10.6.14

"Mi médico me dice que mi estado de ánimo no puede considerarse depresión porque está justificado por la coyuntura"

"(...) Pero la distancia entre los que van tirando en el día a día y los que dejan de hacerlo es cada vez más corta. Natalia, una trabajadora social de 40 años que prefiere no dar su verdadero nombre, tenía una situación económica acomodada hace pocos años. Vivía con su marido y sus dos hijos en un chalé que habían adquirido en momento álgido de la burbuja inmobiliaria. 

Pero, tres años después de divorciarse y tras perder su trabajo, comenzó un peregrinaje nada grato por empleos mal pagados y a tiempo parcial. Finalmente, ha tenido que dejar su casa y mudarse a la de su padre junto a sus  hijos y su nueva pareja. 

El chalé ahora está en alquiler porque es la única forma de seguir pagando la cuota mensual de la hipoteca, cercana a los 1.000 euros. "Estoy agotada. No sé si es el desánimo o la desilusión. O todo", dice Natalia con un hilo de voz al otro lado del teléfono.

Hace tiempo que no puede asumir los gastos básicos, que corren a cuenta de la pensión de su padre. Su nuevo hogar (en realidad, el de su padre) es uno de los casi dos millones que, según la última EPA, tienen a todos sus miembros activos en paro. También forma parte de ese 16,9% de familias que dice llegar a fin de mes "con mucha dificultad" en la Encuesta de Condiciones de Vida, lo que supone 3,4 puntos más que en 2012.

Ella tiene ocho meses de prestación acumulados, pero no puede consumirlos porque dejó su último trabajo antes de ser despedida. Su situación allí era insostenible. Jorge, su pareja, tiene derecho a subsidio de 426 euros por 20 meses más, pero probablemente se lo retirarán antes porque su hijo será en menos de un año mayor de 25.

"Antes al menos sentía que estaba en mi casa, que tenía algo mío. Ahora ya ni eso. Vivir dependiendo de que otros te ayuden, porque solo así puedes seguir adelante, machaca mucho y significa asumir una pérdida de indepedencia y autonomía que ya habías alcanzado", asegura.

Entre la incomprensión del "es lo que hay" y la frustración de buscar empleo sin descanso y no encontrar, Natalia palia la angustia del día a día a base de ansiolíticos. "Mi médico me dice que mi estado de ánimo no puede considerarse depresión porque está justificado por la coyuntura. No me deriva a salud mental, además, porque dice que está colapsado", cuenta.

Algunos estudios médicos ya han sacado a la superficie una relación directa entre crisis y salud mental. Es el caso de Screen (2006) e Impact (2010), dos trabajos que han analizado comparativamente la presencia de ciertos síntomas en las consultas durante estos años.

 Entre los resultados, los más llamativos apuntan a un aumento del 19% de pacientes que acuden a su médico de cabecera por problemas de sueño y un 12,8% de los que lo hacen con síntomas de ansiedad."               (Laura Olías / Sofía Pérez Mendoza , eldiario.es, 04/06/2014)

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