"Dos economistas del otro lado del Atlántico discuten el futuro del euro. El primero es Robert Mundell, creador de la moneda única
y premio Nobel en 1999 por sus trabajos sobre la optimización de los
sistemas monetarios.
El segundo es Allan Meltzer, asesor económico de
Ronald Reagan en los años 80 y autor se uno de los más voluminosos
tratados de la Reserva Federal (1.500 páginas). Mundell y Meltzer tienen posiciones diametralmente opuestas sobre el futuro del euro. (...)
Según Mundell, el sentido del euro era ejercer la presión del mercado para desterrar las leyes restrictivas del trabajo que durante décadas fueron una institución europea y una maldición económica. (...)
¿Entonces, qué es lo que ha ido mal en Europa? Mundell insiste en que el
euro "ha actuado en forma espectacular" y que el problema es el gasto
público irresponsable y los déficit excesivos.
Si Europa se mueve a "una
unión más perfecta", donde una autoridad central está facultada para
imponer una estricta disciplina fiscal a los gobiernos díscolos de la
periferia, y Alemania y otros países ricos ayudaran a financiar a sus
vecinos del sur hasta que eso ocurra, el euro puede ser salvado y el
crecimiento se reanudará. Pero ¿Cuánto tiempo puede transcurrir en este
proceso? Mundell no lo dice.
Allan Meltzer está en absoluto desacuerdo con su colega Robert
Mundell. Para Meltzer, el problema principal no es el gasto sino la
competitividad. Meltzer señala que ha habido un descenso importante de
la competitividad en los países periféricos y que esto es un claro y directo legado del euro.
"La zona euro no es realmente la unión que Mundell pensó que sería –
dice Meltzer - "Grecia y Alemania estaban en mundos muy diferentes antes
de la introducción del euro, y se han quedado ahí. Nadie debió creer la
historia del euro".
Para Meltzer, los banqueros centrales y los políticos han abordado la
crisis del euro de manera equivocada: "Están machacando el problema de
la deuda y eso no es lo que tienen que hacer. El problema mayor es el costo de la producción.
Los países del sur no pueden crecer si los costos de producción en
España o Italia son 30% más altos que en Alemania, como es ahora el
caso".
Para Meltzer, el problema principal es que Mundell pensó en una
convergencia de la productividad - el número de camiones o
semiconductores que un trabajador hace por hora – y esto no sucedió.
La
convergencia se fue en la dirección equivocada: Los salarios aumentaron
más rápido en España, Italia, Irlanda y Grecia que en Alemania. Y fueron
los alemanes y no los españoles o italianos, los que se hicieron más
productivos: de 2000 a 2008, los costes laborales aumentaron un 15% en
Alemania, frente al 30% en Italia, 43% en España y el 49% en Irlanda.
Robert Mundell admitió recientemente este problema y admitió que el
euro "podría haber dado lugar a una convergencia demasiado rápida de los
salarios entre áreas donde la productividad era desigual"
¿Por qué los salarios aumentaron y desafiaron las predicciones de
Mundell? Por los bajos tipos de interés que pusieron montañas de dinero
al alcance de irlandeses o españoles. Estos países sabían que no podían
aumentar su productividad pero pidieron prestado enormes sumas de
dinero a tasas de interés irresistiblemente bajas.
Esto generó un boom
del consumo que impulsó la burbuja inmobiliaria y el gasto vía tarjetas
de crédito sin que ningún banquero central detectara la anomalía. Ni el
Banco Central de España, Italia o el Banco Central de toda Europa supo
ver el peligro que implicaba el torrente de dinero barato.
El enorme flujo del dinero barato -gentileza del euro- permitió
realizar aumentos salariales en empresas ineficientes que ayudaron a
demoler aún más la productividad.
Para Meltzer la situación actual no tiene salida y el euro debe
escindirse en dos: un euro duro para Alemania y un euro suave para los
países de la periferia (Irlanda, Portugal, España, Francia, Italia,
Grecia)
La existencia de un “euro suave”, permitiría a los países de la
periferia mejorar la competitividad… y crecer. Sólo en el período de
crecimiento es posible hacer reformas. Y si hacen las reformas
necesarias, los países del “euro suave” podrán volver a unirse al “euro
duro”.
La idea de Meltzer sin duda que tiene más fuerza que la de Mundell, y por eso está siendo considerada por Alemania.
El eje del problema es la competitividad y la falta de ésta es lo que
llevó a Europa a un insólito problema de deuda soberana nunca visto en
las décadas anteriores al estallido de la crisis.
Las “devaluaciones
competitivas” que aplicaban Italia, Portugal o España antes del euro y
que eran considerados un signo de debilidad, se reconocen ahora como una
de las principales fortalezas. Recuperar la facultad para devaluar la
moneda puede ser el primer paso para superar el actual estancamiento
económico que tiene a Europa al borde de la tercera recesión en seis
años." (Marco Antonio Moreno, El blog salmón, 25/11/2014)
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