3.6.14

Vaya momento que ha elegido... porque al no ser clarificadas las causas reales de la abdicación, queda abierto el espacio para una lectura antiinstitucional, impensable hace un par de semanas

"(...) Así las cosas, las incógnitas se desplazan del por qué al por qué ahora. Era razonable que un hombre de su edad, y con el gran desgaste físico que ha acompañado a una cascada de intervenciones quirúrgicas, perciba que el servicio a los deberes del cargo deban ser atentidos por alguien en plenitud de facultades.

Envuelta la explicación en todos los eufemismos del caso, hubiera sido fácilmente comprensible por todos, pero el Rey prefirió aludir solo a su recuperación. De este modo, el límite de la edad basta para fundamentar una previsible abdicación, no el que la misma tenga lugar en las difíciles circunstancias actuales.  (...)

En política, los tiempos cuentan, y existe el acuerdo general de que no es bueno elegir como momento del desembarco cuando hay temporal. Desde el punto de vista de los intereses monárquicos, la asociación entre la marea radical de las elecciones europeas y la abdicación no puede ser más negativa.

 La lectura ha sido inmediata entre los primeros comentaristas, para fundamentar la exigencia de referéndum por IU, Podemos y Equo: la abdicación viene a probar que existe una profunda crisis de régimen, con graves consecuencias para la legitimidad democrática de los grandes partidos, y que sería ahora refrendada por la renuncia del Monarca.

¿Qué mejor momento para proponer una asamblea constituyente o para exigir un referéndum de cara a la Tercera República? La Constitución no importa, y aquí interesadamente se forma la amalgama entre quienes proponen (proponemos) la reforma de la Constitución en sentido federal y los que van hacia otras direcciones más ‘participativas’ (es decir, de signo autoritario).
Al no ser clarificadas las causas reales de la abdicación, queda abierto el espacio para una lectura antiinstitucional, impensable hace un par de semanas. Es más, al presentar el Rey como base de sus argumentos las exigencias de renovación, con el consiguiente relevo generacional, de modo involuntario resulta respaldada la opción antisistema.(...)

Y está Cataluña. Si por lo que acabamos de ver, muchos demócratas apoyan la idea de un referéndum institucional, ¿por qué no respaldar la ‘consulta’ de Mas? La erosión del orden constitucional está en estricta correlación con el incremento de las opciones independentistas en Cataluña.

Aunque no figurase en la ley fundamental, al Monarca era adscrita implícitamente la función de «guardián de la Constitución», que hubo de ejercer el 23-F. Ahora toca atravesar un desierto de poder, con el problema alcanzando su máxima intensidad con un rey no consolidado.

 La vulnerabilidad del sistema crece. Hubiera sido de desear un máximo de tranquilidad en la vida política española para antes del 9 de noviembre debatir con sosiego, ofrecer soluciones y medir riesgos. El tema de la sucesión solo viene a añadir complicaciones.
En suma, si las razones personales de edad son sólidas para explicar la decisión de fondo, pero no el momento de hacerla pública, las políticas de coyuntura hubieran debido sugerir siquiera un breve aplazamiento.

 Queda en fin la cuestión elidida del deterioro de la salud de don Juan Carlos, negada en el mensaje. Incluso de ser esta la causa, la adopción de la ley orgánica de sucesión debería haber precedido a la abdicación. Recuerdo que en la única conversación prolongada que mantuve con el Rey, en julio de 1988, él insistió en que el objetivo de la Corona, de la institución, había estado siempre detrás de sus concesiones al régimen de Franco. En la circunstancia presente, ese objetivo, fortalecer una institución dañada, se hubiera alcanzado tal vez mejor atendiendo a tiempos y circunstancias."                (EL CORREO 03/06/14, ANTONIO ELORZA, en Fundación para la Libertad)


"ABDICAR ES ceder. Siempre. De ahí que ni los reyes ni los papas cedan. 

 Los que ceden son los vulgares demócratas y para ellos fue dispuesto el verbo dimitir. En algún lugar leí ayer que el Rey dimitía. Probablemente el oxímoron más gigantesco de la historia de España. Habían asegurado que el Rey quería morir en el trono. Pero no pudo ser, que dice la prensa deportiva.

