8.12.14

El mundo sufre un problema estructural de debilidad crónica de la demanda. Penalizar el ahorro, impulsar el gasto y banca pública: la solución

"Tratamientos radicales para enfermedades económicas inusuales". Así de claro titula Martin Wolf, el columnista más importante del Financial Times, su último artículo, en el que propone alternativas más allá de continuar con el desapalancamiento para acabar con el principal problema económico global, la debilidad de la demanda. Y son propuestas heterodoxas: recuperar el monopolio de la creación de dinero para financiar déficits y penalizar el ahorro para impulsar la demanda.

Wolf cree que estas medidas poco ortodoxas son necesarias para que EEUU, la Eurozona, Japón y Reino Unido consigan superar la principal enfermedad que ha dejado la crisis, el síndrome de deficiencia crónica de la demanda, como lo define. Básicamente, que el sector privado no gasta lo suficiente para 'tirar' de la economía sin el doping de una política monetaria ultralaxa, enormes déficits estatales o ambos a la vez.

Este economista explica la situación utilizando la metáfora del ataque al corazón. Como este, las crisis financieras tienen efectos secundarios, pero el papel del doctor económico no es preocuparse por el estilo de vida del paciente, sino mantenerlo con vida.

Tras superarlo, habrá que lidiar con esos efectos, que se podrían resumir en tres: daños en el propio sistema financiero, pérdida de confianza en el futuro y una deuda difícilmente pagable.

Estos efectos han provocado lo que el economista Richard Koo denominó recesión de balance: un periodo en el que el objetivo principal es devolver la deuda. Por ello, las políticas post-crisis deben compensar o faciltar que el sector privado reduzca su endeudamiento. 

Como complemento de esto, va ganando fuerza la idea de la reestructuración de la deuda (como propuso su colega Wolfgang Munchau también en el FT), tanto privada como pública. (...)

¿Y en qué se concretaría esto? Por un lado, se podrían tener déficit fiscales, aún a riesgo de que la deuda pública siguiera creciendo. En este sentido, se puede ir todavía más allá y hacer que los bancos centrales financiaran directamente estos déficits, como propone Adair Turner, ex presidente de la FSA británica (regulador financiero). 

Esto implica la nacionalización de la creación del dinero, algo que actualmente está en manos de la banca. De este modo se estimularía la demanda más directamente, en lugar de confiar en las entidades financieras para imprimir indirectamente.

La alternativa a esta solución sería ir directamente al origen de la debilidad estructural de la demanda. Esto implicaría que se redistribuyeran los ingresos desde los ahorradores hacia los gastadores. Y también debería promoverse el gasto privado. 

Por ello, por ejemplo Japón, en lugar de subir el IVA, tendría que haber subido los impuestos al ahorro, aunque ello viole el prejuicio de que el propio ahorro es valioso. "En un mundo sufriendo del síndrome de deficiencia de la manda, no lo es. El ahorro improductivo debe ser desalentado". 

Más allá de los problemas de la demanda, también existe la posibilidad de problemas estructurales en la oferta. La solución por este lado es fomentar el empleo, la inversión y la innovación, según Wolf. Pero las políticas que se adopten para impulsarlos no deben al mismo tiempo deprimir la demanda. (...)"              (El Economista, 26/11/2014)

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