugar, porque
de ninguna de las medidas anunciadas se puede esperar un impacto
positivo sobre las tasas de crecimiento del producto nominal que
permitan reducciones significativas sobre el desempleo.
Nada podrá
avanzarse en la solución de la crisis si no se asume que una parte, sólo
una parte, del problema de Europa es que se encuentra atrapada entre un
BCE que ha mostrado una tensión compulsiva hacia la deflación, unas
autoridades europeas obsesionadas por la aplicación procíclica de
políticas fiscales contractivas y un sistema bancario insolvente que, en
su afán de recapitalizarse y desapalancarse para evitar
reestructurarse, está ahogando a la economía real.
En segundo lugar,
porque nada garantiza que el que se pongan a disposición de la banca
hasta 400 mil millones de euros para tratar de aliviar la restricción
crediticia de familias y empresas, aquélla vaya efectivamente a
demandarlos y canalizarlos hacia éstos.
Si la banca está devolviendo
anticipadamente el 55% de los recursos demandados en los primeros LTRO y
si el crédito a las entidades no financieras sigue cayendo al ritmo al
que lo hace, el problema no puede ser de liquidez sino de demanda
solvente.(...)
En tercer lugar, la
medida de penalizar los depósitos en el BCE con un tipo de interés
negativo tampoco es una medida que favorezca, forzosamente, la expansión
del crédito porque, de entrada, no convierte en solvente la demanda
insolvente y porque, además, incentiva que esa liquidez se dirija hacia
deuda soberana a corto plazo para disminuir coyunturalmente su liquidez y
evitar así pagar el impuesto, lo cual significa más gasolina para la
burbuja de la deuda soberana de las economías periféricas.
Pero es que, además,
como ocurrió en el caso de Dinamarca, esa medida puede ser repercutida
por la banca sobre sus depositantes, bajando aún más los tipos de pasivo
para tratar de desincentivar la entrada de nueva liquidez, o sobre los
prestatarios, repercutiendo entonces negativamente sobre el crédito, lo
contrario de lo que se deseaba.
Y, en cuarto lugar, si
lo que se pretendía era depreciar un euro sobrevalorado la resultante no
podía haber sido más frustrante: el euro se ha mantenido en su nivel
tras una primera reacción a la baja. Parece que las instituciones
financieras ya habían descontado gran parte de esas medidas, tal vez
–sólo tal vez- porque Draghi las había anticipado casi todas.
En definitiva, las
medidas del BCE llegan tarde, mal y desenfocadas si se las contempla
desde la perspectiva real. Otra cosa es si las valoramos desde la
perspectiva de la élite financiera (...)" (Alberto Montero, La otra economía, 12/06/2014)
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