La abdicación es la última de la larga serie de modernidades de la monarquía española. No será ajeno a ella el hecho de que hace diez días el Rey abriera cuenta en Twitter. Yo estoy más o menos de acuerdo con el sentir proclamado de que Juan Carlos I ha sido el mejor Rey de la historia española.

 Aunque se convendrá que, dada la historia moderna de España, eso no sea decir mucho. Pero su final no ha estado a la altura de la obra.

Cuando el presidente Rajoy, impecable en fondo y forma, anunció que el Rey hablaría en la mañana pensé que iba a decir que se estaba muriendo. Pero qué va. En los últimos tiempos nunca pareció mejor. No dio sus enfermedades como causas. El relevo generacional, eso dijo. El Rey hablando como un funcionario sesentón.
No.
El Rey se ha ido en el mal momento. La crisis. El populismo. La secesión. Un Rey sólo puede ceder, si acaso, ante el sosiego y la prosperidad. El Reino vivía una larga paz, estos comienzos de capítulo de la Historia. ¿Qué es, en cambio, lo que el Rey deja a su hijo, Felipe VI? Voy a decirlo. Una Cataluña que sea su 23-F. Y una reforma de la Constitución que sea su referéndum legitimador. Que la fuerza le acompañe.

La herencia es envenenada porque sitúa a la Corona, y al joven Rey, en el centro del conflicto político. Exhibido y vulnerable. Tan exhibido y vulnerable como estuvo su padre aquella lejana medianoche de febrero. Los asuntos de los que se tenía que ocupar el tranquilo presidente del Gobierno, con el Rey en la penumbra, pasan a ser de pronto un asunto de la Monarquía, que emplaza y compromete a la Monarquía.

 No hay mejor y más sintética prueba que lo que hizo anoche el partido más votado en Cataluña: convocar rápidamente a los ciudadanos para que exigieran un referéndum sobre la forma de Estado. Secesión y sucesión. Nunca pensé que nuestro Rey, à la mode, nos urgiera también a votarlo todo."           (EL MUNDO 03/06/14, ARCADI ESPADA, en Fundación para la Libertad)


"(...) Sinceramente creo que el momento llega tarde. El Rey podía haberlo hecho hace cuatro o cinco años. 

Aunque, seguramente, se ha escogido este momento porque una traslación de los resultados de las europeas a las generales pone los pelos de punta.

Con un nuevo escenario político más inestable la Corona no tendría garantizada una sucesión tranquila. Ahora, a pesar del descalabro de los grandes partidos, es un momento más placentero. Eso sí, el PSOE volverá a desangrarse porque una buena parte de sus bases son republicanas.

En el congreso extraordinario no les extrañe que tengan que poner otra urna. Se aceptó el juancarlismo en un momento determinado. ¿Ahora aceptará el felipismo? A perro flaco todo son pulgas."           (Toni Bolaño, Crónica Global, Lunes, 2 de junio de 2014)


"Vaya momento que ha elegido.

(...)  Están presentes todos los datos de estos casi tres annus horribilis para la Corona: cinco operaciones quirúrgicas, la corrupción del casoUrdangarin, la princesa Corinna, la caída en Botsuana son elementos sobrados para definir la crisis.

 Sin embargo, resulta difícil de entender el momento: la crisis económica viene acompañada por la crisis política, la desafección del secesionismo catalán y las apetencias del vasco, la crisis de los dos grandes partidos, con uno de ellos en riesgo de implosión. No hay peor situación imaginable.

Si la Casa Real ha decidido que éste es el momento, ha de ser forzosamente porque considera que el camino del declive no tiene retorno. De otra manera, habría sido más lógico que el Rey echara el resto para transmitir a su hijo la Corona en momentos menos tormentosos.

Ignacio de Loyola ya había advertido sabiamente que, en tiempos de desolación, es mejor no hacer mudanza."            (EL MUNDO 03/06/14, SANTIAGO GONZÁLEZ, en Fundación para la Libertad)

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